La leyenda uruguaya de Silicon Valley

El bioquímico Alejandro Zaffaroni tenía 91 años cuando murió en California, Estados Unidos, luego de fundar 14 empresas de biotecnología relacionadas, por ejemplo, con el innovador parche de nicotina
Era más conocido como Alex. El uruguayo nacido en Montevideo murió el 1º de marzo en California, donde se asentó y fundó unas 14 empresas de biotecnología. Tenía 91 años cuando murió, por complicaciones de la demencia que padecía. Lo suceden su esposa, dos hijos y dos nietos.

Egresado de la Universidad de la República en 1945, Zaffaroni obtuvo una beca Fulbright y fue aceptado en la Universidad de Harvard y en la de Rochester. Prefirió esta última por la libertad que le permitía y en 1949 obtuvo su doctorado sobre cómo sintetizar, aislar y medir los corticoides, que en esa época estaban por convertirse en “la nueva droga maravilla”, explica Forbes.

Según dijo alguna vez, fue la muerte temprana de sus padres (antes de cumplir 18 años) lo que lo llevó a abandonar Uruguay y abrirse camino en el exterior. Antes de convertirse en leyenda de Silicon Valley, trabajó en la empresa Syntex, en México, conocida sobre todo por sus avances en la pastilla anticonceptiva. Fue él quien mudó la empresa a Palo Alto y trabajó para hacerla multinacional. Fue allí, también, donde comenzó a fundar y cofundar empresas, o a apoyar emprendimientos de biotecnología.

Las que más destacan de la lista son Alexza y Alza (combinaciones de su nombre y apellido), ambas enfocadas al desarrollo de formas alternativas de hacer llegar las drogas al organismo, como el innovador parche de nicotina. Alza, por su parte, fue comprada por Johnson & Jonson por US$ 10.500 millones.

La mayoría de sus empresas, aunque no siempre exitosas, tuvieron algo en común: se basaban en una idea original. Según contó en una entrevista en el 2000, su inventiva nacía de una chispa que surgía de vez en cuando. “Empiezo a analizar esa chispa”, explicó. Esa chispa le valió varios premios; entre ellos, la Medalla Nacional de Tecnología en 1995, entregada por el presidente Bill Clinton por sus contribuciones a las industrias farmacéutica y biotecnológica.

Pero, además de su talento, Zaffaroni será recordado por su personalidad. Según recoge Forbes, Samuel Colella, uno de los inversionistas de varias de sus compañías, lo describió como “uno de los individuos más amables, generosos y humanos” que conoció.

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