El maestro de la ceibalita

Con 15 años, el uruguayo Agustín Zubiaga acaba de ganar un concurso de programación para adolescentes de Google y desarrolla aplicaciones para las XO. Mirá el video de la entrevista


Agustín Zubiaga es programador de Sugar Labs, la organización mundial que desarrolla el software libre que se usa en las ceibalitas, y ha recibido varios premios nacionales e internacionales. El último de ellos lo ganó esta semana en un concurso organizado nada menos que por Google. Sin embargo, solo programa cuatro horas por día, ya que sus padres no lo dejan estar más tiempo frente a la computadora. Es que Agustín tiene solo 15 años.

Con cuatro horas por día y trabajando en paralelo para otro proyecto personal, Agustín fue seleccionado por el gigante de internet como uno de los 20 adolescentes de entre 13 y 17 años ganadores de Google Code-in 2012. El concurso, donde se presentaron 344 estudiantes de 36 países, busca fomentar en los más jóvenes el gusto por el desarrollo de software de código abierto, es decir, accesible sin costo para todo el mundo.

El desafío consistía en completar diferentes tareas en el plazo de siete semanas, con el apoyo de un mentor perteneciente a una de las instituciones asociadas al concurso. En el caso de Agustín, trabajó junto a Sugar Labs, organización con la que lleva dos años colaborando. Sí, desde que tiene 13 años.
Es un genio de la informática”, afirma Verónica Massa, directora de la UTU de Rafael Perazza, de donde Agustín acaba de egresar

Dado lo acotados de sus tiempos, el adolescente de Puntas de Cañada Grande, San José, optó por hacer pocas tareas de alto puntaje. Una de ellas fue crear una aplicación para poder ponerle fondo de pantalla a las computadoras con el sistema operativo Sugar, es decir, colocarle una imagen al menú de inicio donde están los clásicos íconos ubicados en forma circular de las XO.

Agustín explica que esta función será muy bienvenida por los usuarios de Sugar, ya que hay encuestas que indican que les gustaría poder personalizar más sus computadoras. Por eso, tiene la esperanza de que su creación sea incluida en futuras actualizaciones de este software libre enfocado a los niños y la educación.

De todos modos, esta no sería la primera aplicación –o actividad, como se le llama en Sugar– que Agustín desarrolla un entorno gráfico que se incorpora al software. Su creación Graficar, similar al Excel, viene preinstalada en las ceibalitas. “Es la actividad con la que me hice conocido en Sugar Labs”, cuenta.

Esa reputación es la que le permite hoy en día programar en un modelo de computadora de la organización One Laptop Per Child que todavía no salió al mercado. Esta notebook blanca y verde fluorescente con pantalla touch y en fase de prueba, se la enviaron por correo desde Estados Unidos.

Allí, Agustín está trabajando junto a Daniel Francis, otro adolescente programador pero de Montevideo, para crear un administrador de chat que permita usar servicios como Google Talk o el chat de Facebook. En este momento se puede acceder a estas herramientas solo desde internet, pero los primeros modelos de XO son muy lentas para ello, explica el joven.

También dice que no le preocupa lo que vayan a pensar los maestros y profesores de esta aplicación ideal para las distracciones. Él ya ha trabajado junto a ellos, dictándoles cursos de programación. “Es un genio de la informática”, afirma Verónica Massa, directora de la UTU de Rafael Perazza, de donde Agustín acaba de egresar.

En marzo Agustín va a empezar cuarto año y, a las pocas semanas, el 28 de abril, viajará durante cinco días a Mountain View, California, para conocer la sede central de Google, privilegio que obtuvo por ganar el concurso internacional. Así es su vida: mitad adolescente uruguayo, mitad programador internacional.

 


Más que un hobby


Agustín no solo sabe de programación, carrera que estudiará luego de terminar el Bachillerato que recién empieza este año. También habla de la historia de su área, por ejemplo, del lenguaje de programación con el que escribe para Sugar, Python, creado por Guido van Rossum en 1991 y nombrado en honor a los Monty Python. Una prueba más de cómo una vocación se puede despertar desde muy temprano.


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