Google nos está volviendo olvidadizos

Las personas dependen más de sus dispositivos que de su cerebro

Quartz public un artículo con un título ominoso este jueves. Según investigaciones realizadas por la firma de ciberseguridad Kaspersky Lab, la "amnesia digital" está gradualmente borroneando nuestro cerebro.

Para el estudio se entrevistó a seis mil adultos de seis países europeos del oeste, así como a mil estadounidenses, sobre cosas como los números telefónicos que ellos memorizan y qué hacen cuando necesitan recordar algo. Entre los norteamericanos, la mitad dijo que intentaría buscar la respuesta online antes de intentar recordarla y 29% dijo que seguramente volvería a olvidarse luego de encontrarla. Los europeos estuvieron cerca: 36% dijo que buscarían en Google primero y como segunda opción buscarían la respuesta en sus memorias; 24 % admitió que se olvidarían de aquello que buscaron apenas cierren el navegador.

De un extremo al otro del atlántico, todo el mundo está obsesionado con sus smartphones: más de 40% dijo que sus celulares contienen "todo lo que necesitan saber".

Probablemente no sea necesario un estudio de laboratorio o una encuesta a gran escala para confirmar un fenómeno que se puede observar a simple vista. ¿Cuántos memorizan números de teléfono? ¿Cuántos se mueven sin consultar al menos una vez a Google Maps?

Pero mientras que es innegable que hoy dependemos de la tecnología como una especie de ayuda memorias, el jurado no se pone de acuerdo en si eso es positivo o negativo. Después de todo, el hecho puede ser considerado de dos maneras diferentes: o bien internet está reemplazando nuestra capacidad mental natural, o la está aumentando.

Podrá parecer contraintuitivo, pero consideremos dos datos olvidados frecuentemente acerca de cómo funciona la memoria. Primero, la memoria no es (y nunca fue) un mecanismo en sí mismo. Varios estudios sugieren que siempre dependió de otras personas, así como en herramientas como diarios o post-its, para recordar todo tipo de datos biográficos y generales. Esto se llama "memoria transactiva" y básicamente significa que no solo se almacena información en el cerebro, sino en los objetos y las personas que nos rodean.

Segundo, "recordar" no es una cosa inherentemente buena, y olvidar tampoco es inherentemente malo. Sin dudas no se tiende a pensar de esa forma cuando se ingresan continuamente números de PIN erróneos en el cajero automático. Pero, en general, el cerebro tiene poco espacio para almacenar recuerdos, como los números de teléfono. En cierto punto hay que borrar todas esas fotos y apps viejas para guardar las nuevas.

Esto nos lleva de vuelta al espectro de la "amnesia digital": la idea de que, de alguna manera, las computadoras dañan la memoria. Pero al recordar que siempre hemos almacenado las memorias en otras personas y objetos, y que no tenemos la capacidad de recordar todo, el fenómeno se parece menos a la amnesia y más a una "delegación prudente".

Esa fue, de hecho, la conclusión a la que llegaron los tres psicólogos que estudiaron "el efecto Google" en 2011: si bien sus resultados fueron interpretados como evidencia de que Google hace que las personas olviden más, los investigadores fueron más optimistas.

"Nos estamos simbiotizando con nuestras herramientas computacionales", escribieron, "convirtiéndonos en sistemas interconectados que recuerdan menos información para saber dónde se puede encontrar esa información".

El tecnólogo y profesor de derecho de Columbia, Tim Wu, escribió lo que es tal vez la más clara defensa de su desarrollo: si un viajero del tiempo del 1900 se encontrara con una persona moderna con un Smartphone y hablara con ella a través de una cortina, ¿qué pensaría? Se sorprendería por su habilidad de resolver ecuaciones complejas, para responder preguntas rebuscadas, para citar frases en idiomas extranjeros. Para ella, el usuario de Smartphone sería una especie de genio (para nosotros, solamente se parecería a una persona con un celular).

"Con nuestras máquinas, somos humanos aumentados y dioses prostéticos", escribió Wu, "aunque somos muy displicentes acerca de ese hecho, como cualquier cosa a la que ya estamos acostumbrados".

Además, la memoria humana por sí sola no es todo lo que dicen. Tomemos el estudio de Kaspersky: fue emitido hace cuatro meses, lo suficiente para que nos olvidáramos de la primera vuelta de cobertura mediática y comenzáramos a reanalizarlo nuevamente.


Fuente: Caitlin Dewey / The Washington Post