La muerte del robot viajero

La historia de una adorable máquina trotamundos que fue desmembrada
En un oscuro callejón de la ciudad estadounidense de Filadelfia se encontró un cuerpo desmembrado. Los brazos por una parte, el torso y la piernas por otro. La cabeza no se localizó en ninguna parte.

De esta forma violenta terminó ayer el viaje por Estados Unidos de HitchBOT, un robot que recorría las rutas "a dedo", como parte de un experimento social para determinar si las máquinas pueden confiar en los humanos, y viceversa. El pequeño robot fue destrozado por desconocidos que redujeron drásticamente un viaje que comenzó el 17 de julio en Salem, Massachusetts, y finalizaría en San Francisco.

"Mi cuerpo fue dañado, pero seguiré vivo a través de mis amigos", tuiteó la cuenta oficial de HitchBOT. El robot fue creado por dos científicos canadienses, David Smith y Frauke Zeller, aunque su "familia" abarca también a otros ocho colaboradores. "A veces le pasan cosas malas a los robots buenos", agregó la máquina.

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Brigitte Dreger-Smylie, coordinadora del proyecto HitchBOT, explicó a El Observador que la creación de este proyecto surgió de un interés por crear "robots culturales", máquinas que insertas en situaciones en las que nadie esperaría encontrar a un androide y ver cómo las personas responden.

Analizar la relación de los humanos con la tecnología inteligente, la empatía, la buena voluntad, la cooperación, la colaboración con extraños, la seguridad pública y el espíritu aventurero son todos los objetivos que buscaba cumplir el HitchBOT en sus viajes. Dreger-Smylie establece que se buscaba revertir la pregunta clásica: "¿Pueden los humanos confiar en las máquinas", e invertirla.

Para responder esta pregunta, el pequeño robot viajó como mochilero entre julio y agosto de 2014 por Canadá, de este a oeste, recorriendo 10 mil kilómetros gracias a la colaboración de 19 conductores. En febrero de este año recorrió Alemania y en junio pasó algunos días en Holanda.

Aventuras robóticas


En sus dos semanas recorriendo Estados Unidos, ya había visitado sitios ilustres de ciudades como Nueva York o Boston. En las cuentas oficiales de Twitter, Facebook e Instagram del proyecto se puede ver al robot en Times Square o asistiendo a un partido de béisbol.

En su tierra natal visitó rituales indígenas, asistió a una boda en la cima de una montaña, bailó el Harlem Shake y voló sobre la ciudad de Vancouver en un hidroavión. En Alemania viajó en el canasto de una bicicleta y participó en el carnaval de Colonia.

Se buscaba revertir la pregunta clásica: "¿Pueden los humanos confiar en las máquinas", e invertirla

Para interactuar con los humanos que lo llevaron en su viaje, el HtchBOT disponía de la capacidad de comprender cuando alguien se dirigiera a él (aunque con limitaciones), además de poder hablar para expresarse. A su vez, poseía una cámara con la que tomó fotos y videos de sus recorridos, y un rostro LED con expresiones faciales que también mostraba texto.

Como pasajero, el HitchBOT contaba al conductor de turno cuál era su destino, como se sentía con respecto al viaje y generaba charlas sobre temas populares como la serie Game of Thrones.

El trágico final del robot entristeció al equipo responsable, aunque Dreger-Smylie reconoció que sabían que podía suceder. Pero igual el proyecto sigue adelante con otros robots como el KulturBOT, que recorre distintos museos de arte del mundo. A su vez, se preparan otras experiencias que se darán a conocer en los próximos días.

"El objetivo inicial del proyecto era responder la pregunta, ¿pueden los robots confiar en los humanos? En su mayor parte, vimos que sí", resumió Dreger-Smylie, quien aseguró que, a pesar del acto vandálico al que fue sometido HitchBOT, la "familia" detrás puede aprender algo de todo esto y seguir explorando "nuevas aventuras para robots y humanos".