Ingeniería local por la inclusión

DalaVuelta es un proyecto para darle más autonomía a los discapacitados motrices

Uruguay tiene al menos 13.335 personas que utilizan una silla de ruedas para trasladarse, según el último censo. Con el objetivo de superar la barrera de accesibilidad, un grupo de ingenieros mecánicos y fisioterapeutas trabajan en el desarrollo de un entorno más amigable, para que personas con discapacidad motriz puedan realizar sus actividades cotidianas con la mayor autonomía posible. DalaVuelta, como se llama la iniciativa, pretende diseñar herramientas económicas y de calidad.

Primeros pasos

El proyecto nació en 2013, dentro del Instituto de Ingeniería Mecánica y Producción Industrial (IIMPI) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. El punto de partida fue tratar de darle un sentido social a los años que un estudiante pasa "metido" en la facultad. "Cuando estás estudiando todo lo que querés es recibirte. DalaVuelta cambia esa mirada: en vez de enfocarte ciegamente en tu objetivo de llegar a los créditos, podés volcar en la sociedad todo lo que vas aprendiendo", explicó Sebastián Hernández, docente del IIMPI y el responsable del proyecto.

Si bien lo primero que se hizo fue el desarrollo de bicicletas orientadas a personas discapacitadas, el foco –tal como luego descubrió el equipo– realmente no debía ser ese. Por lo que se propusieron a crear ayudas técnicas más indispensables.

Los prototipos

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Acople eléctrico. Foto ejemplo
Acople eléctrico. Foto ejemplo

Fue entonces que comenzó el diseño de tres prototipos vinculados a la movilidad de personas en sillas de ruedas: una tabla de transferencia, un acople eléctrico para traslado y una plataforma de movilidad accionada desde el móvil. La meta es tener prontos estos implementos para agosto de 2018.

La tabla de transferencia es una idea muy básica, pero sin embargo, inexistente en el país. Se trata de una tabla que se coloca entre la silla y el asiento del auto, por ejemplo, y mediante una parte móvil –un disco que corre por encima de ella– la persona pueda deslizarse con poco o nulo esfuerzo.

El acople eléctrico, por su parte, es una tercera rueda con motor. Sin necesidad de salir de la silla se adjunta directamente a ella, y lo que resulta es una especie de triciclo. "Pasás a tener un vehículo eléctrico", explicó Hernández, "símil a una bicicleta. Dejás de depender de los demás para que te lleven a algún lado". Este ya está entre los más esperados, siendo que mejoraría significativamente la calidad de vida.

Los acoples que existen en el mundo son demasiado caros –comprar uno en Uruguay puede llegar a salir US$ 3 mil– mientras que el desarrollado por DalaVuelta no pasaría de US$ 400. Y la intención es bajar los costos aún más.

La idea es que una vez terminados los prototipos, y testeados, no se comercialicen, sino que se instalen en puntos estratégicos de la ciudad. Están pensados como una solución universal, accesible para todo el mundo. "Si hacemos tres, entonces colocamos dos en la rambla y otro en el [Jardín] Botánico. El que viene lo usa durante un rato y lo deja ahí para que lo use alguien más", dijo el ingeniero a Cromo. No obstante, no se descarta la posibilidad de una producción a escala masiva.

El proyecto de la plataforma partió luego de que el equipo se dio cuenta que los actuales carritos motorizados de supermercado (eléctricos y con silla de ruedas integrada) son sumamente incómodos, porque la persona tiene que abandonar su propia silla. Para evitar este proceso de traslado se ideó una plataforma baja, a la que se puede subir en silla de ruedas.

Es un prototipo más complejo que los otros, ya que implica un trabajo conjunto con los de robótica y computación. Tendrá cuatro ruedas perpendiculares, permitiendo ir en cualquier dirección; se manejará desde una aplicación para smartphones y podrá elevarse unos 40 centímetros. De esta forma, cuando la persona llega a la góndola podrá alcanzar cualquier producto sin la ayuda de otros.

Libertad en la playa

Silla anfibia

Según explicó Hernández, esta herramienta no está incluída en las tres principales líneas de trabajo, pero de todas formas es un interés del grupo. Una silla anfibia se puede usar en la playa, rodar en la arena y meter en el agua. Ya existe, pero no es accesible por su precio. La idea es reemplazar los materiales inoxidables –resistentes al agua salada– por alternativas más económicas, como pueden ser los caños PVC. Un primer prototipo ya fue probado en la playa, y actualmente están elaborando un segundo diseño, con el objetivo de seguir minimizando los costos. A modo de ejemplo, los anfibios disponibles en el mercado rondan los $ 40 mil, mientras que $ 6 mil es la ambición presupuestaria del equipo.

Aliados

Para generar vías de comunicación con actores externos, trabajan en diálogo cercano con el Programa Nacional de Discapacidad (PRONADIS) del MIDES, así como la Secretaría de Accesibilidad para la Inclusión de la IMM, entre otras organizaciones.

Asimismo, la participación estudiantil es clave. "Uno se siente útil viendo que lo que se aprende en la carrera se puede llevar a la práctica y con eso está ayudando a alguien", comentó Lidio, integrante del grupo.

"DalaVuelta es un espacio de trabajo, más que un proyecto puntual. Tenemos seis proyectos diferentes. A largo plazo, queremos afianzarnos como referentes en la temática, con un equipo interdisciplinario y con experiencia", finalizó Hernández.


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