Enemigos de la Historia

Científicos del Laboratorio de Micología de la Facultad de Ciencias investigaron los hongos que infectan a fotos antiguas de archivos nacionales, para hacer recomendaciones sobre cómo conservarlas


En la Historia que cuentan los libros hay héroes y villanos, malos y buenos, según por dónde se la mire. Pero más allá de las banderas, idiomas, razas y creencias de sus protagonistas, la Historia en sí misma tiene sus propios enemigos. Los soportes de la historia de la humanidad, desde las pinturas rupestres en las cavernas hasta los libros, cuadros y fotografías, todos se enfrentan en una batalla silenciosa contra unos seres que amenazan con destruirlos: los hongos.

Estos organismos diminutos, cuyas esporas están en todas partes y adoran la humedad, son una de las más grandes amenazas del arte y la Historia.

En Uruguay, el Archivo General de la Nación es, según dice en su sitio web, “guardián de la memoria” del país. Allí existen documentos que forman parte del Patrimonio Cultural. Lo mismo sucede en el Sodre, la Biblioteca Nacional, el Museo de Historia Nacional y el Centro Municipal de Fotografía (CMdF). Todos deben luchar para que los hongos no se roben sus “tesoros”.

Con el objetivo de ayudar a conservar las fotografías y prevenir que se conviertan en la comida de distintas especies de hongos, un equipo del Laboratorio de Micología de Facultad de Ciencias (Fcien) de la Universidad de la República investigó cerca de un centenar de fotos de estos archivos nacionales, tomadas entre 1840 y 1930.

El estudio se enmarcó en un proyecto interdisciplinario del CMdF, que incluyó especialistas en conservación, digitalizadores y cataloguistas de fotografía. La investigación derivó en una exposición inaugurada en dicha institución en marzo.

Durante dos años, el equipo de micólogas liderado por la profesora titular grado 5 de Fcien, Lina Bettucci, utilizó pequeños hisopos para raspar suavemente las fotografías antiguas en busca de hongos. Según contaron Bettucci y la investigadora Dinorah Pan, quien también participó del estudio, debieron pensar durante un tiempo qué metodología sería la mejor opción para no dañar el patrimonio con el que estaban trabajando.

Cultivaron los hongos para que crecieran y así poder analizarlos. Luego guardaron las muestras en el laboratorio, donde se conservan en un freezer a menos 80 grados Celsius. Son parte de una extensa colección de hongos dispuestos en una suerte de archivero, a la que recurren para estudiar diferentes aspectos, como las enzimas que producen o las condiciones en las que se desarrollan.

Amigos de la humedad


Las científicas no se llevaron ninguna sorpresa respecto a las especies de hongos que encontraron. Según dijeron, las ven “todos los días”, ya que son las mismas que están en el suelo y degradan materia orgánica descompuesta, como proteínas y celulosa. Las especies más frecuentes en estas fotos fueron las del género Penicillium y Asperguillus, y en menor medida encontraron otras como la Alternaria.

Los hongos en las fotografías forman lo que se llama “foxing”, que a simple vista se ve como las típicas manchas de humedad, a veces de colores tan vivos como el rojo o el verde. No es necesario que las fotos sean centenarias para que aparezcan. Cualquiera puede tener fotos con hongos en sus hogares.

Sin embargo, las investigadoras aclararon que no todas estas manchas se deben a esos hongos, sino que pueden deberse a la acción de otros microorganismos o procesos fisicoquímicos. Además, aunque no hubiera manchas a la vista, debieron raspar igual por si había esporas en la superficie y los hongos solo se estaban escondiendo.

Irreversible


En algunos casos, los hongos producen enzimas, ácidos orgánicos y pigmentos, responsables de las manchas concéntricas de colores. Esa es una de las señales de que los hongos han comenzado el festín. Estos se alimentan del sustrato en el que se posan, en este caso, se nutren del material con que está hecha la fotografía (que varía según la época): papel, vidrio, albúmina, acetato.

Una vez que comienza el biodeterioro, este es irreversible. Por eso, dijeron las investigadoras, la única opción es evitar que sigan infectando la imagen y prevenir que otras esporas lleguen.

Bettucci explicó que las esporas llegan en “lluvias”, básicamente “cada vez que hay un airecito”. Caen sobre la foto y, si se dan las condiciones de temperatura y humedad, largan una suerte de tubo y comienzan a colonizar la superficie. Una vez que se forman las colonias, que tienen forma circular, no hay producto anti-hongos que valga.

De hecho, una de las recomendaciones finales del estudio es no aplicar antifúngicos, “ya que el daño no es reversible y los organismos causantes del mismo no necesariamente están viables”.

Es que de todas las esporas, no todas crecen. Algunas mueren antes. A su vez, tienen ciclos de vida de unos dos o tres años. En el caso de las especies de hongos halladas en estas fotografías, a partir de los 12 grados Celsius y 50 a 60% de humedad, ya se dan las condiciones para que crezcan.

Por eso las recomendaciones son conservar las imágenes por debajo de estos niveles y, en el caso de estar infectadas, pasarlas por rayos ultravioletas, que “esterilizan” la fotografía.

Archivar y conservar


La humedad es el mejor aliado de estos hongos, por lo que no basta con encuadrar una foto para protegerla, explicaron las investigadoras. Es que si pasa humedad entre medio, y el vidrio y la foto estén sucios, ya es probable que los hongos crezcan allí.

El estudio, que enumera y clasifica la gran diversidad de especies encontradas, culmina con las recomendaciones para evitar que estos seres destruyan los archivos fotográficos.

A los ya mencionadas, se suman conservar las fotos en ambientes secos, en lugares con ventilación y filtración, y mantenerlas en soportes y recintos limpios (ya que los ácaros también transportan las esporas de estos hongos).

En cuanto a las personas que manipulan las imágenes, se les aconseja trabajar siempre con guantes, porque “la piel deja residuos que pueden favorecer la colonización por parte de microorganismos”, explica el estudio.

De esta forma, las investigadoras buscan colaborar para prevenir que los hongos se coman no solo las fotografías, sino la historia que estas guardan.

 


Varias disciplinas


El proyecto fue financiado por el Espacio Interdisciplinario de la Udelar. Además del Laboratorio de Micología, participaron el Departamento de Historia del Uruguay de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Facultad de Ciencias y Facultad de Ingeniería  (Udelar). Como actor externo a la Universidad, participó el Centro de Fotografía de la Intendencia de Montevideo.


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