El poder de una plaqueta: la Raspberry Pi

Pequeñas y potentes como una computadora, pretenden ser los cuadernos de la era digital. En Reino Unido, su uso en las escuelas ha revolucionado el sistema educativo; en Uruguay se empiezan a vincular a las aulas de informática
Eben Upton, junto a su equipo de la compañía británica Raspberry Pi, lanzó en 2012 al mercado la microcomputadora a la que nombró igual que su empresa. Y fue sensación en el mercado tecnológico: una computadora de una sola plaqueta pero completa, pequeña como una tarjeta de crédito y capaz de ejecutar un sistema operativo, Linux. Además de todas estas cualidades, había algo mejor: el primer modelo, Raspberry Pi B+, se vendía a solo US$ 35. Es decir que, en aquel momento, por algo más de $ 800 se podía tener (armar) un ordenador personal.

Luego salió el segundo modelo, Raspberry Pi A, que costaba –y sigue manteniendo el precio– US$ 25. La demanda fue mucho mayor de lo que la empresa esperaba; al año del lanzamiento de la primera plaqueta ya había vendido 2 millones.

En Uruguay, a pesar de que el uso no ha explotado en los países en desarrollo, ya hay indicios de que el potencial de este dispositivo va a ser bien aprovechado. Empresas de informática y aficionados a la tecnología ya tienen sus R-Pi para desarrollar proyectos. Pero lo más importante es la cabida que puedan tener las plaquetas en el ámbito de la educación. Por ahora pocos colegios las han incorporado, pero seguramente se vayan sumando con el tiempo y sigan el ejemplo del Reino Unido y otros países de primer mundo, que están preparando a los jóvenes para favorecer el desarrollo de las competencias esenciales del siglo XXI.

En miniatura

Raspberry Pi es una computadora en miniatura; esta es la manera más adecuada y sencilla de definirla. A pesar de su tamaño, es potente como una computadora de cinco años de antigüedad y permite realizar tareas múltiples: desde servir de reproductor multimedia hasta crear robots y dispositivos inteligentes para las casas.

Técnicamente es una Single Board Computer (SBC), computadora de una sola placa, y tiene diferentes entradas para conectar distintas piezas de hardware. La plaqueta de 9 centímetros por 6 centímetros incluye puertos USB, por lo que permite enchufar un mouse y un teclado, y una entrada HDMI, a través de la cual puede conectarse un monitor o un televisor.

También cuenta con una tarjeta SD, a la que se le instala el software, y con puerto Ethernet para conectarse a internet. A su vez tiene una entrada de audio para auriculares o parlantes y otra de micro USB para conectar el cargador –puede ser de celular– para abastecer de energía a la plaqueta.
En resumen, la placa ofrece todas las funcionalidades de una PC, actúa como si fuera la torre de una computadora de escritorio, con la diferencia de que cuesta US$ 25.

Ahora bien, para armarla el usuario tiene que tener conocimientos básicos sobre programación y computación –de otra forma sería dificil comprender los tutoriales que hay en la web, y si quiere que funcione como una desktop convencional, debe agregar otros accesorios, como el monitor, mouse y teclado.

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Su objetivo

Raspberry Pi fue desarrollada, según ha explicado en múltiples entrevistas Eben Upton, CEO de la compañía, en respuesta a una falta de cultura informática por parte de los jóvenes y para popularizar la computación y hacerla alcanzable para escuelas y hogares del tercer mundo. "Crear nuevas generaciones de programadores" es el objetivo del fundador de las minicomputadoras, pues los niños de esta era digital quieren crear y no solo consumir.

Por ser una plataforma muy barata y por su tamaño, que termina con las toscas torres que ocupan espacio en las aulas de informática, ha sido elegida por distintos institutos en el mundo para comenzar a enseñar programación. Y es que, en educación, la programación es un mercado muy grande: según un sondeo publicado en la web oficial de Raspberry Pi, "el 82% de los jóvenes dicen que están interesados en programar y sus padres los apoyan".

La idea de una pieza de hardware que esté al alcance de los estudiantes más jóvenes para que puedan aprender a programar y a crear cosas fue la misión de la Fundación Raspberry desde el principio, y lo que se buscó fue solucionar un problema en el sistema educativo del Reino Unido. Upton, vinculado a la Universidad de Cambridge –en la que estudió–, consideraba preocupante la situación en el ámbito de la informática, pues "nadie quería estudiar programación". Sin embargo, solo con las plaquetas no era suficiente. Se necesitaban, por supuesto, docentes, quienes a su vez requerirían de un entrenamiento. Por eso, la compañía británica lanzó Picademy: un curso gratis de desarrollo profesional dirigido a maestros para proveerlos de las habilidades educativas necesarias para enseñar con Raspberry Pi.

Uruguay ha empezado a seguir el ejemplo y hay algunos colegios que ya utilizan esta tecnología. Manuel Panasco, director de Robotec, una empresa dedicada a la venta de insumos para robótica, señaló que Raspberry Pi "está pensada para el internet de las cosas (IoT), por lo que no pesa tanto el conocimiento tecnológico, sino la idea que se tenga para desarrollar" y que "para enseñar a los chicos lo que es el concepto de IoT, la R-Pi es muy interesante".

