La fama del domador de fotones

El científico francés Serge Haroche, de visita en Piriápolis para el congreso de Óptica Cuántica, disfruta y sufre su repentina notoriedad tras ganar el Nobel de Física 2012


Serge Haroche había sido invitado al congreso de Óptica Cuántica en Uruguay antes de que ganara el Nobel de Física y el científico decidió mantener los compromisos asumidos, pero debió cambiar el tema de la conferencia que dará hoy. Estaba previsto que versara sobre un tema muy específico y muy técnico (“The quantum feedback”), pero ahora todos esperan que haga una breve historia del trabajo que le valíó el premio, que cuente algo inspirador para sus colegas y eso es lo que hará esta tarde.

La rutina del francés Haroche cambió de forma radical. Las invitaciones post Nobel arrecian y desde el gobierno de Francia quieren saber por qué le dieron el premio, qué es lo que hizo, cómo se puede aplicar.

De pronto, el investigador debió salir de las cavernas donde intentaba acorralar a las más esquivas e infinitesimales manifestaciones de la materia y convertirse en un divulgador científico.
Pensaba que era una posibilidad (ganar el Nobel). Aunque siempre traté de dejar esos razonamientos de lado, porque es, obviamente, muy estresante. (...) Mi hijo, que es médico, cada año que pasaba me decía en broma: '¿Qué pasó? ¿Otra vez te ignoraron?'. Y bueno, ahora ya se acabaron esas bromas", contó Serge Haroche

En una conversación de 20 minutos en el Argentino Hotel, Haroche habló con El Observador sobre fotones, premios, política y fama, y sobre cómo se mezcló todo de repente cuando su nombre se asoció para siempre con la palabra Nobel.

“Lo primero que le contesto a un político cuando me pregunta para qué sirve lo que hago es: ‘No sé’. Suelo apelar a una anécdota que me parece muy ilustrativa. En el siglo XIX, Faraday estaba haciendo estudios muy importantes en electricidad. Cuando la reina Victoria le preguntó para qué servía, el científico le dijo: ‘Algún día usted va a poder ponerle impuestos’. ¡Y fue premonitorio”.

Haroche reconoció que no sabe si sus hallazgos en materia de óptica cuántica servirán algún día para engrosar las arcas de los Estados, pero cree que las aplicaciones prácticas provendrán de algún lugar insospechado en cualquier momento: “Así como al principio se pensó que el láser serviría para cortar el metal y después resultó ser el vehículo para transportar información por medio de la fibra óptica, tal vez los descubrimientos sobre cómo manipular átomos y fotones se combinen con otra tecnología y deriven en un cambio esencial de la forma de vivir”.

–¿Cree que vivirá para verlo?

–Tal vez sí, pero no me desvela. Lo importante es hacer entender a los gobiernos la importancia de la investigación en las ciencias básicas. Yo voy a hacer mi parte, ahora que todos quieren escucharme.

–¿Soñaba que iba a ganar el Nobel?

–He pensado al respecto, sí. Pensaba que era una posibilidad. Aunque siempre traté de dejar esos razonamientos de lado, porque es, obviamente, muy estresante. Pero estaba claro que había posibilidades. En el campo en el que trabajo hay muy pocos grupos de científicos que estén a un nivel como para que exista la posibilidad de ganar el premio. Mi hijo, que es médico, cada año que pasaba me decía en broma: “¿Qué pasó? ¿Otra vez te ignoraron?”. Y bueno, ahora ya se acabaron esas bromas.

–¿Y la fama?

–Espero que pase pronto. Por un lado me incomoda el hecho de que el trabajo por el que me premiaron es el trabajo de un grupo, y me separaron a mí, lo que es injusto. Por otro, estoy muy solicitado y tengo que decir más o menos lo mismo una gran cantidad de veces. Son distintas audiencias, pero para mí es muy aburrido.

–Pero todavía no llegó a esa etapa, ¿o sí?

–No, todavía estoy disfrutándolo.

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