La huella genética en la medicina forense

Los análisis de ADN permitieron identificar a sospechosos y revolucionaron esta ciencia. Sin embargo, ¿confiamos demasiado en estas pruebas hoy en día?
A donde vayamos no podemos evitar dejar nuestra huella genética. En la medicina forense, esta se utiliza para identificar a sospechosos con muestras de sangre, cabello, saliva o semen.

Hace 30 años, en 1984, el británico Alec Jeffreys descubrió la huella genética. Un año más tarde, esta técnica se aplicó por primera vez en la medicina forense. En el primer caso, el análisis de ADN no sirvió para esclarecer un asesinato, sino para comprobar los lazos familiares de un niño inmigrante en Gran Bretaña y evitar que éste fuera expulsado del país. Después también se usó para esclarecer casos de asesinato y violación. Además, se pudo identificar a culpables de crímenes antiguos.

¿Culpable o inocente?


Para distinguir a dos individuos se analiza la repetición de secuencias de ADN altamente variables. Estas se llaman minisatélites o satélites. Los minisatélites se pueden asignar de forma precisa a cada persona. Sin embargo, Alec Jeffreys asegura que el ADN en sí no basta para identificar a un sospechoso:

"Siempre se debe tener en cuenta el contexto. Si, por ejemplo, yo le doy la mano a alguien, dejo mi ADN en esa persona. Y si después esa persona se encuentra en una escena del crimen, dejará mi ADN allí, aunque nunca me haya acercado a ese lugar. El ADN no nos dice si alguien es culpable o inocente, simplemente nos dice con gran precisión de qué persona proviene una muestra".

La decisión final la toma el tribual. Sin embargo, no es fácil determinar con el método de la huella genética si alguien es culpable o no, dice Allen Jamieson, exdirector del laboratorio escocés de medicina forense:

"Que las huellas en una pistola coincidan con un sospechoso, no quiere decir que éste haya disparado. Hay muchas posibilidades de cómo pueden haber llegado a la pistola. Tomemos como ejemplo una herida de navaja de nueve centímetros: el patólogo podría decir que la herida coincide con una navaja de nueve centímetros. Sin embargo, también podría haber sido causada por una navaja más larga que no penetró completamente en el cuerpo".

50 millones de pruebas


Con ayuda del análisis de ADN, se han podido reabrir antiguos casos criminales, absolviendo a personas inocentes. El tejano Michael Morton, por ejemplo, había sido condenado a cadena perpetua en 1987 por violar y asesinar a su esposa. Gracias a la presión de la iniciativa Proyecto Inocencia su caso fue reabierto en 2010 y se llevó a cabo un análisis de ADN. En 2011, después de 25 años en la cárcel, Morton fue declarado inocente y liberado.

El bioquímico Alec Jeffreys estima que en las últimas tres décadas la huella genética ha cambiado la vida de cerca de 50 millones de personas. Este es el número aproximado de pruebas que se han llevado a cabo, y detrás de cada prueba se esconde un drama humano.

 

Vía DW en español.

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