La huella del ser humano en la Antártida

Un investigador de Facultad de Ciencias busca en los sedimentos de lagos de la Isla Rey Jorge la historia de cómo han impactado los humanos en ese ecosistema


Salida a colectar muestras al lago Uruguay, al lado de la base uruguaya en la Isla Rey Jorge, la Antártida

 

En esta época del año la superficie del lago Uruguay, a metros de la base uruguaya en la Antártida, está congelada. Pero no es de fiar. El grupo de investigadores camina con cuidado, guiándose por los caños por donde pasa el agua dulce que en la base se encargan de tratar, y que luego sale por las canillas de la cocina y los baños. Cuando llegan casi a la mitad del lago –que en apariencia no es más que una continuación del paisaje nevado– Dermot Antoniades hace la primera perforación. Con un instrumento en forma de espiral traspasa la capa blanca y con bastante esfuerzo rompe el hielo y llega hasta el agua. Es entonces cuando el científico de la Facultad de Ciencias de Udelar (Fcien) sentencia que la capa de hielo tiene más de un metro y que no hay riesgo de caminar sobre él. Así, el grupo sigue adentrándose a pie en el lago, en busca de un lugar donde hacer una segunda perforación y extraer lo que vienen a buscar.

Así comenzó la primera salida de un grupo de científicos para recoger muestras del fondo del lago, aunque para distintas investigaciones. Por su parte, dos investigadoras del Instituto Clemente Estable buscaban en el agua unas bacterias que degradan nitrógeno, mientras que Antoniades, doctor en Geología de la sección de Limnología de Fcien, iba en busca de lo más profundo del lago: los sedimentos. Para eso, el científico sumergió un tubo atado a una cuerda a unos 20 metros de profundidad. Cuando la sacó a la superficie y vació el agua quedó en el tubo un montón de sedimentos que podrían ser capaces de contar la historia del ecosistema.
Estoy trabajando para ver los cambios naturales que ha habido en los lagos en el último siglo, y en particular para ver si se pueden observar cambios bióticos o bioquímicos que se puedan atribuir a la presencia de las bases de la península", dijo Antoniades

Este sería el primero de los tantos lagos que el geólogo perforaría en su estadía en la Isla Rey Jorge, donde se encuentra la Base Científica Antártica Artigas, adonde llegó a mediados de diciembre como parte de la primera expedición del verano antártico 2013-2014.

Luego de obtener un fondo concursable del Instituto Antártico Uruguayo (IAU) para financiar la logística de su viaje, Antoniades viajó a la Antártida (por cuarta vez) con un objetivo muy concreto: llevarse consigo muestras del fondo de algunos lagos para luego analizar en Montevideo. Es que en los sedimentos podría hallarse la clave para comprender el impacto ambiental que los seres humanos están teniendo en el continente blanco desde su llegada hace unos 150 años.

"Estoy trabajando para ver los cambios naturales que ha habido en los lagos en el último siglo, y en particular para ver si se pueden observar cambios bióticos o bioquímicos que se puedan atribuir a la presencia de las bases de la península", contó desde la base uruguaya Antoniades, quien además es paleolimnólogo. Es decir, estudia el pasado de las aguas dulces, como ríos y lagos, a través de los sedimentos que se hallan en el fondo. De hecho, la otra línea de investigación en la que trabaja Antoniades, quien es canadiense y vive en Uruguay desde hace casi cinco años, también se centra en el pasado de otra isla antártica, la Livingston. Allí, estudia para reconstruir la historia climática desde el retroceso glaciar, así como los cambios en el paisaje y la evolución de los lagos, explicó.

Área clave


Estas muestras, que ya están en Montevideo para ser analizadas, son las primeras de una investigación que recién comienza.  También es la primera de este tipo en ser coordinada por el IAU. Sin embargo, los resultados que arroje en el futuro serán de gran importancia.

