La locura de unos ingenieros uruguayos

La IBM-360/44, comprada en 1968, era grande como un ropero y tuvo dos méritos: fue la primera máquina de alto rendimiento del país y permitió la formación de los noveles programadores
"Universidad comprará un cerebro”. “Revolución tecnológica: llaman a instalación de computadoras”. “La era del papel perforado llegó también para la Universidad”. Estos fueron algunos titulares de la prensa de diciembre de 1968, cuando la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República (Udelar) cometió “una locura”: compró la primera computadora de alto rendimiento del país y germinó lo que más tarde se convertiría en una industria exportadora de software por US$?300 millones al año.

“En términos de poder total, la comparación entre mi laptop y la IBM-360 modelo 44 es sobre factores de mil o más: la cantidad de memoria, la velocidad, la capacidad del disco. El costo es mil veces menos”, explicó Gastón Gonnet, exdocente de lo que se llamaba Centro de Cómputos (donde se impartía la carrera de Computador Universitario creada en 1967) y que más tarde fue el Instituto de Computación (INCO) y reconocido como doctor honoris causa en 2013.
En términos de poder total, la comparación entre mi laptop y la IBM-360/44 es sobre factores de mil o más: la cantidad de memoria, la velocidad, la capacidad del disco. El costo es mil veces menos", explicó Gastón Gonnet, exdocente del Centro de Cómputos de la Facultad de Ingeniería

Pero Gonnet se quedó corto. Ese armatoste de última generación tenía 128 kilobytes de memoria RAM; esto es 32.768 veces menos que una computadora actual de 4 gigas. Y su precio, por ejemplo, fue de US$?400 mil, equivalentes a más de US$?3,5 millones a valores actuales. Su cerebro (el CPU), la memoria principal y la unidad de discos componían una especie de “ropero” de 2 metros de largo por 0,80 de frente y 1,70 metros de alto, según descripciones de la época recogidas por Juan José Cabezas, exdirector del INCO en La increíble historia del Instituto de Computación.

La IBM-360/44 fue instalada en el quinto piso de la facultad, en una sala construida y habilitada para ese fin según las especificaciones de la empresa y con la colaboración de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Otro dato: la temperatura “normal” en la parte superior era de 52 grados, por lo que la sala también fue pionera en el uso de aire acondicionado.

La velocidad de la máquina se evidenciaba en que los cálculos podían ser manejados en microsegundos. Su tasa de transferencia era de 90 mil caracteres por segundo.

Gonnet no dudó en calificarla como “poderosa” y, por algunas semanas, fue la “más poderosa” de América del Sur. El título se lo arrebataron rápidamente las máquinas del Centro de Energía Atómica de Argentina y de un instituto de Porto Alegre.

La serie 360 de IBM fue la primera en ser producida en masa y en incluir un sistema operativo accesible para cualquier usuario, aunque estuviese diseñada únicamente para el cálculo numérico y la computación científica. Hacia fines de la década de 1960, en el país existían otros dos miembros de esta familia tecnológica para hacer transacciones contables: el modelo 40 del Banco Comercial y el modelo 1401 del Banco República, que operaban con 8 y 12 kilobytes de memoria, respectivamente. Antes de la 360/44, IBM le prestaba a la Udelar un equipo 1401 para simular modelos e incluso se viajaba al Instituto de Cálculo de la Universidad de Buenos Aires para utilizar a Clementina, su computadora científica.

Datos, censo y El Danubio azul


Una tarea que se le encomendó al INCO y a la IBM-360/44 fue el procesamiento de los datos del Censo de Población y Vivienda que se había realizado en 1963. “Tuvimos que hacer un trabajo al límite”, recordó Gonnet. La computadora estaba diseñada para el cálculo científico y no tenía almacenamiento suficiente para ese volumen de datos.

Lo que se hizo fue lo siguiente: se escribieron los programas en Fortran y se perforaron 3 millones de tarjetas para ingresar cada línea de código; la computadora no tenía pantalla. La oficina de Estadísticas y Censos les había entregado un margen de error “pequeño” pero los operadores de la IBM-360/44 advirtieron que era más alto y “se rompieron los programas”. El proceso terminó entre 1971 y 1972, casi encima del inicio del censo siguiente.

Con la máquina también se procesaron los modelos de optimización del sistema hidroeléctrico de la cuenca del río Negro y hasta se liquidaron los sueldos del Casmu.
Permitió que se formara una generación de estudiantes y de docentes. Hoy no es una coincidencia que el país esté exportando software. Es porque algo se creó en ese momento", apuntó Gonnet

La impresora que acompañaba la computadora es otra historia. El equipo del INCO había descubierto que, si se ingresaba cierta secuencia de caracteres, el aparato producía una “onda” que podía ser “más o menos aguda” y, por lo tanto, simular una nota musical cuando golpeaba la cadena sinfín de caracteres. Un colega de Gonnet, Luis Alberto Giribaldo, había escrito un programa por el que la impresora tocaba el himno nacional o El Danubio azul, de Johan Strauss. Otro divertimento –también de Giribaldo– era la impresión de fotos a partir de caracteres, dado que todavía no se disponía de un escáner. “Sobreimprimía caracteres para hacerlos más negritos y utilizaba puntos y comas para los caracteres más livianos para darle un toque de gris. Si sabías la composición digital de una foto, entonces, con mucho trabajo, podías dibujar una Giaconda”, relató Gonnet. Giribaldo también logró hacer el retrato de José Gervasio Artigas y del vietnamita Ho Chi Minh.

La IBM-360/44 funcionó hasta 1984, cuando fue sustituida por la IBM 370, la que dos años después fue reemplazada por una IBM 4341, el último dinosaurio antes de las PC. Gonnet no dudó en afirmar que, aun con sus limitaciones, “permitió que se formara una generación de estudiantes y de docentes. Hoy no es una coincidencia que el país esté exportando software. Es porque algo se creó en ese momento”.

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