En busca de la silla de ruedas perfecta

Los deportistas paralímpicos se encuentran en su propia "carrera armamentística", buscando mejores diseños
La competición de básquetbol paralímpico en silla de ruedas no había empezado siquiera y Mike Frogley ya estaba pensando en la siguiente. Y en la siguiente después de esa.

Como el director de alto rendimiento del básquetbol en silla de ruedas de Canadá, Frogley supervisa las iniciativas cuyo propósito es asegurar –y mantener– la excelencia de su país en el escenario internacional. Él imagina el aspecto que tendrán las sillas de los atletas en los Juegos 2020 de Tokio, dijo, y ha empezado a proyectar también para el 2024. "No podemos quedarnos ahí durante dos años porque todos nos van a alcanzar", dijo Frogley. "Tenemos que mantenernos adelante".

Desde 1994, Canadá ha ganado el título mundial en todos los ciclos cuatrienales, salvo por uno, y su equipo masculino ganó el oro hace cuatro años en los Paralímpicos de Londres. Sin embargo, sus rivales en el nivel más alto del básquetbol paralímpico –Alemania, Gran Bretaña, los Países Bajos y Estados Unidos– están al acecho y también están innovando, participando en lo que equivaldría a una carrera armamentista de las sillas de ruedas para darles a los atletas el mejor equipo, el más ligero y el más durable.

Esta competición dentro de la competición ha establecido una división en el deporte. Los países que tienen acceso a mejores materiales, un compromiso de investigar y desarrollar, así como el financiamiento para seguir proyectos, están posicionados para seguir siendo potencias mundiales. Los que no cuentan con eso se están quedando atrás para siempre.

"Cuando veo a un atleta con un talento increíble, pienso: 'Sabes, amigo, si tan solo estuviera en una silla distinta'", dijo Trooper Johnson, un asistente del entrenador de las estadounidenses y quien fuera jugador en el Team USA. "Están trabajando duro, pero es obvio que no tienen los recursos que tenemos nosotros".

En teoría, todas las sillas de ruedas debería ser hechas a la medida, en función de su estatura, discapacidad, posición y peso del atleta, y deberían promover la estabilidad y el equilibrio sin sacrificar la agilidad. Un aluminio más fuerte aumenta la fortaleza y la durabilidad, sin añadir peso. Un asiento modificado genera potencia. Casi todos esos cambios, que pueden ser decisivos para el rendimiento de un jugador de alto nivel, son imperceptibles para el ojo no entrenado.

Una silla totalmente equipada, hecha con los materiales de la más alta calidad puede costar entre U$S 5.000 y U$S 7.000; algo inaccesible para muchos atletas e, incluso, para el presupuesto de algunas federaciones.

Esa silla optimizada no hará que alguien con un talento inferior parezca dotado, pero sí puede mejorar las habilidades de un jugador fuerte. Las derrotas hasta ahora en Río de Janeiro –85 a 19 (femenino de Brasil contra Argentina); 93 a 31 (masculino de Gran Bretaña contra Argelia), 93 a 37 (femenino de Estados Unidos contra Francia)– reflejan, al menos en parte, la correlación entre la calidad de un equipo y su material.

Al preguntársele si era difícil superar las ventajas tecnológicas que tienen algunos oponentes, Silvia Linari de Argentina soltó una risa, luego bajó la voz. "Cambian las cosas", dijo Linari por medio de un traductor. Hasta donde ella sabe, Linari dijo, Argentina no evalúa a sus jugadores por medio del análisis biomecánico, como lo hacen algunos países, ni cuenta con un centro nacional de básquetbol en silla de ruedas, como lo tiene Canadá.

La maquina y el hombre

Fue en la academia, en las afueras de Toronto, donde, durante varios meses y varias sesiones, los atletas llegaron hasta una plataforma en la que se colocaron las ruedas en un tambor metálico montado encima de dos ejes. Con cámaras que captaron el movimiento, se hacía el seguimiento sobre los marcadores brillantes colocados en la ropa, mientras los jugadores empujaron durante 30 minutos a la vez.

En cada ocasión, se incorporaba una variable diferente. A veces, el asiento era más ancho. Otras, más profundo. O cambiaba el ángulo de las ruedas.

Los datos recopilados resultaron no solo en cambios técnicos, sino en un equipo nuevo para muchas mujeres, incluida Katie Harnock de Canadá, quien dijo que ahora su silla tiene guardas laterales más altas y una bolsa más profunda que da mejor estabilidad.

"Son pequeñas cosas, pero cambian tu potencia", dijo Frogley. "Cambian qué tan lejos llegas con tres empujones, y eso podría solo ser 12 centímetros, pero 12 centímetros es la diferencia entre que yo tenga una posición y no tenga una posición".

Ahora, en los torneos, Tracey Ferguson, quien compite por Canadá en sus séptimos Paralímpicos, revisa las sillas de los oponentes para detectar cambios que a ella le podría interesara integrar a la suya. Terry Bywater, en el equipo masculino de Gran Bretaña, dijo que hace lo mismo.

"Cuando estás jugando en el más alto nivel de tu deporte, siempre quieres lo mejor de lo mejor", señaló Bywater. "Usain Bolt no correría con unos Nikes comunes y corrientes".

Fuente: Ben Shpigel - The New York Times