El mejor y peor escenario para Apple

La belleza y la excelencia estarán presentes en el lanzamiento del nuevo iPhone pero, ¿sucederá lo mismo con la innovación?
Desde 2010, Apple tiene a Coldplay como banda de cabecera. Así como los británicos tocaron en un memorial realizado en la sede central de la compañía, en Cupertino, tras la muerte de Steve Jobs en 2011, es posible que suenen en varias oportunidades este martes, antes y después del evento de lanzamiento del nuevo iPhone. La asociación con el grupo liderado por Chris Martin es la metáfora perfecta de la situación que atraviesa la compañía: son atractivos, populares y profesionales, pero no sorprenden.

Durante el lanzamiento, Apple deberá demostrar que está a la altura de las expectativas que ella misma erige con sus secretos, enigmas y filtraciones. Esta barrera, a su vez, viene siendo subida por una creciente masa de fanáticos y una feroz competencia, encabezada por la dupla Samsung-Google.

Las dos caras


En un escenario óptimo, Apple tendrá “algo más para decir”, como decía Jobs en sus presentaciones siempre que iba a mostrar algo revolucionario. Es difícil que consigan este nivel disruptivo con el iPhone por una simple razón: es imposible de mejorar a tal grado. Entonces la sorpresa de la manzana estará en otro dispositivo.

En este mundo ideal, ese gadget dejará como un juguete para niños a su competencia, ya sean los lentes inteligentes de Google, las bandas y relojes que monitorean la salud, o los dispositivos de realidad virtual de Oculus, lo cual incluye los Rift de Facebook o los Gear VR recién lanzados en asociación con Samsung. Cualquiera sea el rubro donde Apple ingrese a competir, cambiará las reglas. En definitiva, tanto los reproductores de música como los smartphones y tabletas ya existían antes de que Jobs presentara los primeros iPod, iPhone y iPad. Su mérito estuvo en incluirles aquellos cambios que los llevaron de novelerías geek a objetos cotidianos indispensables.

Por el contrario, en un escenario pesimista, Apple presentará un iPhone “más”, es decir, más grande y delgado, con una pantalla más resistente o una cámara más potente. Incluso, si se le da un toque optimista a este mundo oscuro, el teléfono inteligente incorporará la resistencia al agua y polvo, pero entonces será otro aspecto en el que llegará “más” tarde que Samsung. Lo mismo sucederá si presenta un simple reloj inteligente.

De darse esta segunda opción, las consecuencias no serán catastróficas. Al fin y al cabo, desde el lunes un grupo de personas acampan en la puerta de la emblemática tienda de Apple en la Quinta Avenida de Nueva York. Alguien que hace fila para comprar un producto que ni siquiera fue lanzado y que no saldrá a la venta hasta semanas después, conservará su fidelidad a la marca sin importar cómo sea el nuevo iPhone. Por otra parte, las acciones podrán caer levemente y la prensa podrá citar las desilusiones de los lanzamientos de los últimos años, pero la compañía seguirá siendo una de las más valiosas y prestigiosas del mundo.

Por qué importa


Sin embargo, unos miles de dólares menos y de decepciones más, si bien no los afectan, deberían dolerles en el orgullo. Para el lanzamiento del martes, Apple eligió como escenario el Flint Center for the Performing Arts, el lugar en Silicon Valley donde Jobs presentó por primera vez la computadora Macintosh, en 1984. Tendrían que honrar al padre de esta innovadora computadora y del aura que disfruta la compañía con un producto que hiciera gritar y aplaudir de pie al público tanto que, quien sea que esté sobre el escenario, solo pueda callar y sonreír durante un minuto, como le pasó a Jobs en aquel entonces.

 



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