Humanos y robots juntos en la fábrica

Alcanzan un precio medio de US$ 24 mil y podrían revolucionar la cadena de producción
Pasearse por la fábrica de SEW-Eurodrive en Baden-Württemberg (Alemania) es como viajar en el tiempo. En una parte de la planta, hay una luz tenue y los empleados trabajan en torno a las largas cadenas de montaje repitiendo los mismos movimientos una y otra vez. En el otro extremo, una flota de camiones robotizados reabastece los terminales de trabajo. En esta parte de la planta, un empleado ayudado por un banco de trabajo robotizado monta un sistema de tracción completo que se utilizará para alimentar la producción de todo tipo de productos, desde coches a refrescos.

En el resto de las instalaciones, un brazo robotizado ayuda a los empleados a cargar la maquinaria y a recoger componentes de los contenedores. Aquí, la luz es más nítida y los empleados aseguran que están más felices. "Todo está justo donde lo necesito y nunca tengo que levantar piezas pesadas", asegura Jürgen Heidemann, que ha trabajado en SEW 40 años, desde que tenía 18. Heidemann es uno de los empleados que están aprendiendo a trabajar con la última generación de sistemas robotizados.

Separación

  1. Tradicionalmente, los robots industriales siempre han estado apartados debido a que, por su enorme volumen y sus rápidos movimientos, su interacción con los empleados no se consideraba segura. Para poder sacar el máximo partido de las nuevas herramientas robotizadas, la fábrica ha contratado a programadores altamente cualificados que les asignan una serie de tareas fijas para evitar que hagan movimientos por sorpresa.

Una nueva generación de robots ha llegado a la fábrica para colaborar de forma segura con los trabajadores gracias a los avances en la tecnología visual y de sensores.

Cuando un empleado se cruza en su camino, estos robots se detienen automáticamente. Si el robot se necesita en otra parte de la fábrica, se le puede cambiar de sitio con facilidad. Esto les distingue de los gigantes brazos robotizados que se utilizan en las fábricas del sector de la automoción.

Estos robots colaborativos, conocidos como cobots, son tan nuevos que representan un pequeño porcentaje de las ventas de robots industriales a nivel global: el año pasado, se vendió menos del 5% del récord de ventas, que está en 240.000 unidades.

No obstante, los fabricantes aseguran que los robots flexibles, que tienen un precio medio de 24.000 dólares, según Barclays, tienen potencial para revolucionar la producción, sobre todo de las empresas más pequeñas que representan el 70% de la fabricación global.

A la mayor parte de las empresas les ha costado trabajo automatizar sus procesos de fabricación, por el elevado coste asociado a la robótica tradicional. James Stettler, analista de Barclays Capital, calcula que el mercado de cobots podría crecer de los 100 millones de dólares del año pasado a los 3.000 millones en 2020.

Además, la aparición de robots que se adaptan a todo tipo de situaciones podría aumentar el mercado.

Los avances tecnológicos y en inteligencia artificial sin duda ayudarán a corregir algunos de los fallos de los actuales cobots. Manejar cableado, textiles o cambiar de tarea siguen siendo una asignatura pendiente para los robots industriales. Las empresas niegan que los cobots acaben sustituyendo a los empleados; simplemente, los consideran una ayuda para los trabajos más "tediosos, sucios y arriesgados" que suelen rechazar los empleados.

Hay muchas compañías que se muestran reacias a mostrar en público a sus empleados robots por temor a que su imagen se vea perjudicada. De momento, los sindicatos ni siquiera han empezado a plantearse las consecuencias que puede tener la colaboración entre empleados y robots. "Las pérdidas de trabajo en algunos casos serán importantes", advierte Tony Burke, secretario general del sindicato Unite. "El problema es que ahora mismo nadie es consciente de ello", añade.

Fuente: Expansión