El lugar donde se estudia la actividad paranormal

La Universidad de Virginia tiene un laboratorio donde las experiencias cercanas a la muerte, los recuerdos de vidas pasadas y otros fenómenos son investigados de manera científica
La División de Estudios de la Percepción (DOPS, por su sigla en inglés) no es una institución inventada para justificar alguna película de terror o la última saga de los X-Men. Es un laboratorio tan real como prestigioso que se encuentra en la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia, donde desde hace casi 50 años se estudia de manera científica la actividad paranormal.

Según se explica en su sitio web, su misión es "la investigación empírica científica de los fenómenos que sugieren que los supuestos científicos y teorías actualmente aceptados sobre la naturaleza de la mente o de la conciencia y su relación con la materia pueden ser incompletos".

Los fenómenos paranormales que se estudian en DOPS van desde niños que dicen recordar vidas pasadas hasta experiencias de muerte cercana, pasando por apariciones. Es decir, todo lo que puede verse en guiones de películas de terror. La diferencia con el cine (y similitud con el método científico) es la forma en que estos investigadores se acercan al problema. "Sólo intentamos encontrar la verdad", dijo a la revista The Atlantic Jim Tucker, un psiquiatra infantil que trabaja en el laboratorio.

Con los pelos de punta


Tucker tiene como principal línea de investigación los casos de niños que dicen tener recuerdos que no les pertenecen, muchas veces vinculados con personas que vivieron en otro tiempo y lugar. Según The Atlantic, el doctor considera que estos descubrimientos sugieren la plausibilidad de "la supervivencia de la personalidad después de la muerte". En otras palabras, una suerte de reencarnación parcial.

En la web de DOPS se detalla que esos niños suelen hacer comentarios como: "Tuve otra mamá/papá", "Cuando yo era grande... (solía tener ojos azules/un auto, etc.)". "El mayor esfuerzo es documentar lo más cuidadosamente posible lo que el niño dice y determinar qué tan bien coincide con una persona muerta", dijo Tucker a The Atlantic.  Y agregó: "En los casos más fuertes, esas similitudes son muy convincentes".

Uno de estos casos fue narrado por Tucker durante una entrevista con la radio NPR a principios de enero. Se trata de un niño de Luisiana llamado James Leininger, quien decía tener recuerdos de volar un avión de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Desde los 2 años, el pequeño tenía pesadillas de aviones que se estrellaban de forma violenta. Durante el día, recordaba el nombre de un portaaviones ("Natoma") y el de un amigo (Jack Larsen). También detallaba cómo había muerto tras ser derribado por los japoneses cerca de Iwo Jima. La descripción del niño no solo coincide con los registros del único piloto de la base estadounidense de Natoma que murió cerca de Iwo Jima, sino que además el piloto del avión más cercano en ese momento se llamaba Jack Larsen.

Este y otros tenebrosos casos y líneas de investigación en DOPS tienen numerosos detractores entre la comunidad científica. No obstante, el laboratorio sigue trabajando, en busca de llevar al campo de lo empírico lo que hasta ahora es material de ficción.

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