“Es inmoral que la FIFA gane dinero con la imagen del armadillo y no haga nada para salvarlo”

La mascota Fuleco proporciona importantes ganancias a la FIFA, que se comprometió a dejar un legado verde tras el Mundial de Brasil. El organismo ignora ahora a los científicos que le reclaman ayudas económicas para la conservación de este animal amenazado


“El hecho de que el armadillo de tres bandas sea una especie vulnerable es muy apropiado”, se alegraba el secretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, en la presentación de la mascota del Mundial de Brasil. Un armadillo azul cuyo nombre fusiona fútbol y ecología: Fuleco. “Uno de los objetivos clave del Mundial”, aseguraba entonces Valcke, “es utilizar el evento como una plataforma para comunicar la importancia del medio ambiente y estamos encantados de hacerlo con la ayuda de esta mascota”. Dos años después, el armadillo sigue siendo un animal vulnerable a la extinción y la FIFA no ha movido un dedo —ni un dólar— para mejorar su protección, como le reclaman científicos y organizaciones conservacionistas.

El tatu-bola, como lo conocen en Brasil por su capacidad por encerrarse por completo en forma de pelota, fue elegido como mascota entre otras cosas gracias a la campaña de una ONG ecologista, la Asociación Caatinga, que defiende la conservación de esta particular ecorregión del nordeste de Brasil que habitan los armadillos más amenazados. “Hemos estado en contacto con la FIFA durante los últimos 16 meses, tratando de obtener el apoyo del torneo para lograr la protección del armadillo. Les hemos planteado ocho propuestas para apoyar la protección del tatu-bola sin ninguna respuesta”, critica Ricardo Castro, director de la asociación, consultado por Materia.
Si no se hace nada el animal desaparecerá en menos de 50 años”, denuncia un biólogo

“La FIFA explota la imagen del armadillo para ganar dinero sin hacer nada para salvarlo. Es inmoral, es un asunto ético”, sentencia Castro. Más de un tercio de la población del armadillo bola ha desaparecido en la última década, principalmente tras perderse la mitad de su hábitat natural, la Caatinga, según el último informe que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) ha publicado la semana pasada. La Caatinga desaparece a marchas forzadas y con ella el armadillo, pero ni siquiera existía un plan dedicado a salvarlo de la extinción. “Está en grave peligro y si no se hace nada el animal desaparecerá en menos de 50 años”.

El pasado mes de mayo, un grupo de científicos escribió un artículo en la revista Biotropica reclamando a la FIFA y al Gobierno de Brasil que arrimaran el hombro por el tatu-bola, proponiendo medidas concretas como la puesta en marcha de un Plan de Acción Nacional (PAN), la demarcación de nuevas áreas protegidas y la creación de un fondo, como legado del Mundial, con el que financiar este programa. La repercusión de esta petición, en un contexto de grandes protestas contra el evento futbolístico, logró convencer al Gobierno de Dilma Rousseff: a finales de mayo se aprobó el plan y la creación de dos áreas protegidas en la Caatinga.

Un plan sin dotación económica


“Tenemos un plan, pero no tenemos dinero”, explica a esta redacción la recién designada directora del PAN Tatu-bola, Flávia Miranda. “Necesitamos financiación para poner el plan en marcha y nuestro presupuesto sería una parte mínima de las ganancias de la FIFA con Fuleco”, propone. Brasil se ha gastado 14.000 millones de dólares en este campeonato; la FIFA va a ingresar 4.000 millones de dólares en este Mundial; Miranda reclama cuatro millones para un proyecto gubernamental que durará cinco años.

En el artículo mencionado, se proponía a la FIFA que protegiera 1.000 hectáreas de Caatinga por cada gol que se marque en el Mundial, en los que se suelen marcar en torno a 150 (aunque este año parece haber crecido la media goleadora). Uno de los científicos que firmó el artículo, Bráulio Santos, explica que solo el 4,6% de su hábitat está protegido: “Los costos del desafío que le hicimos a FIFA son algo irrisorio comparado con los miles de millones que están en movimiento en el evento. Una hectárea de Caatinga cuesta alrededor de 100 dólares”, asegura este biólogo de la Universidad Federal de Paraíba.

