La importancia de llamarse Doom

Hace 20 años se publicaba Doom, el título de disparos en primera persona que generó una verdadera revolución en el concepto de “jugar videojuegos”
En diciembre de 1993 el estudio Id Software, bajo la dirección de John Carmack, presentó Doom. Como juego de disparos en primera persona (first person shooter o FPS) fue uno de los pioneros, pero no dio origen al género. De todos modos, resultó ser el más exitoso de su generación.

La popularidad de Doom no fue mérito de la historia, centrada en un marine espacial destinado a la luna marciana Phobos, donde enfrenta una invasión de monstruos demoníacos. Tampoco se destacó por su jugabilidad, puesto que no se alejaba tanto de otros títulos hermanos o primos como el también legendario Wolfenstein 3D.

Su popularidad se originó en el hecho de permitir al usuario participar más allá de un mero jugador. Doom permitía (y permite) e incluso incentivaba la creación de pantallas o plataformas diseñadas por los propios jugadores.

Disparar a tu mundo


El código fuente de Doom fue lanzado como licencia en 1997 y ya desde entonces distintos jugadores en todo el mundo comenzaron a desarrollar sus expansiones. A partir de 1999 pasó a ser material libre, por lo cual, de manera gratuita, cada persona podía armarse su propia pantalla, con la forma que quisiera, los enemigos que quisiera y el grado de dificultad que quisiera.

La idea de liberar el código era mejorar los distintos problemas que tenían los juegos originales, pero de la mano de los fanáticos, comenzó a mutar. Aparecieron versiones de Doom basadas en fenómenos culturales tan dispares como Star Wars, Los Simpson, Batman, Alien, Terminator, South Park o Los Cazafantasmas.

Pero, más allá de la historia original, los jugadores/desarrolladores empezaron a innovar en las opciones de jugabilidad. El FPS pasó a tener modos de “capturar la bandera” y de “duelo a muerte”, entre otros.

A partir de la expansión de internet, ya no hubo límite y las redes sociales se encargaron de compartir entre los gamers de todos los continentes las distintas innovaciones hechas al juego.

Algunos han visto en esta popularización un lado oscuro. En un principio, el mecanismo era ir matando monstruos por ahí. Luego, con el modo multijugador, pasó a ser dispararle a los compañeros jugadores. La violencia creció y numerosas organizaciones de padres, maestros y demás, comenzaron a elevar sus voces en contra de Doom.

En particular la controversia se disparó en 1999, cuando Eric Harris y Dylan Klebold cometieron la masacre en la escuela Columbine, en Estados Unidos. Ambos asesinos eran ávidos jugadores de Doom y durante un tiempo incluso circuló la versión de que habían recreado la escuela en el juego para poder practicar los asesinatos que luego cometieron.

Lo cierto es que ninguna de estas polémicas detuvo el avance del juego y su popularidad. La posibilidad de crear el mundo donde jugar con completa interactividad llevaron a lanzamientos de nuevas versiones de manera anual prácticamente. Como suele suceder, el fenómeno del mundo de los videojuegos se expandió a otro arte.

Doom, la película


Entre la camada de adaptaciones cinematográficas de videojuegos (Silent Hill, Resident Evil) que se han ido realizando en lo que va del siglo XXI, Doom tuvo su posibilidad en 2005 con una película homónima.

Dirigida por el polaco Andrzej Bartkowiak y protagonizada por Dwayne "The Rock"  Johnson y Karl Urban, la película reconstruía de forma más o menos libre el argumento del juego original. Incluso se permitía algunos homenajes directos, como bautizar a uno de sus personajes Dr. Carmack, como el creador de Doom, o brindar un momento FPS en plena película.

La crítica la destrozó y la audiencia la ignoró a pesar de tratarse de una película lo bastante entretenida como para ser un decente film de acción para pasar el rato. Aunque, claro, la adaptación no pudo incorporar el principal atractivo del juego: la opción de “hágalo usted mismo”.

En sí mismo, Doom propone la posibilidad de trasegar con computadoras a los ladrillos Lego, permite diseñar un videojuego a aquel que carece del conocimiento o la posibilidad de hacerlo. Consigue que el jugador deje de ser un consumidor pasivo y se convierta en un hacedor de aquello mismo que consume con avidez.

No especialmente destacado por los diseñadores y desarrolladores formales de videojuegos, Doom es sin embargo un favorito de los gamers. Es comprensible: al margen de la parafernalia de violencia y satanismo que incluye su argumento, es una posibilidad de libertad creativa, de generar el universo propio con todo lo que eso implica. Aunque sea para descargar escopetazos sobre demonios salidos de un portal.

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