La economía es una isla

El nuevo videojuego uruguayo Una isla feliz presenta aspectos económicos mediante un muy entretenido sistema que emula los juegos de estrategia
Al primer golpe de vista, Una isla feliz no se diferencia demasiado de otros juegos de estrategia. Hay un escenario –una isla– con posibilidades de construir estructuras que brindarán diferentes recursos (dinero, cultura, servicios sociales, entre otros); en fin, lo más clásico y directo que todo juego de estrategia ofrece desde hace ya varias décadas.

Sin embargo, hay algo diferente desde que el tutorial o asistente es un viejo bigotudo que aparece con un traje de palito helado invertido y le dice al jugador: "¡Hola! Soy un ex ministro de economía disfrazado de helado palito y estoy acá porque alguien te tenía que ayudar. Claro que sería mejor tener unos tipos como esos del Grand Theft Auto, pero este es un juego financiado por fondos públicos así que no hay mucho presupuesto. Un helado palito es fácil de dibujar y también es más inclusivo".

Inmediatamente, el personaje explica cuál es la amenaza que se cierne sobre la isla: "¡Cuando arranque el juego te van a atacar unos tiburones fumando! Los hicieron fumando para que entiendas que son malos de verdad". No estamos ante un juego de estrategia normal, no señor.

Código oculto: la diversión

Una isla feliz fue realizado en el marco del proyecto de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) para la "Popularización de la Ciencia y la Tecnología", por dos docentes del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, Rodrigo Ceni y Mauricio de Rosa. El videojuego consiguió el apoyo, además, de Cepal, República AFAP, Universidad de la República y de Trojan Chicken Game Studio.

La consigna de Ceni y de de Rosa fue alejarse del preconcepto de que la economía es algo aburrido. Su apuesta fue presentarla entonces bajo otro código, uno accesible a todo el mundo.

El juego es sencillo: el jugador debe administrar una isla que se encuentra bajo ataque de los tiburones fumadores. Para pasar de nivel (el juego cuenta por el momento con tres niveles de creciente dificultad) tiene que incrementar la felicidad de su población. Para lograr esto se deben tener en cuenta varios factores: conseguir recursos mediante la recaudación de impuestos, no pautar esa recaudación en valores tan altos que terminen por afectar la felicidad en cuestión, realizar inversiones públicas que brinden servicios sociales y aumenten a sí mismo dicha felicidad y –más adelante en el juego– apelar a la emisión de papel moneda o ingresar en el mundo de los préstamos bancarios para seguir creciendo. Y, evidentemente, evitar que los tiburones fumadores destruyan todo; claro está.
Si la descripción anterior da una idea equivocada, hay que aclararlo desde ya: Una isla feliz es un juego muy entretenido.

A medida que complejiza su grado de dificultad –y el jugador tiene que empezar a tomar en cuenta las relaciones que hay entre el Producto Bruto Interno, el gasto público, el desempleo, la emisión de moneda y la inflación– se va volviendo más y más atrapante y en ningún momento la parte económica (por definirla así de simple) se come la jugabilidad o el entretenimiento.

Cuánto saca cada jugador de las enseñanzas que predica el videojuego ya es un concepto más difícil de determinar. Seguramente habrá quienes presten más atención a todos los aspectos y valores –y aprendan en ese proceso–, mientras que otros harán de manera intuitiva las construcciones y defensas para poder ir superando los distintos niveles. No es muy distinto tampoco a lo que pasa con casi todos los juegos de estrategia.

Uruguayo por donde se lo mire

El juego se encuentra gratis y online en unaislafeliz.uy y puede jugarse sin registro alguno. Es una propuesta diferente, interesante y entretenida. Un juego donde los fanáticos de la estrategia van a encontrar aspectos distintos a lo que están acostumbrados, no solo por la posible enseñanza económica sino también por su diseño original y sus particularidades bien uruguayas. Es, hasta el momento, el primer y único juego que quien suscribe conoce que al momento de perder le diga al jugador: "¡Perdiste zapallo!". Ya por eso, merece toda la atención posible.


Acerca del autor

Rodolfo Santullo