El genoma de la mosca tse-tse, un arma para ayudar a 70 millones de personas

Tras 10 años de trabajo, un consorcio internacional publica el genoma completo de la mosca tse-tse, que puede ayudar a erradicar la enfermedad del sueño
El año pasado en Dingila, un pueblo de la República Democrática del Congo, un hombre andaba por el lugar insultando a todo el que le quisiera escuchar. Era un vagabundo de 35 años, sin familia, y había perdido la cabeza. Unos años antes, los médicos le habían confirmado que sufría la enfermedad del sueño, una dolencia que transmite la picadura de la mosca tse-tse y que amenaza a 70 millones de personas en África. En la fase más avanzada de la enfermedad, el parásito que transmite la mosca entra en el sistema nervioso y causa arranques de agresividad, trastornos psiquiátricos, convulsiones y la tendencia a no poder dormir durante la noche y caer rendido durante el día. Sin tratamiento, la muerte es segura.

Aquel hombre era el ejemplo andante de los estragos de la tripanosomiasis, una enfermedad olvidada que sufren unas 20.000 personas en 36 países de África subsahariana. Dingila es uno de los epicentros de la lucha contra la dolencia y la RDC uno de los países donde más se sufren sus efectos. Trabajar aquí es sumamente complicado. “El acceso es limitadísimo, muy pocos puentes están en pie y hasta nuestra base en Dingila, con unos 40.000 habitantes, es muy limitada”, explica a Materia Julien Potet, asesor de Enfermedades Tropicales Olvidadas de la ONG Médicos Sin Fronteras. Una de las escenas que más le impresionó a su llegada a Dingila el año pasado fue la de aquel hombre que vagaba fuera de sí sin que nadie pareciese oírle.

A partir del jueves, un descubrimiento científico aporta algo de esperanza en otro frente contra la enfermedad: el control de la mosca tse-tse. Tras 10 años de trabajo, un consorcio internacional de 148 científicos en 18 países ha secuenciado el genoma completo de la mosca (Glossina morsitans). Es el equivalente a lo que se hizo con el genoma humano en 2003 y se ha logrado con una dosis de esfuerzo mayor, pues hay muchos menos especialistas en este campo y la financiación ha sido 300 veces menor.

Los resultados aclaran aspectos clave de la vida de un animal excepcional. Para empezar, esta mosca no pone huevos, sino que alimenta a una única cría cada vez con una sustancia similar a la leche y después la trae al mundo de forma vivípara. Con el nuevo genoma en la mano, este proceso puede convertirse en un talón de aquiles al descubierto. El genoma detalla los genes que la madre usa para alimentar a la larva y, en especial, señala un “factor de transcripción que funciona como una llave maestra en el proceso de cría”, explica a Materia Matthew Berriman, jefe de Genómica Parasitaria del Instituto Sanger (Reino Unido) y uno de los científicos que arrancaron el proyecto internacional de secuenciación en 2004. Si se consiguiera irrumpir ese factor, dice, se podría erradicar la mosca tse-tse.

El proyecto apunta a otras dos posibilidades para controlar al insecto. La primera tiene que ver con el olfato de la mosca y su conocida tendencia a dirigirse a objetivos de color negro y azul. Ambos sistemas le sirven para encontrar su único alimento: la sangre. Al picar, la mosca introduce en el cuerpo el tripanosoma que desencadena la enfermedad. La picadura también afecta al ganado generando pérdidas millonarias en las zonas endémicas. El nuevo genoma desvela ahora los genes que gobiernan el olfato y la visión del insecto lo que, a su vez, puede servir para crear trampas más atractivas para el especial olfato de la tse-tse o sus preferencias cromáticas, algo que en cierta medida ya se aplica, detalla Berriman.

La segunda posibilidad es más sorprendente. Dentro de la tse-tse se han encontrado fragmentos genéticos de un virus que transmite una avispa. La avispa inyecta larvas en sus víctimas, lo que acaba por matarlas. “Si pudiéramos encontrar a esa avispa la podríamos usar para combatir a la tse-tse en las zonas de mayor presencia”, explica Berriman. Por el momento no se ha podido identificar la especie de avispa cuyo virus está aún presente en el ADN de la tse-tse.

Hacia la erradicación


La secuencia genética completa desvelada el jueves en la revista Science y publicada en abierto contiene 12.000 genes que codifican proteínas. Ambos muestran las claves de muchos otros procesos fisiológicos de los que se podría sacar provecho en un futuro. “Este estudio es muy útil, sobre todo para crear mejores métodos de control”, reconoce Potet. Ahora que se conoce el genoma completo de la tse-tse se podrán perfeccionar, por ejemplo, los intentos de crear moscas estériles gracias a modificaciones genéticas, resalta.

A pesar de las limitaciones, las campañas de diagnóstico y la ampliación del acceso a los fármacos contra la enfermedad del sueño han contribuido a reducir los casos registrados en los últimos años hasta llegar a los 7.200 de 2012. Sin embargo, las organizaciones que operan en el terreno saben que la incidencia de la enfermedad en las zonas más remotas puede ser mucho mayor y que aún hay lugares donde la ayuda no llega. Dingila, el pueblo de la RDC, es en este sentido un oasis de esperanza porque, en estos momentos, se está realizando allí un análisis clínico con un nuevo fármaco que sustituye las procelosas inyecciones actuales por un tratamiento oral más fácil de administrar. “Los primeros resultados los tendremos a principios de 2015?, señala Potet.

Erradicar la tripanosomiasis, un objetivo declarado de la Organización Mundial de la Salud, requiere aún mucho esfuerzo. Por jemplo, la aplicación práctica de esta nueva riada de información genética no es fácil y hace falta tiempo. “La secuenciación del genoma del mosquito de la malaria aún no se ha traducido en usos prácticos 10 años después y creo que ese va a ser también el caso de la enfermedad del sueño”, reconoce Berriman. Primero hay que construir una comunidad científica cada vez más numerosa en torno a esta dolencia y continuar el estudio genético de la mosca para “conocer mejor al enemigo”, resalta.

 

Vía Materia

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