El proyecto uruguayo de mayor éxito en Kickstarter

Las Loog se convirtieron en realidad gracias a cientos de inversionistas anónimos que apostaron a las guitarras para niños, primero acústicas y ahora en versión eléctrica


 

Existe una comunidad de inversionistas que financia proyectos interesantes sin pedir más que una explicación coherente de la idea y un plan de negocios viable, pero que es comprensiva si hay atrasos en la producción, siempre y cuando se notifique el inconveniente. Esa comunidad se encuentra en Kickstarter, un sitio de crowdfunding que desde su lanzamiento en 2009 ha sido el lugar donde 67.000 proyectos consiguieron financiación de 6,8 millones de personas por más de US$ 1.000 millones.

Pero cuando la generosidad es mucha, la competencia también. En estos cinco años se han presentado casi 170.000 campañas, por lo que en proporción, 40% del total consiguieron el dinero buscado.

Doblete celeste


Hace tres años y medio, el uruguayo Rafael Atijas, entonces radicado en Nueva York, presentó en Kickstarter un proyecto llamado Loog. Se trataba de unas pequeñas guitarras acústicas de tres cuerdas que permitirían especialmente a los más chicos aprender a tocar el instrumento de forma más sencilla. En poco más de un mes, no recaudó los US$ 15.000 que buscaba, sino US$ 65.618 de 440 personas de todo el mundo. Así su idea se convirtió en una empresa.

En noviembre, ya instalado en Uruguay, Atijas volvió a Kickstarter con la evolución natural de su proyecto inicial: hacer Loog eléctricas. “No es algo de lo que puedas abusar y siempre tiene sus riesgos. Por haber conseguido financiación una vez no es que le encontraste la vuelta y a partir de ahí saldrá siempre. Es una apuesta y puede salir mal”, contó en su oficina en Parque Rodó.

Sin embargo, Atijas volvió a recibir el apoyo de esa comunidad de la que él mismo forma parte, pues allí ha financiado una cantidad de proyectos que ya no puede precisar. “No son inversionistas, sino un grupo de personas que se juntan para que algo interesante salga”, explicó.

Para hacer realidad este “pequeño y divertido instrumento con un sonido grande y serio”, Atijas precisaba US$ 50.000 y en 30 llegó exactamente a los US$ 70.007, aportados por 469 personas. De ellas, 421 invirtieron US$ 150 o más para recibir su propia Loog eléctrica en sus casas en mayo.

Algunos imprevistos en la producción hicieron que las Loog eléctricas empezaran a entregarse a estos inversionistas recién la semana pasada. “Hoy día, Kickstarter tiene ya unos cuantos años y la gente sabe lo que es, por lo que tiene claro que no está comprando un producto tradicional, sino que está apoyando a que ese producto exista con los riesgos clásicos. La diferencia es que les gusta ser parte del proceso”, dijo Atijas.

Para niños y no tanto


El proyecto Loog surgió en internet y se mantiene fiel a este medio. Junto con las guitarras acústicas, las eléctricas ya están a la venta en su página web a US$ 149 y US$ 199 respectivamente.

“Nos pasó desde el primer momento con las Loog acústicas que muchos de los compradores no eran padres buscando una guitarra para sus hijos, sino adultos que querían una guitarrita para ellos”, contó Atijas.

A lo que agregó: “Eso también nos dio una pauta de que las eléctricas, si bien siguen siendo enfocada a los niños, también iban a ser usadas por no niños e incluso músicos profesionales que quieren una guitarra de esas características”.

Cuando uno ve ambos modelos de guitarras, siente su peso y escucha su sonido, entiende al instante por qué Loog es un proyecto que ha sido noticia alrededor del mundo. Se trata de instrumentos tan fieles como lindos, que reúnen el amor de lo artesanal y la solidez de lo industrial.
Nos pasó desde el primer momento con las Loog acústicas que muchos de los compradores no eran padres buscando una guitarra para sus hijos, sino adultos que querían una guitarrita para ellos”, contó Atijas

Por tener tres en vez de seis cuerdas es más fácil de tocar, algo atractivo para los más chicos. Sin embargo, tampoco es una guitarra mágica: hay que afinarla y practicar para sacar de ella melodías disfrutables. A su vez, ambos modelos de Loog se entregan desarmadas no por temas de envío, sino para que en los 15 minutos que lleva su ensamblaje manual, los pequeños vivan la satisfacción de construir su propio instrumento.

“Desarmar y armar la guitarra y personalizarla como quieras es en realidad una gran parte de lo que implica el proyecto Loog: cuando uno construye su propia guitarra, se siente una profunda conexión con ella. Es una experiencia que ayuda a comprender y amar el instrumento”, afirmaba Atijas en Kickstarter.

Por todo esto, para el emprendedor lo ideal es entregar estas guitarras a mayores de 5 o 6 años. Y por “mayores” se entiende cualquier edad.

Según contó Atijas, las Loog tienen ciertas limitantes que tienen un “saborcito” especial. “Podés tener una guitarra de concierto, que están buenísimas, pero a veces uno por el tipo de música que hace o porque quiere una guitarra para tocar mientras mira la televisión, quiere una guitarra de tres cuerdas”. Como bien explicó, la música punk tiene menos acordes no porque sea peor, sino porque es así. Lo mismo sucede con el sonido que surge de estos pequeños instrumentos.

La secuela


Con los primeros envíos de las Loog eléctricas, Atijas ya proyecta lo que es un nuevo paso en una empresa que crea “productos de estas características”. Esto puede querer decir que en un tiempo, con o sin Kickstarter, surgirá algún otro instrumento musical entrañable y de calidad, para que cualquier persona de todo el mundo las pueda disfrutar con solo hacer un clic.

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