Hatred, GTA y la violencia en los videojuegos

Mientras el mundo de la ficción –y el mundo a secas– cuestionan cada vez más las manifestaciones violentas, en el mundo de los videojuegos no existe la menor restricción a la hora de exponerla de forma explícita y en cantidades desorbitadas
Hatred es el nuevo juego de Destructive Creations, desarrollado para Microsoft Windows, que promete ser “el videojuego más violento de la historia”. La premisa a priori es polémica: el jugador controla a un asesino, cuyo objetivo es matar a la mayor cantidad de víctimas inocentes a su alcance, con motivaciones no muy diferentes a las de quienes perpetraron las masacres de Columbine (1999) o Virginia Tech (2007).

Y lo hace de manera indiscriminada y, de ser posible, con la mayor crueldad que pueda tener, armado con metralletas, cuchillos, explosivos, para acribillar en calles, colegios y todos los posibles lugares públicos. Las víctimas corren, gritan y suplican por su vida.

El juego no tiene más historia que esta. No hay una sátira que disimule la violencia, un argumento que la justifique; absolutamente nada. Odio a la humanidad, puro y duro, y a matar.

El Entertainment Software Rating Board, órgano que regula en Estados Unidos las edades aptas para cada videojuego, ha calificado a Hatred con la más restrictiva de todas: AO, solo adultos. Esta calificación no es dada con ligereza. En los 20 años de existencia del órgano y sus más de 30 mil juegos calificados, solo 25 han recibido esta etiqueta, la mayoría de ellos por pornografía o por una mezcla de sexo y violencia. En el caso de Hatred la recibe por “crueldad inusitada”, algo que solo había ocurrido con dos juegos: el Thrill Kill de 1998 (que nunca llegó a comercializarse) y el Manhunt 2 de 2007, que llegó a editarse, pero en una versión de rebajada violencia.

El portal de juegos online Stream puso Hatred en preventa pero debió retirarlo por las quejas de los usuarios, lo que también motivó protestas. El creador de Hatred, el polaco Jaroslaw Zielinski, salió a explicarse: “Hatred no ofrece ninguna justificación al comportamiento violento porque no hay excusa para la violencia”. Y agregó: “La diferencia de Hatred respecto a otros videojuegos de alto contenido violento, como la saga Grand Theft Auto, es que no hay ninguna otra opción que matar indiscriminadamente y no hay el menor intento por contextualizar esa violencia”.

La violencia es tan explícita que Epic Games, propietaria del motor gráfico, se desvinculó de Hatred y pidió que se removiera su logotipo de toda promoción del videojuego.

El “desahogo”


La referencia a la saga GTA no es casual, ya que es probablemente el ejemplo más famoso de situaciones hiperviolentas en videojuegos y que a cada lanzamiento reaviva la llama de su propia polémica. Sin ir más lejos, el problema de la quinta edición surgió por la posibilidad que daba el juego de tener sexo con una prostituta en una escena medianamente gráfica.

Es cierto que el GTA se ampara justamente en lo que Zielinski rechaza: un argumento por el que la violencia queda, si no justificada, al menos dentro del marco de una historia que la ampara. Su saga suele estar protagonizada por criminales, soldados y pandilleros, el tipo de personajes que viven constantemente situaciones violentas. La violencia, entonces, se vuelve parte de la trama.

Pero Zielinski rechaza ese subterfugio. Su intención con Hatred es volver a los clásicos ultraviolentos como Doom o Postal para aquellos que quieren “desahogar algo de presión disparando y destruyendo cosas”. A su juicio, no cree que se haya ido “demasiado lejos”. Y añadió: “Solo se trata de disparar personajes virtuales. Si alguien tiene algún problema en distinguir realidad y ficción que dé un paseo”.

En definitiva, la solución más sencilla es, sin dudas, la más fácil de practicar: aquellos a quienes no les interese Hatred (o cualquier otro videojuego) pueden no comprarlo. Esa solución no sería del agrado de Zielinski, dado que no oculta su intención: “Esta polémica ayuda a la promoción”.

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