Según explicó el científico, la Antártida es una de las dos regiones del mundo que se ha visto más afectada por el calentamiento global en los últimos 50 año. "Por eso es un área clave para entender los efectos y los procesos que tienen que ver con este fenómeno", dijo, y agregó que "es importante porque la pregunta siempre es si los cambios que estamos viendo ahora son parte de ciclos naturales o si son algo fuera de lo normal". De acuerdo al investigador, existen registros meteorológicos de unos 200 años pero no más de eso, y es ahí cuando los paleoestudios cobran importancia. Por ejemplo, cerca del glaciar Collins hay lagos que pueden llegar a tener desde algunas décadas, hasta 8 o 9 mil años.

Algas que hablan


En los sedimentos, el investigador buscará, por ejemplo, diatomeas, un grupo de algas muy común que se usa en estudios de biomonitoreo. Estas llevan 60 millones de años de evolución y existen miles de especies, todas muy sensibles a los cambios ambientales, por lo que pueden reflejar esos cambios, al reducirse o aumentar su cantidad dentro de una comunidad. Además, como las paredes celulares de estas algas son de sílice, cuando mueren básicamente son vidrio, y se conservan muy bien en los sedimentos, explicó Antoniades, que dijo que se puede ver diatomeas de entre 10, 50 o 100 mil años. Así, los científicos pueden hacer un conteo y decir que tal especie era el 20% de la comunidad y después de la llegada de las bases subió al 80%, por ejemplo.

El impacto de la acción humana son cosas que la gente "piensa después", reflexionó Antoniades: "Nadie llegó acá pensando en cómo íbamos a impactar en el ambiente en el futuro”.  El problema es igual a lo que pasa con el cambio climático, y es que nadie tomó mediciones cuando llegó a la región. "No hay datos del estado natural, prehumano, por lo que se supone que hay efectos. Hay cosas que se pueden ver, como las huellas del carrier (un vehículo para desplazarse sobre la nieve), pero de los estados de los ecosistemas no se sabe nada", explicó el geólogo.

Promover el continente blanco


El próximo paso será estudiar las muestras. Para eso, Antoniades repartirá la tarea con colegas en Chile y España. También buscará un estudiante que quiera hacer su postgrado al respecto, y financiación para pagar los análisis, contó el científico canadiense.

"Dentro de mi unidad estamos tratando promover la idea de que es posible tener una carrera en estudios de este tipo", dijo Antoniades, quien siempre tuvo el interés de trabajar en las regiones polares (también ha investigado en el Ártico). Consciente de que investigar en la Antártida "es muy caro", y que todavía no existen fondo específicos para eso, el científico espera que en el futuro los estudiantes sepan que la Antártida también es una opción al momento de elegir sus líneas de investigación, algo que se intentará promover con la Escuela de Introducción a la Investigación Científica Antártica que se inaugurará en la Base Artigas, que Antoniades ve como una "oportunidad muy especial".
Dentro de mi unidad estamos tratando promover la idea de que es posible tener una carrera en estudios de este tipo", dijo Antoniades

También es consciente de que el estado del tiempo puede llegar a "hundir una investigación" si no se dan las condiciones para salir a muestrear, la única semana del año en la que seguramente los investigadores puedan viajar, siempre en verano. En este sentido, el coordinador científico y representante del Ministerio de Educación y Cultura en el Instituto Antártico, Juan Abdala, dijo que esta última misión fue "un éxito, porque se pudo cumplir con todos los objetivos científicos". Destacó además el caso de Antoniades, ya que si bien nunca se había hecho un muestreo de este tipo se pudo hacer muy bien.

De hecho, en cinco días y luego de pasar bastante frío (sobre todo luego de que una pierna le quedara totalmente sumergida en el agua helada, en uno de los muestreos), Antoniades obtuvo casi todas las muestras que había ido a buscar. Las mantuvo refrigeradas hasta el último momento antes de subirse al Hércules y se las trajo consigo a Montevideo, donde, desde el laboratorio, empezará a descifrar las respuestas que el fondo de los lagos esconden hace años.

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