La ciencia de una fuente de chocolate

Usar golosinas puede ser una buena forma de acercar a los niños a las matemáticas

Parece que las fuentes de chocolate podrían ser herramientas excelentes para estudiar matemáticas básicas. En un estudio publicado en el European Journal of Physics, investigadores de la Universidad College de Londres investigaron la física que hace que las cortinas de chocolate en una fuente se vuelquen hacia adentro en vez de caer de forma recta.

Esto parece no ser tan importante a primera vista, dicen los investigadores, pero sus hallazgos demuestran que estas delicias pueden ser utilizadas para testear los mismos principios básicos que gobiernan todo, desde fluidos de lava hasta la extracción de plasma de reactores nucleares.

Como estos fluidos más peligrosos, el chocolate derretido es no-newtoniano, que básicamente significa que fluye de maneras extrañas.

“Además del hecho de que son súper-cool y deliciosas, desde una perspectiva científica, las fuentes de chocolate proveen una introducción muy interesante a los fluidos no-newtonianos”, dijo Adam Towsend, coautor del estudio.

La idea vino de su asesora y coautora, Helen Wilson, quien comenzó a pensar sobre el comportamiento de los fluidos de chocolate durante una caminata. Cuando ella preguntó a sus colegas en el departamento de matemáticas aplicadas por qué creían que el chocolate forma una cortina que fluye hacia adentro, consiguió un puñado de ideas diferentes, así que decidió investigarlo.

Towsend y Wilson se propusieron igualar ecuaciones matemáticas para la chocolatosa y dulce realidad de una fuente de chocolate. Ellos hallaron que la física de las cortinas de chocolate seguían los mismos principios de las campanas de agua.

“Puedes construer una campana de agua fácilmente en tu cocina” dijo Wilson en un comunicado. “Solo coloca una lapicera verticalmente debajo de una canilla con una moneda encima y verás una hermosa fuente de agua con forma de campana”.

Towsend está cerca de completar su doctorado en fluidos que, admitió a regañadientes, son menos divertidos que el chocolate. Pero él y Wilson dan charlas con su fuente, usando los principios básicos que aprendieron para convencer a niños y adolescentes de que las matemáticas son interesantes.

Entre el experimento y las charlas, Towsend estima que ha comprado cerca de 45 kilos de chocolate. Tirarlo en el laboratorio, dijo, le “rompió el corazón”. Pero, por suerte, los estudiantes a los que da las charlas están felices de ayudarlo a descartar el material.

“Queremos que sepan que las matemáticas están en lugares donde no se espera, es interesante, vale la pena estudiarlo”, dijo Towsend. “Y es agradable tener una fuente de chocolate en una charla, porque ellos vienen luego a probarlo y preguntan cosas”.


Fuente: Rachel Feltman / The Washington Post