El venado de campo de hoy era el ganado de ayer

Investigadores uruguayos estudian el uso de este animal por parte de los indígenas constructores de cerritos, quienes cuidaron de esta especie como recurso económico durante casi 4.000 años


El venado de campo integra la lista roja de la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie en peligro de extinción. En las praderas uruguayas restan apenas unos 2.000 animales, que también habitan la pampa argentina y otras partes de la región. No obstante, las primeras crónicas de europeos en América hablan de millones de venados de campo. Y los huesos también hablan de esta abundancia: según restos fósiles encontrados en algunos cerritos de indio en Rocha, este animal era un recurso económico importante para esas poblaciones indígenas.

Los constructores de cerritos los cazaron durante al menos 3.800 años; los usaron como alimento y también para fabricar herramientas de caza y vestirse con sus pieles. En todo ese tiempo (que seguramente se extienda miles de años hacia atrás), el venado de campo no se extinguió. De hecho, todo parece indicar que estos indígenas realizaban una “gestión exitosa” del recurso, cuidando de que no se acabara.

Esta es la hipótesis que manejó desde un principio la arqueóloga Federica Moreno, que trabaja en las excavaciones de cerritos en el departamento rochense. ¿Era el venado de campo el ganado de estos indios? ¿Desarrollaron estrategias para controlar la reproducción de la especie, protegerla de predadores y competidores? Y lo que sería aún más interesante, ¿manejaban estas tribus el concepto de propiedad privada?

Todas estas preguntas son las que intenta responder Moreno, del Departamento de Arqueología del Museo Nacional de Antropología del MEC, desde hace al menos siete años. Para eso, debió unir esfuerzos con la doctora en ciencias biológicas Susana González, directora mundial del Grupo Especialista de Cérvidos (GEC) e investigadora asociada del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (Iibce).

Así, se conformó el grupo interdisciplinario que, junto con Gonzalo Figueiro, del laboratorio de Antropología Biológica de Facultad de Humanidades de Udelar, investiga la interacción del hombre y el animal prehistóricos.

Las respuestas del ADN


Las respuestas descansan en el ADN antiguo y “muy deteriorado” que han logrado rescatar, dijeron las investigadoras a El Observador. Es mediante el estudio de los genes en los restos óseos encontrados -área que le corresponde a González- que se podría conocer el sexo del animal, entre otros datos.

A su vez, la comparación entre más de un ejemplar encontrado en el mismo lugar podrá determinar si estos pertenecen a un mismo rebaño, es decir, al mismo grupo de venados de campo. Todas estas cuestiones ayudarían a develar el comportamiento de caza de estos indígenas, así como su economía, explicó Moreno.
A través de los huesos (de venado) queremos saber cuál era la estrategia de caza de esos indígenas”, dijo la arqueóloga Federica Moreno

Por un lado, “no es lo mismo hacer una caza selectiva hacia machos que cazar indistintamente machos y hembras; el impacto sobre la población (de venado) es diferente”, sostuvo la arqueóloga. Además de la caza selectiva, otras estrategias que podrían explicar la conservación del recurso pueden haber sido proteger a los rebaños de predadores, como pumas y perros salvajes.

Por otro lado, si de los estudios de ADN resultara que los restos de venado de campo pertenecían al mismo rebaño, podría confirmar la teoría de Moreno de que los indígenas manejaban un concepto de propiedad. A su vez, esto aportaría al estudio de los cerritos de indios como “marcadores territoriales”, añadió la experta.

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Hasta ahora, el equipo logró amplificar una muestra de unos 1.700 años encontrada en un cerrito de la Sierra de San Miguel, contó González.

“Amplificar” la muestra implica poder replicar una pequeña parte del ADN, de la que se pueden obtener hasta un millón de copias. Luego, esa parte se puede secuenciar, lo que revela si se perdió o no variabilidad genética durante el proceso de evolución, explicó la bióloga. González agregó que, por ejemplo, la arqueología en ADN se emplea cada vez más para entender los procesos de domesticación del perro, entre otras aplicaciones.

Este estudio en particular reveló que el venado de campo moderno es genéticamente el mismo que el venado prehistórico. Este último apareció en el continente hace al menos un millón de años, calculó González, por lo que precede por varios miles al ser humano.

Actualmente, los investigadores continúan buscando fondos que financien este trabajo y que les permitan acceder a las respuestas que guarda el ADN.

Cuando ese momento llegue, estarán en condiciones de entender la gestión que hacían los indígenas del pasado, antes de la llegada de los europeos y antes de la introducción de la vaca y demás ganado, que llegó para competir por las pasturas.

Desde el punto de vista de la genética, podrán comprender cómo responde el ADN a diferentes presiones, como la caza, para así saber cómo gestionar otros recursos del presente, dijo González. “También será entender un poco la evolución de la vida”, agregó, y cómo hombre y venado interactuaron “bien” en el pasado.

Hoy, gracias a la tecnología, se podrá conocer cómo fue esa interacción, dijo la bióloga. Y acotó que hoy, a pesar de la tecnología, el venado de campo se encuentra al borde de la extinción.

 


Iibce Abierto


La investigación sobre el uso prehistórico del venado de campo por poblaciones indígenas del Uruguay fue una de las charlas durante Iibce Abierto, la jornada de divulgación organizada por el Instituto Clemente Estable. Visitas guiadas, stands interactivos y charlas sobre otras líneas de investigación tuvieron lugar el jueves pasado.


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