La felicidad le puede romper el corazón

Los eventos negativos no son los únicos que pueden causar el síndrome de Takotsubo

La tristeza puede pesar sobre uno muy fuerte, y a veces un evento particularmente estresante o triste puede disparar lo que se conoce como el "síndrome del corazón roto".

Bajo esta condición, también conocida como el síndrome de Takotsubo (TTS) o cardiomiopatía por estrés, los músculos del corazón se debilitan severa y rápidamente. Esta dolencia temporal causa dolor severo en el pecho y puede llevar a consecuencias que alteran la vida, como ataques al corazón e incluso la muerte.

Pero no son solo los momentos terribles que pueden causar este síndrome; las ocasiones felices y alegres también pueden disparar el síndrome del corazón roto, de acuerdo con un estudio publicado el jueves en la revista European Heart Journal.

Un corazón roto lo puede matar, pero también lo puede hacer uno feliz.

Los investigadores analizaron datos del registro internacional de TTS en el Hospital Universidad de Zurich en Suiza y prestaron atención a 485 pacientes de nueve países que mostraron disparadores específicos para el síndrome.

La vasta mayoría –465, o 96%– tuvo el síndrome de corazón roto a partir de una situación triste o estresante. Eso incluyó la muerte de un ser amado, un accidente, haber ido a un funeral, preocupaciones sobre enfermedades y problemas de relaciones.

Pero unas 20 personas adicionales del estudio (4% del grupo) tuvo el síndrome disparado por una ocasión alegre, como fiestas de cumpleaños, casamientos, el nacimiento de un nieto e incluso la victoria de un equipo favorito. Los investigadores los catalogaron como casos de "corazones felices".

Ahora, ese es un número relativamente pequeño. La tristeza todavía causa más corazones rotos que la alegría, y el estrés de largo plazo también es malo para su salud. El estrés tiene un vínculo directo con la salud cardiovascular (aunque estudios recientes han puesto en duda el impacto directo de la infelicidad en la mortalidad).

Pero los investigadores de este nuevo estudio dicen que sus hallazgos "amplían el espectro clínico" del síndrome, y que los médicos deberían ser conscientes de esto al tratar pacientes con síntomas.

"Hemos demostrado que los disparadores para el corazón roto pueden ser más variados que lo que se pensaba anteriormente", dijo la autora del estudio, la cardióloga del Hospital Universidad de Zúrich Jelena Ghardi, en un comunicado. "Un paciente de TTS ya no es más el clásico paciente de corazón roto, y la enfermedad puede ser precedida por emociones positivas, también".

Mientras que los síntomas de TTS son similares a los de un ataque al corazón –dolor en el pecho, falta de aliento, presión sanguínea baja– el TTS es muy diferente a los ataques al corazón, la mayoría de los cuales son causados por bloqueos y coágulos en las arterias coronarias.

La mayoría de los pacientes de TTS no tienen bloqueos severos y tienen arterias coronarias normales. Sus células del corazón son "sorprendidas" por las hormonas del estrés. El corazón toma una forma inusual, en forma de recipiente, mientras que una parte de él se agranda y no bombea bien la sangre. Pero el resto del corazón funciona normalmente o con más fuerza.

El síndrome del corazón roto afecta más comúnmente a mujeres de cerca de 60 años.

El mecanismo exacto que funciona cuando eventos tristes o felices disparan el síndrome todavía no son muy conocidos. Se precisa más investigación en esta área, dijo el autor Christian Templin, un cardiólogo en el Hospital Universidad de Zúrich en un comunicado.

"Creemos que el TTS es un ejemplo clásico de un mecanismo entrelazado de retroalimentación, que envuelve los estímulos psicológicos y/o físicos, el cerebro y el sistema cardiovascular", dijo Templin. "Tal vez tanto los eventos felices como tristes, si bien inherentemente diferentes, comparten un camino común en la salida del sistema nervioso", que pueden llevar al síndrome del corazón.

La felicidad y la tristeza podrían compartir el mismo camino, pero esta no es una idea totalmente nueva. Por siglos, artistas y poetas han reflexionado el vínculo enmarañado entre estas dos fuerzas aparentemente opuestas.



Fuente: Elahe Izadi - The Washington Post