La comida orgánica te puede hacer mal a vos y al medio ambiente

A pesar de la creencia popular, estos alimentos pueden generar mayor contaminación y contener más tóxicos que los producidos por métodos convencionales
Comprar comida orgánica es un ejercicio de virtud personal: pagás más para consumir algo que es más sano para vos y menos perjudicial para el medio ambiente, porque son productos que crecen sin químicos artificiales ni tóxicos.

Esta poderosa concepción, basada más en creencias que en hechos, permite entender por qué la demanda por productos orgánicos ha crecido tanto. Sus ventas se han más que triplicado en la última década, superando los US$ 30 mil millones por año, mientras que las ventas de productos alimenticios convencionales se han mantenido en un crecimiento anual del 2%.

Solo existe un gran problema con esta tendencia: ninguno de los principales supuestos que empujan el crecimiento de las plantaciones orgánicas se basan en datos científicos. De hecho, está probado que las granjas orgánicas producen tanta o más contaminación que las convencionales y que los productos orgánicos pueden contener más toxinas que otros alimentos.

Contaminar el ambiente


Como todas las granjas, aquellas que plantan productos orgánicos también se basan en fertilizantes. La diferencia es que en este último caso, los agricultores suelen utilizar estiércol animal en vez de productos químicos derivados del petróleo o minerales.

Un estudio realizado en invernaderos de Israel demostró que el uso de estiércol hace que más nitrógeno se filtre en las aguas subterráneas, en comparación con el uso de fertilizantes convencionales. La contaminación de nitrógeno, destaca la investigación, es una de las principales razones del cierre de pozos de agua potable. Además, el nitrógeno de todo tipo de agricultura es uno de los principales culpables de la proliferación de algas, mortandad de peces y aparición de zonas muertas en cuerpos de agua que van desde pequeños estanques hasta el norte del Golfo de México.

Una investigación mayor, que estudió doce productos agrícolas usados en California, descubrió que en siete casos aquellos que usaban métodos convencionales emitían menos gases de efecto invernadero. La gran diferencia está en que la agricultura convencional tiende a ser más eficiente que la orgánica, es decir que se necesitan menos entradas para generar la misma cantidad de alimento.

Esto lleva a un punto crítico en la agricultura orgánica, tal como fue destacado por una investigación de 2012 que analizó 100 estudios sobre métodos de cultivo en Europa: para obtener la misma cantidad de producción, una granja orgánica tiende a generar más "emisiones de amoniaco, filtraciones de nitrógeno y emisiones de óxido nitroso". Y mientras la agricultura orgánica usa menos energía, también lleva a "mayor uso de tierras, la eutrofización (las zonas muertas mencionadas anteriormente) y la acidificación por unidad producida".

La autora principal del estudio y docente de la Universidad de Oxford, Hanna Tuomisto, dijo: "Mucha gente piensa que la agricultura orgánica ha disminuido el impacto ambiental en comparación con la agricultura convencional, pero la literatura científica nos indica lo contrario. Si bien algunas prácticas de cultivo orgánicas son menos nocivas, la evidencia publicada sugiere que otras son peores para determinados aspectos del medio ambiente. La gente debe darse cuenta que una etiqueta de 'orgánico' no es sinónimo garantido de un producto amigable con el ambiente".

Animales y humanos


La producción animal orgánica también puede provocar problemas. A diferencia de las convencionales, las granjas orgánicas por lo general permiten que los animales anden sueltos. Como es de esperarse, estos  hacen sus necesidades donde la naturaleza les llame. La lluvia, a su vez, arrastra los residuos a arroyos y ríos locales. Por el contrario, las granjas convencionales pueden (aunque no siempre lo hacen) confinar los residuos a áreas cubiertas, lo que evita el barrido de la contaminación.

En cuanto a los beneficios para la salud, la evidencia científica sugiere que no hay diferencia distinguible en el valor nutricional de los productos orgánicos y otros alimentos. Incluso, por el uso de altas concentraciones de estiércol, algunos tipos de cultivos orgánicos en realidad contienen mayores niveles de toxinas. Un estudio realizado en Bélgica descubrió que el trigo cultivado orgánicamente tenía niveles más altos de plomo y cadmio que el plantado de manera convencional. No obstante, los niveles estaban por debajo de los límites tolerables y el procesamiento posterior eliminaba algunos de estos contaminantes.

Entonces, ¿estás preocupado ahora? No deberías. Comprá lo que te gusta comer, ya sea orgánico o no, a menos que estés buscando cuidar tu presupuesto, en cuyo caso la decisión es obvia.

 

Actualización: colocamos los links a los estudios mencionados en la nota original para que los lectores puedan verificar las fuentes por sí mismos.

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