El dulce digital también pica los dientes

"Candy Crush", disponible para dispositivos móviles y online, tiene los ingredientes perfectos para ser un juego atrapante y lucrativo
Fui advertido antes de escribir este artículo. Sabía en lo que me metía cuando avisé a mis contactos en las redes sociales que, por fin, iba a meterme en el tenebroso y multicolor universo de Candy Crush Saga. “Mirá que es un viaje sin retorno”, “¿me regalás una vida?”, “bienvenido al mundo dulce”, fueron algunas de las frases que recibí.

Los números parecían darle la razón. Quince millones de personas juegan diariamente a Candy Crush y 66 millones utilizan los juegos de King, la empresa creadora. Lanzado al mercado en noviembre de 2012, para ese diciembre el juego ya contaba con 10 millones de descargas.

La dinámica es sencilla pero adictiva. En un puzzle colorido formado por caramelos, el jugador debe mover los dulces de manera de lograr que tres o más queden en línea, desaparezcan y sean remplazados con otros. Todo brilla, la música circense se queda en la cabeza, mientras que la voz profunda que dice “sweet” y “delicious” alienta a más. Y, como siempre pasa, los primeros niveles del juego son sencillos.

Al superar las primeras instancias, el juego invita al usuario a compartir los resultados en Facebook e indica a qué amigos ha superado. Otro ingrediente para la adicción perfecta: interacción y competencia en las redes sociales.

¿Qué más se puede agregar a un juego para atrapar? Que se pueda jugar en varias plataformas. Internet, Facebook, iOS, Android, todo sirve para llevar el Candy Crush a cuestas y conservar el nivel alcanzado a pesar de cambiar de plataforma.

De los más de 400 niveles existentes (se agregan nuevos periódicamente), Alejandro Butler, director de la agencia de comunicación Improfit ha pasado los 300. Parte del secreto, en su opinión, es que Candy Crush “aunque parece que no, tiene un componente de estrategia sutil, muy interesante. Me gusta que sea desafiante pero posible siempre. La mezcla justa de destreza y azar”. Y agregó: “El diseño de su dinámica de juego, que permite resolver una jugada en pocos minutos, no te deja enganchado por horas, sino que te ofrece espacios cortos de distracción. Eso hace que lo puedas jugar en muchos huecos y tiempos muertos”.

En internet la fiebre parece no tener límite. King ya sobrepasó a Zynga como la mayor desarrolladora de juegos para internet y Candy Crush superó a Angry Birds como el juego más popular. Se especula con que la empresa salga a la bolsa a fines de 2013, mientras sigue ganando dinero.

Dinero dulce


El Candy Crush es gratuito. Sin embargo, para los más ansiosos (o de destreza escasa), King permite comprar elementos que ayudan a pasar niveles. Por ejemplo, por US$ 1,90 es posible adquirir un martillo con forma de chupetín que rompe caramelos y permite pasar de pantalla cuando el usuario está corto de movimientos.

No parece mucho dinero, pero si se lo multiplica por el número de jugadores los números se disparan. De hecho, según el sitio de estadísticas de aplicaciones App Annie, en mayo Candy Crush fue el juego de mayor ganancias en iOS (además del más descargado para iOS y Android).

También se pueden comprar vidas extras para no tener que esperar 30 minutos antes de volver a jugar desde el momento en que se pierde la quinta vida.

Por eso Candy Crush es un juego freemium, un híbrido entre free (“gratis”) y premium. En otras palabras, es gratis de bajar y jugar, pero resulta más sencillo si se ponen unos dólares. A King le ha funcionado: en un año cuadruplicó sus ganancias, llegando a los US$ 500 millones.

La malicia más deliciosa


“Los juegos solían ser diseñados para crear diversión”, dijo en una entrevista Eric Trueheart, guionista de cine y aficionado a los juegos. Y continuó: “Ahora la primera media hora de juego puede ser atrapante, pero luego deliberamente el ritmo baja o se hace frustrante a no ser que el jugador ponga dinero”.

Frustración es la palabra que muchos jugadores de Candy Crush repiten cuando no pueden superar un nivel. Recuerdan cuál fue el nivel que los tuvo estancados durante días o semanas. Sin dudas, ese sentimiento combinado con “la próxima será la vencida” son parte de la adicción.

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