El matemático que desata los nudos

Vaughan Jones, ganador del premio de matemática equivalente al Nobel, se encuentra en Uruguay


Tenía apenas cinco años cuando se dio cuenta de que si uno más uno era dos, entonces cien más cien tenía que ser doscientos. Fue a esa edad que el hoy reconocido matemático y profesor neozelandés Vaughan Jones descubrió que era bueno con los números y esa fue la primera razón que lo impulsó a dedicarse a ellos. Hoy, el investigador de 61 años es uno de los matemáticos más reconocidos, sobre todo porque en 1990 obtuvo la Medalla Fields (ver recuadro), el máximo galardón en el mundo de la matemática que suele compararse con el Premio Nobel (que excluye a esta ciencia).

Durante estos días el doctor en Ciencias de la Ecole de Matematiques de Ginebra estará recorriendo el cono sur por primera vez: llega de Buenos Aires y viajará pronto a Brasil. También incluyó a Uruguay en su itinerario, que realiza junto a su esposa. Y aunque el motivo principal del viaje sea hacer turismo, Jones aceptó la invitación de la Universidad de la República para dar una serie de charlas de divulgación sobre su área de estudio, la teoría de los nudos y las trenzas, y álgebras de Von Neumann.

La agenda incluyó una charla el miércoles para investigadores y estudiantes, y una conferencia de prensa en la Facultad de Ingeniería. Horas después, se reunió con el presidente José Mujica en la Torre Ejecutiva.

Hoy a la hora 17, Jones dará una charla (Antel la transmitirá por Vera TV) para explicar al público general el complejísimo campo en el cual se mueve. Por más abstracto que sea, tiene aplicaciones en áreas como la mecánica estadística en física, la matemática y la biología molecular; en concreto, en el estudio del ADN, la molécula de la vida.

Difícil de entender


El académico, que tiene hasta un polinomio con su nombre, no encaja en el estereotipo de señor serio de traje y corbata. El doctor Roberto Markarian, coordinador del área de matemática del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, destacó el estilo informal del profesor, que dio la conferencia con camisa blanca, pantalón de vestir y championes. Pero por más accesible que sea Jones, ni Wikipedia hace que la teoría de los nudos parezca más simple. Él lo sabe, y por eso cuando alguien que no es experto en el tema le pregunta al respecto, está preparado.

Según contó en la conferencia, cuando alguien a su lado le habla en un avión, por ejemplo, ve dos opciones: o cortar la conversación y ponerse a dormir, o explicarle la teoría de los nudos con términos simples. “Las personas hacen nudos, para atar barcos, hacer ropa, desde hace cientos de años. Hay nudos diferentes, algunos mejores que otros. Y hay propiedades físicas, como la fricción, que hacen que un nudo no se salga, o que unos sean más fáciles de desatar”, resumió Jones en su lengua materna (aclaró que para hablar de matemática lo haría en inglés, aunque también habló español). El profesor explicó que el problema fundamental de la teoría de los nudos es ver si se pueden transformar uno en otro solamente haciendo modificaciones, sin cortarlos.
A medida que me hago más viejo, hallo a los estudiantes más importantes, porque todavía tengo muchas ideas y ellos tienen más energía y pueden llevarlas a la práctica”, dijo Jones

En la década de 1980, esta pregunta que parecía puramente matemática y abstracta cobró importancia vital “para el estudio de la vida en sí misma”, en el estudio del ADN. “El ADN es una molécula larga y flexible y su estructura de hélice hace que todo lo que tenga que ver con él esté retorcido; ese torcido produce nudos, y los científicos deben saber sobre esos nudos para manejarlos”, resumió Jones, quien no sabía que sus hallazgos se aplicarían a áreas como la biología molecular.

Según dijo en entrevista con El Observador, es un “desafío interesante” intentar explicar cosas complicadas al público en general, compuesto por científicos, matemáticos y liceales. Se considera un buen docente y es consciente de la influencia que ha tenido en muchas personas. Pero también es al revés. “A medida que me hago más viejo, hallo a los estudiantes más importantes, porque todavía tengo muchas ideas y ellos tienen más energía y pueden llevarlas a la práctica”, dijo Jones, que es profesor distinguido de la Vanderbilt University (EEUU) y profesor Emérito de la Universidad de California, Berkeley. “Además, se convierten en grandes amigos”, añadió.

Para Jones (“y para cualquier profesor”) es reconfortante ver cuando a un alumno se le ilumina la cara por entender algo. Ese es un premio que no tiene el prestigio de la Medalla Fields, a la que Jones se refirió como “un arma de doble filo”. Es que, por un lado, le hizo sentir que su trabajo “valía la pena”; y, por el otro, le demandó más tiempo. “El tiempo que te queda para la matemática es irónicamente menor”, señaló. Y tiempo es lo que más necesita: “Si tengo que resolver un problema serio necesito aislarme, irme solo a algún lugar”.

El otro problema es que luego de ganar “se supone que tenés que ser bueno; algo así como ‘excepcional’, y no lo sos”, lo que conlleva “problemas emocionales”, explicó.

Según el profesor, algo más intrínseco de la matemática (y no derivado de un premio), es la naturaleza “egoísta” de esta profesión, donde cada uno es su “último juez” y “no necesita creerle a nadie”. Además, “no todos pueden ser matemáticos”, dijo convencido, ya que “las personas tienen diferentes dones”. Y si no lo tienen, sería difícil estar en ese campo, como a él le costaría destacarse en un deporte, dijo Jones como ejemplo. A él no le tocó ser un genio del Squash pero sí de los números, y eso le ha dado mucho. “Al final del día, la matemática es el lenguaje de la ciencia” y “existe cierto privilegio en entenderla”.

 


Medalla Fields


“Ir más allá de uno mismo y dominar el mundo”, reza la medalla dorada que da nombre al galardón. El premio se creó en 1920 y fue entregado por primera vez en 1936; se interrumpió durante la segunda guerra mundial y retomó su entrega cada cuatro años en 1950. “Medalla Internacional para descubrimientos sobresalientes en matemática” es el nombre real del premio, que reconoce solamente a matemáticos menores de 40 años y que en términos de prestigio es equivalente al Premio Nobel.


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