A juicio de Panasco, "la robótica educativa busca enseñar todas las disciplinas (matemática, física, mecánica, arte) usando el robot como herramienta"; es decir, no es solo cómo hacer funcionar un robot. Robotec dará sobre fines de abril el primer curso de Raspberry Pi en el país, dictado por expertos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Por su parte, el 14 de abril habrá un evento organizado por .Net MeetUp, que está abierto a todos los interesados en debatir acerca de Raspberry Pi.

A su vez, Robotec le ha entregado un kit de Raspberry Pi 3 (reciente adquisición de la empresa, que se vende a US$ 90) al Plan Ceibal, para que pueda probarlo en sus equipos.

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Rachel Pi

En 2015, Raspberry Pi ejecutó un proyecto para llevar el conocimiento adonde todavía no había llegado internet: Rachel Pi (en español, Hotposts para Áreas Remotas de la Comunidad para la Educación y el Aprendizaje). Es decir, llevar internet a lugares donde no se tiene acceso a la red ni se estima que llegue en los próximos 20 años. Según un estudio de Internet Live Stats, el 55% de la población mundial no tiene acceso a internet.

Por eso es que, a través de Rachel Pi, se proporciona una selección de recursos de internet. Se puede, por ejemplo, usar Wikipedia de manera offline y navegar en el contenido seleccionado de la enciclpedia digital más consultada; también se puede utilizar alrededor de 3.000 e-books de la biblioteca del Proyecto Gutenberg y miles de videos educativos sobre matemática y ciencia. Así, Raspberry Pi ofrece la ventaja educativa de llevar internet a pueblos que todavía no están conectados ni se sabe cuándo lo estarán.

En 2015, la empresa ya llevaba vendidos casi 6 millones de Raspberry Pi. Fue esa popularidad la que permitió a Eben Upton y a su equipo invertir y llevar a cabo este tipo de proyectos. El Fondo Educativo de la Fundación pretende impulsar "la comprensión de la informática a niños que tienen edades comprendidas entre los 5 y los 18 años". En la web oficial está disponible la información de programas puestos en marcha en el Reino Unido pero también en países como India, donde este tipo de iniciativas han tenido resultados destacables.

Según dijo Upton en entrevista con el sitio tecnológico Xataca, una de las metas de la empresa para 2016 es "redoblar los esfuerzos en la misión educativa", y afirmó que uno de los objetivos para este año es América del Sur: "Será particularmente importante para nosotros", confesó.

También sostuvo que "aprender a programar es como aprender a hablar tu propia lengua", para remarcar la importancia de la función didáctica de sus plaquetas, que pretenden generar el primer contacto con la informática en una plataforma abierta.

Afortunadamente para Uruguay, la iniciativa de unos pocos parece contagiar a muchos, y el sistema educativo del país dará un giro beneficioso en su camino en la era digital.

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Avances

Luego de los primeros modelos A y B, salió al ruedo la Raspberry Pi 2 en febrero de 2015 con mejoras muy notables: esta nueva minicomputadora era mucho más potente, con el doble de memoria y seis veces más rápida que la placa anterior (B+). Además, Raspberry Pi 2, por primera vez para estas plaquetas, ofreció compatibilidad con Windows 10.

Después apareció la última de las Raspberry, la Pi 3, que opacó al resto de las plaquetas por algo en particular: tiene wifi para conexión a internet y también bluetooth. Además tiene procesador de 64 bits, lo que la hace 50% más rapida que la Pi 2 y 1GB de RAM. También se mantuvo a US$ 35.

Sobre fines de 2015, Raspberry rompió con todos los parámetros y consiguió lanzar al mercado un modelo aún más barato: Raspberry Zero que cuesta solo US$ 5. Es más pequeño que los anteriores pero igual de potente.


¿Qué puedo hacer con una Raspberry Pi?

Pantalla para auto
No es algo fácil de crear, pero puede lograrse con Raspberry Pi. En internet hay tutoriales. Si sabe de programación, puede ahorrar unos dólares en la pantalla táctil.

Router de wifi
Para extender la conexión de internet en tu casa o tu oficina. Incluso, con una tarjeta SD se puede crear una red para invitados.

Cámara de seguridad
Combinando la Raspberry Pi con un sensor infrarrojo, puede tener una cámara que detecte cada movimiento. Uno de los productos más creados con estas plaquetas.

Mediacenter
Con Raspberry Pi puede tener un reproductor multimedia en la palma de su mano. Para mirar películas donde quiera. Basta con conectarlo a un TV vía HDMI.

Consola retro
Volver a su infancia o a lo que nunca ha vivido también está dentro de lo que ofrece Raspberry Pi, que puede ser emulador de consolas de juego viejas como Atari.

Meteorología
Raspberry Pi también puede usarse como estación meteorológica, utilizando todo tipo de sensores de medición para medir temperatura, humedad, rayos UV, entre otras.


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