El nieto de Cousteau rompió el récord

Tras 31 días sumergido, el oceanógrafo finalizó de forma exitosa su misión, cuyo objetivo era estudiar el océano y concientizar sobre la necesidad de cuidar este ecosistema. Dijo que allí abajo se sintió como en casa
"Para poder filmar un pez hay que volverse un pez", decía la camiseta que usó Fabien Cousteau mientras pasaba por el proceso de descompresión que le permitiría volver a la superficie terrestre, luego de 31 días viviendo en las profundidades del océano, en Cayos de Florida.

El objetivo de la hazaña era investigar los efectos de la contaminación en los arrecifes y recoger datos sobre la fauna marina. Horas después de haber tomado la primera bocanada de aire, el investigador dijo que se sintió como en casa y que le hubiera gustado extender la misión a más de un mes.

La frase impresa en la camiseta la dijo su abuelo, el icónico oceanógrafo Jacques Cousteau, principal inspirador del proyecto Mission 31, impulsado por Cousteau nieto. Esta nueva misión rompió el récord de Jacques, quien pasó 30 días sumergido en la base submarina Conshelf Two y filmó su documental Un mundo sin Sol.

Medio siglo después, su nieto y un grupo de científicos lo hicieron por un día más, en el laboratorio submarino Aquarius de la Universidad Internacional de Florida, en Estados Unidos. Este grupo habitó la base ubicada a 19 metros de la superficie. El búnker tiene el tamaño similar a un pequeño ómnibus y cuenta con aire acondicionado, conexión a internet, cocina y camas para seis personas, además de una ventana con vista directa a las profundidades del océano.

La importancia de permanecer bajo el agua durante todo ese tiempo es que permite obtener una cantidad de datos incomparable con cualquier otra forma de sumersión. De hecho, según estimó una de las investigadoras que participó de la misión, Liz Magee, la cantidad de datos que obtuvieron en este tiempo equivaldría a uno o dos años de investigación desde la superficie.

El resultado, afirmó Cousteau, se verá en más de diez trabajos científicos que se publicarán en los meses posteriores a la misión, con los datos recogidos por los investigadores. Según estimaron, procesar todo el material recabado les llevará meses, incluso años.

Un proceso peligroso


La descompresión "era algo nuevo para mi", sostuvo Cousteau en la conferencia de prensa posterior a su regreso.  "No sabía como iba a reaccionar, ni fisiológica ni psicológicamente", explicó. Es que bajar a las profundidades del océano y permanecer allí por algunas horas es todo un desafío para el cuerpo. A Cousteau y su equipo les llevó más de 16 horas pasar por el proceso de descompresión.

Este proceso es uno de los mayores riesgos del buceo de saturación, técnica que les permitió a los investigadores explorar el océano hasta por nueve horas sin tener que volver al laboratorio. El cambio de presión puede causar embolia, cuyos síntomas pueden ir desde el dolor en diferentes zonas del cuerpo hasta, problemas respiratorios o incluso la muerte.

Por eso, el Aquarius tiene un ambiente presurizado. Así, los buzos no tienen necesidad de pasar por el proceso de descompresión repetidas veces, sino que viven todo ese tiempo en un ambiente adaptado a la presión que hay debajo del agua. Este ambiente ha sido utilizado incluso por la NASA, para entrenar a los astronautas para la microgravedad.

Sumersión tecnológica


En la conferencia de prensa, Cousteau resaltó la cantidad de herramientas tecnológicas que se utilizaron durante al expedición. Una de las que suelen utilizar los buzos, es el descompresímetro digital, algo así como un reloj de muñeca que le permite saber cuantas veces tienen que parar antes de llegar a la superficie para no sufrir los problemas de la descompresión.

Otra de las herramientas más novedosas fue la cámara Edgertronic, un aparato que es capaz de captar las acciones en cámara lenta y alta resolución, tomado hasta 17.791 cuadros por segundo. Lo novedoso de aplicarla en el mar es que les permitió al equipo de Mission 31 filmar criaturas marinas y captar sus acciones con lujo de detalles, para percibir aquello que el ojo humano es incapaz de detectar.

La otra misión que los investigadores tenían era llevar a la superficie todo lo que pasaba a su alrededor a través de la transmisión vía streaming de todo lo que pasaba dentro y fuera del laboratorio submarino. Además, realizaron varias charlas con istituciones educativas a través de Skype y publicaron actualizaciones con fotos, anécdotas y videos a diario a través de las redes sociales (ver interactivo al final).

Todo esto surgió de la idea que Jacques Cousteau panteó 50 años atrás, de crear ciudades submarinas. Aunque puede parecer un delirio, llevar al hombre al inexplorado mundo oceánico es mucho menos dañino que intentar llevar el mar a acuarios para compartirlos con el resto de las personas. Al menos tecnológicamente, vivir abajo del agua es posible, afirmó Fabien Cousteau, y agregó  que todavía hay limitaciones fisiológicas pero se mostró optimista sobre la posibilidad de construir una red de laboratorios submarinos que ayuden a estudiar y comprender más el ecosistema.

El basurero del mundo


La acompañante más joven de Cousteau fue Grace Young,  una ingeniera mecánica de 21 años.  En una entrevista con la revista Earth Island Journal, Young se mostró descorazonada por la cantidad de deshechos que se encuentran en el agua. "Es incluso mas descorazonador ver su efecto en la fauna marina, incluyendo los delfines y ballenas que aparecen muertos en las orillas con sus estómagos llenos de plástico", sostuvo, "el océano se a vuelto el basurero gobal".

De hecho,88% de la superficie de los océanos contiene residuos plásticos, según hallazgos publicados en las  Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Uno de los objetivos de la misión es estudiar cómo la polución está dañando los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más diversos, complejos y fundamentales para la supervivencia de un tercio de la fauna marina. En base a los descubrimientos, explicó, los científicos colaboradores van a desarrollar métodos para medir los contaminantes, para usar el conocimiento en busca de una solución.

 





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