El Hércules, el tiempo y el aterrizaje en la Antártida

No solo las condiciones del tiempo retrasaron la llegada de la misión antártica a la Base Artigas. A la ida, un incidente con el avión obligó a apagar uno de sus cuatro motores y a esperar por un repuesto en Punta Arenas
Una serie de condiciones encadenadas debieron darse para que la primera misión antártica del verano llegara destino, para relevar a los funcionarios que están allí hace un año (y quieren llegar a tiempo para Navidad) y realizar las actividades científicas y de mantenimiento en la Antártida. Las condiciones meteorológicas favorables son vitales, ya que abren o cierran la puerta de entrada al continente. Desde el martes, la puerta estaba cerrada. Pero otros dos factores estaban evitando que esta primera misión antártica del verano 2012-2013 partiera de su escala de tres días en Punta Arenas, Chile.

Uno de ellos era el avión. El Hércules C-130, que la Fuerza Aérea Uruguaya utiliza para estas misiones, falló en el vuelo de ida desde Montevideo. Técnicamente no se averió, sino que el piloto, el Coronel (Av) Luis de León tomó la decisión de poner en bandera uno de sus motores por precaución. Es decir, apagó uno de los cuatro que tiene el Hércules y voló de esa forma la última hora de viaje. Según explicó de León a la prensa una vez en tierra, lo que falló fue el gobernador de hélice, que en este caso es una caja de válvula (mantiene la presión hidráulica) y una de bomba (da la orden de qué cambiar).

“Cuando nosotros hacemos una secuencia de movimientos de hélice (los cuatro motores), se lleva un potenciómetro que mantiene todas ecualizadas a una para que no moleste el carril (ese ruido fuerte del avión mientras vuela). Cuando las revoluciones por minuto de la hélice empiezan a moverse, lo ideal es sacarlo (a ese motor) de la frecuencia y tratar de mantenerlo fuera del sistema de las otras tres”, dijo de León el miércoles. Como esas vibraciones no son buenas para el motor, decidió apagarlo, teniendo en cuenta que este avión puede volar con tres motores con seguridad. Como la reparación no se puede hacer durante el vuelo, se espera a llegar a tierra, detectar el fallo y arreglarlo.

En este caso, se debió traer un repuesto desde Santiago de Chile, donde hay otro Hércules con gente de la Fuerza Aérea Uruguaya trabajando allí.

De León aseguró que se trató de una falla “estándar”. De hecho, el Hércules argentino que venía delante de este sufrió el mismo percance y debió retornar hasta Río Gallegos, en la provincia argentina de Santa Cruz.

Instalar el repuesto demora unas cuatro horas y las pruebas son todas en tierra. “Se pone la parte nueva, se prueba, se hace un reglaje y se sale a volar”, resumió el Coronel. Pero ahora la misión dependía de otros factores.

Primero, de las condiciones meteorológicas, que no se han dado. Segundo, del equipo en tierra que ayudará al Hércules uruguayo a aterrizar en la Antártida, en el aeropuerto chileno. Es la llamada radioayuda que se precisa para hacer un aterrizaje instrumental, es decir, no visual. Los techos de nubes sobre la pista impiden ver a los pilotos, que solo ven la pista cuando están demasiado cerca de ella. Como este equipo estaba en mantenimiento a la hora en que llegó el Hércules a Punta Arenas, tampoco se hubiera podido seguir de largo hacia la Antártida. “Cuando llevás pasajeros lo mejor es hacer el vuelo lo más seguro posible, que es instrumental”, dijo de León, que aseguró que todas estas son situaciones típicas de un viaje al continente blanco. “Esto es la Antártida”, sentenció el Coronel, que vuela a ese sitio desde 1991.

Hasta el viernes la misión seguía varada en Punta Arenas, esperando a que todas estas condiciones coincidieran en tiempo y espacio de una vez. El sábado, la ansiedad se convirtió en sonrisa cuando las más de 40 personas pudieron llegar a la Antártida y empezar a disfrutar de la ciencia sobre hielo.

 



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