Juguetes inteligentes: ¿Los nuevos reyes de la Navidad?

Esconden circuitos que harían palidecer de envidia a los primeros teléfonos inteligentes del mercado

Publicado por Expansión

Es probable que los juguetes inteligentes no se adueñen esta Navidad de los sacos de Papá Noel o los Reyes Magos, pero puede que en su empeño de no repetir un año más con los manidos pijamas o peluches, sus renos y camellos carguen con una cantidad nada desdeñable de ellos. O al menos eso dicen las cifras.

Según Juniper Research el mercado global de los smart-toys, que no existía antes de comenzar la década, alcance los 2.580 millones de euros este 2015. En esta categoría se incluyen todos los juguetes que 'cobran vida' y los contenidos descargables que les ayudan a estar a la última.

Que los niños de hoy vienen con un iPad debajo del brazo no es ningún secreto, como no lo es que muchos aprenden a manejar el tablet de sus padres antes de pronunciar una sola palabra. Pero quizás regalar a los más pequeños de la casa un dispositivo que, pese a su apariencia, puede grabar conversaciones y vídeos, tomar fotos y se conecta a la Red (pudiendo subir ese contenido a cualquier plataforma) no es una idea tan inteligente como puede parecer en un principio.

De los Amiibo a Barbie

A pesar de ello, estos smart-toys han empezado a colonizar las estanterías y los catálogos de las jugueterías más conocidas del mundo desplazando a otros juguetes 'tontos', algo parecido a lo que ocurrió con la llegada de los teléfonos inteligentes a nuestras vidas.

La compañía pionera en este mercado fue Activision, dedicada a los videojuegos, que en 2011 hizo que las clásicas figuras coleccionables de los personajes de uno de sus títulos, concretamente Skylanders: Spyro's Adventures, sirvieran también para desbloquear ciertos contenidos de ese universo virtual. La arriesgada jugada le salió bien ya que desde el momento de su lanzamiento hasta este año el volumen de ventas tanto del videojuego como de las figuras supera los 2.770 millones de euros.

Dado el éxito de esta fórmula, otras empresas del sector no tardaron en presentar productos parecidos. Es el caso de Nintendo, que aprovechando el colosal tirón de sus franquicias (como las archiconocidas Super Mario o Pokemon) lanzó los Amiibos, que representan a los personajes más conocidos y funcionan igual que las de Activision. También siguieron esta senda Disney, con su videojuego Disney Infinity, o más recientemente Lego, con bloques que siguen el formato 'toys-to-life' en el juego Lego Dimensions.

En otros casos simplemente se ha añadido esa parte 'smart' a juguetes que llevan décadas entreteniendo a los más pequeños. Uno de los ejemplos más visibles es el de la muñeca Barbie que ha visto cómo su clásica anatomía se transformaba llenándose de circuitos en pos de una inteligencia artificial, similar a las asistentes virtuales Cortana o Siri, capaz de hacerla mantener una conversación coherente con su dueño, recordar sus preferencias para seguir la charla más tarde y actualizarse para no quedarse sin temas de conversación.

Algo parecido le ha pasado a Furby, el peluche parlanchín que hizo acto de presencia hace ya 17 años y que gracias a las nuevas tecnologías ahora aprende inglés y cuenta con su propia app para aumentar sus capacidades.

Incluso uno de los gigantes tecnológicos por excelencia, Google, ha hecho sus incursiones en este terreno colaborando con Mattel en una nueva versión del View-Master, transformado ahora en un visor de realidad virtual para los más pequeños. También ha patentado un oso de peluche que escucha las conversaciones de sus dueños, vigila sus movimientos e interactúa con otros aparatos electrónicos que están a su alrededor, aunque aún no ha especificado cuál sería su futura utilidad.

Ni los más pequeños se escapan. La marca Fisher Price ha lanzado una gama de smart-toys con la apariencia de adorables muñecos de trapo que buscan favorecer el aprendizaje del niño y adaptarse, a medida que éste juega, a su ritmo personalizando los juegos.

Riesgos

Eso sí, no hay que olvidar que bajo la cándida apariencia y los mullidos y amigables rostros de estos juguetes se esconde una amenaza invisible que comparte con toda la gama de los dispositivos llamados inteligentes. Un smart-toy conlleva tantos peligros para la privacidad como un smartphone, con la diferencia de que sus usuarios, en este caso, no son conscientes de estar proporcionando sus datos, algo que muchas veces ni sus padres saben con certeza.

Un ejemplo de esta vulnerabilidad ha sido el ataque sufrido por la compañía china VTech, que vio como su base de datos era pasto de los hackers el mes pasado. El ciberdelincuente responsable, que fue detenido en Reino Unido, accedió sin problemas a Learning Lodge, una plataforma desde la que se pueden descargar contenidos educativos como apps o juegos y que suma 5 millones de cuentas, según informó la empresa.

Allí se hizo con información de los niños que usan los productos de la firma (nombre, fecha de nacimiento o sexo) e incluso de sus padres (dirección de email, contraseñas, dirección IP e historial). ¿Pero por qué son tan apetecibles los datos de los menores de edad? La razón es que poseen un historial limpio, por lo que podrían utilizarse para pedir créditos sin su consentimiento, algo que afectará de por vida a su salud financiera.

A esto se une la posibilidad de que las fotos que tomen los más pequeños lleguen sin saberlo al ciberespacio, donde pueden usarse para cualquier fin sin que ni ellos ni sus padres se den cuenta.

El caso de Vtech nos demuestra que muchas de estas compañías pueden no estar preparadas para blindar la seguridad de la información que recolectan frente a ataques virtuales, de ahí que a muchos padres no les haga mucha gracia que sus hijos mantengan entretenidas conversaciones con Barbie o su nuevo y dicharachero oso de peluche.


Populares de la sección