El primer satélite uruguayo está en fase beta

Las expectativas crecen y las pruebas se vuelven más exigentes a medida que se acerca su fecha de lanzamiento en Rusia, a fines de este año
Mide tan solo 20 x 10 x 10 centímetros, pero es capaz de tolerar la hostilidad del espacio, fotografiar Uruguay con cámaras normales e infrarrojas a 600 kilómetros de distancia y enviar las imágenes a la Tierra. Por lo menos, eso esperan.

Desde hace nueve meses, Antel y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República trabajan en el primer satélite uruguayo, un aparato cuyo diseño, construcción y operación implicó una inversión de US$ 695 mil y que entre agosto y setiembre debe estar terminado. En este momento se encuentra en fase beta, es decir, de prueba, pues si bien cada parte ya funciona por separado, ahora deben hacerlo en conjunto, comunicándose entre sí para realizar las operaciones.

Pequeña gran experiencia

El llamado Antel-SAT es un satélite de clase CubeSat, un estándar creado por la Universidad Politécnica de California (Cal Poly) y la Universidad de Stanford para hacer más accesible esta tecnología espacial. En el caso del satélite uruguayo, está formado por dos unidades juntas, cada una con un volumen de un litro y poco más de un kilo de peso.

Ese pequeño aparato estará orbitando la Tierra por seis meses en el peor de las hipótesis y por 20 años en el mejor de ellas, dice Juan Pechiar, ingeniero líder del proyecto en la Facultad de Ingeniería.

En el espacio, la función del satélite celeste será tomar fotografías del territorio uruguayo tanto normales como infrarrojas. Esas imágenes podrán después ser usadas para investigaciones como medir la temperatura de una nube o prever zonas de riesgo de incendio, cuenta Enrique Maciel, gerente de Transmisión Antel.

Sin embargo, en la Tierra, el satélite ya está cumpliendo con su otro objetivo: generar conocimiento. Es que, con excepción del esqueleto de aluminio, el Antel-SAT fue diseñado o directamente creado desde cero por uruguayos. Por ejemplo, el software es nacional, mientras que los paneles solares de los que se alimenta fueron comprados en el exterior con las especificaciones pensadas en el país.

Un satélite tonto


En el espacio nadie puede prender y apagar el satélite si algo está fallando, no es posible pasarle un trapo a los paneles o recargar la batería si se consume más rápido de lo previsto, explica Pechiar, quien también es docente del Instituto de Ingeniería Eléctrica de la facultad. Por eso, Antel-SAT es una gran prueba para la tecnología uruguaya.

Para minimizar los errores de un proyecto tan caro, sus creadores decidieron hacer un satélite “tonto”, dice Maciel. “La mayoría de las órdenes se las vamos a poder telecomandar desde la Tierra manualmente. Por ejemplo, le vamos a decir cuándo sacar una foto, porque ya sabemos que está sobre un punto específico de importancia”, cuenta el también ingeniero.

Pechiar agrega: “Uno se tienta a automatizar funciones, a programar para que cada vez que pase por arriba de Uruguay saque una foto. Pero ahí estás dependiendo de cien mil factores: que el satélite sepa dónde está, que no es fácil, que esté perfectamente orientado, que tampoco es sencillo, etcétera”.

Entonces, las decisiones serán tomadas por los humanos y no por la máquina. Siguiendo con el ejemplo, las dos veces al día que Antel-SAT haga una pasada útil sobre Uruguay, es decir, que permita la transmisión de información en ambos sentidos, se hará clic desde la Tierra para sacar la foto. “Un error de software podría hacer caer toda la misión”, dice Pechiar.

Satán arrepentido

Pero, antes de llegar al espacio, el satélite debe pasar por una serie de pruebas. Algunas de ellas serán realizadas en Uruguay, como la de vacío térmico, mientras que otras se certificarán en California a través de Cal Poly, por ejemplo, las de resistencia a vibraciones al azar. De cumplir con todos los requisitos, el Antel-SAT viajará a Rusia, donde antes de fin de año será transportado en cohete a una orbita heliosincrónica.

Pero, ese cohete no es uno cualquiera. El Dnepr forma parte del grupo de misiles nucleares conocidos como SS-18 Satán de la antigua URSS, que fueron aprovechados con fines comerciales luego de la firma del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, tras el fin de la Guerra Fría.

Ahora es un taxi de más de 34 metros que se dedica a transportar en un mismo viaje desde grandes satélites de comunicación privados hasta satélites universitarios aún más pequeños que el uruguayo, administrado por la empresa con capitales estatales Kosmotras.

Con la puesta en órbita del Antel-SAT, Uruguay se unirá a la lista de países latinoamericanos que en los últimos meses han lanzado o están preparando el lanzamiento de un satélite nacional. Según Alicia Cuba, gerente de Innovación de Antel, más que una moda, este “es un camino que todas las universidades tratan de transitar, por ser un trayecto validado para obtener conocimiento y generar capacidades”.

Uruguay ya está en ese camino, rumbo al espacio.



En números


US$ 695.000 es el costo total del proyecto, incluido su diseño, construcción y operación. Una vez terminado, entre agosto y setiembre, será puesto a prueba por Cal Poly y, de recibir las certificaciones requeridas, viajará a Rusia, desde donde será trasladado al espacio dentro de un cohete ruso.

17 misiones realizó el Dnepr, el cohete que transportará al Antel-SAT, desde 1999, poniendo en órbita a 62 satélites, según la última actualización de la página web de Kosmotras, la empresa rusa que brinda el servicio. Una vez en el espacio, el Antel-SAT desplegará sus antenas y quedará orbitando la Tierra a 600 kilómetros de distancia.


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