Entre tanta cifra, un dato que merece reflexión: el valor de este animal amenazado está tan devaluado que los furtivos comercian con él a un precio inferior al de la mascota de peluche. Según publica la prensa brasileña, se puede conseguir un armadillo por 50 reais (unos 16 euros) en el mercado negro mientras la FIFA vende por 59 reais (19 euros) los Fulecos de 30 centímetros: un tamaño similar al de su primo biológico, que suelen pesar algo más de un kilo y medir unos 40 centímetros.

Un animal desconocido


La federación futbolística se defiende argumentando que la elección de Fuleco no se correspondía con una campaña concreta de conservación pero que ”ha ayudado a aumentar la concienciación en Brasil sobre el armadillo de tres bandas y su estatus de especie vulnerable”. ”De acuerdo a nuestro último sondeo en el mercado brasileño, Fuleco es conocido por el 95% de la población de Brasil”, aseguran en una nota enviada a los medios.

Bráulio Santos no cree que la campaña haya sido tan efectiva: “Elegir al armadillo como mascota fue un gran paso hacia un legado verde jamás visto en otros mundiales. Sin embargo, la realidad es que gran parte de los brasileños ni siquiera saben que el Fuleco es un armadillo. Un reportaje de la emisora SBT de Brasil mostró que la gente asocia el Fuleco con un ratón o con un tamandúa. Me pregunto qué legado verde es este que falla hasta en comunicar qué bicho representa su mascota”, lamenta. Según explica Flávia Miranda, en realidad Fuleco ni se parece ni sigue el patrón anatómico de estos armadillos vulnerables.

Además, el armadillo, como símbolo visible del Mundial, no es especialmente popular en un país en que la mayoría de la población se opone a la celebración del evento: ya se ha convertido en rutina que Fulecos gigantes hinchables sean destrozados por los manifestantes como forma de protesta.

¿Nada más que marketing y publicidad para sus productos de merchandising? Rodrigo Castro se queja de que en enero de 2013, el secretario general Jérôme Valcke le convenció de que Fuleco formaba parte de un esfuerzo para ayudar a salvar al armadillo. Y no ha vuelto a saber de él. Santos denuncia incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace en favor de la conservación de la biodiversidad. Y Miranda asegura que la FIFA ni tiene interés por dejar un legado verde “ni nunca lo tuvo”. “Su único interés es financiero”, asegura. A la hora de ponerle nombre a la mascota, la FIFA vetó aquellos que incluían la palabra tatu porque no podría registrarlo legalmente para su explotación (PDF).

Más optimista se muestra el profesor Enrico Bernard, otro de los autores del artículo de denuncia y profesor de la Universidad de Pernanmbuco: “Todo el ruido producido hasta ahora ha sido positivo. La respuesta fue masiva. En dos semanas, hemos conseguido que la especie fuera declarada oficialmente en peligro de extinción en Brasil después de más de 12 años en esa situación y el Gobierno anunció finalmente el plan de conservación”. ”Es muy buen comienzo. Estamos al principio del Mundial y esperamos que sean sensibles a la causa, dejando un gran anuncio para el final del campeonato”, confía este biólogo.

Por la presión de las protestas, la FIFA ya ha anunciado que dejará como mínimo 20 millones de dólares en Brasil para fomentar un legado positivo. “Considerando que este es el mayor evento deportivo del mundo y la cantidad de dinero en juego, su programa no es muy ambicioso. No obstante, son una organización futbolística, no una ONG ambiental. Pero pensando en el futuro, y teniendo en cuenta que son una corporación a nivel mundial, la FIFA debería replantearse lo que es un verdadero legado y empezar a estar más cerca de los problemas ambientales reales”, concluye.

 

Vía Materia

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