El dolor nuestro de cada día

El Museo de Ciencia de Londres exhibe cuatro casos extraordinarios relativos al dolor. Hay personas incapaces de sufrirlo, lo que las hace vulnerables, mientras que otros sienten dolencias imaginarias


Un mundo sin dolor es una utopía recurrente. La medicina y la farmacología intentan disminuirlo de manera drástica con el uso de ejércitos de analgésicos que surgen cada año. Sin embargo, el dolor físico es una necesidad. Sin él, el mundo es muy peligroso y la vida puede ser breve y difícil.

Es el mundo que habita Steve Pete. Nacido en el estado de Washington, Estados Unidos, con el desorden genético llamado analgesia congénita, es incapaz de sentir dolor físico. Pete no necesita anestesia si le sacan una muela y nunca en su vida le ha dolido la cabeza.

Pero el dolor es un sistema vital de advertencia para el cuerpo: avisa cuando la persona está haciendo algo dañino y debe detenerse, y alerta si algo está mal, algo que Pete ha aprendido por las malas.

Yeso abundante


El de Pete es uno de cuatro casos personales sobre el dolor destacados en una nueva exhibición del Museo de Ciencia en Londres, según reseña la edición digital de BBC Mundo.

Pain Less (sin dolor) explora el creciente conocimiento que la ciencia está ganando en las complejidades de esta experiencia sensorial humana tan básica y las posibles terapias, desde la realidad virtual hasta el veneno de las arañas.
La exposición Pain Less (sin dolor) explora el creciente conocimiento que la ciencia está ganando en las complejidades de esta experiencia sensorial humana tan básica y las posibles terapias, desde la realidad virtual hasta el veneno de las arañas

La condición de Pete salió a la luz por primera vez cuando era un niño en dentición y masticó parte de su lengua sin darse cuenta.

Fue un problema constante mientras crecía. Pete admite que él y su hermano, que tiene la misma condición genética, no tuvieron la misma influencia restrictiva que otros niños.

Pete participa ahora en un estudio sobre su condición, con la esperanza de que una mejor comprensión de su mutación pueda ayudar a aquellos para quienes el dolor es un problema muy presente.

Sensaciones fantasmas


La otra cara de la moneda del dolor es Peter King, otra extraordinaria historia en la exhibición del museo.

Mientras que Pete nunca sufre dolor, King lo tiene siempre. Lo siente en una extremidad que ya no está ahí: su brazo izquierdo, que fue amputado hace 20 años. Lisiado en su lado izquierdo por la polio, a King nunca le funcionó mucho el brazo, solo le dolía.

Después de una lesión adicional cuando cumplió 50 años, los médicos tomaron la decisión de amputar por encima del codo, una operación que esperaba curara también su dolor.

Pero aunque el brazo de King esté ausente físicamente, permanece la sensación.

King tiene una extremidad fantasma y, como muchos que experimentan algo así, no se mueve libremente. Más bien está fija en una posición dolorosa y tiene puntadas ardientes en el brazo y la sensación de que su muñeca está amarrada firmemente.

“En una escala de uno a diez”, afirma, “mi dolor está en ocho”.

El dolor y la sensación experimentadas en extremidades fantasmas, de nervios que ya no están allí, ha interesado a científicos durante décadas, y para quienes lo sufren, como King, los analgésicos no funcionan.
El dolor y la sensación experimentadas en extremidades fantasmas, de nervios que ya no están allí, ha interesado a científicos durante décadas, y para quienes lo sufren, como King, los analgésicos no funcionan

Pero King ha estado probando una nueva técnica que usa un sistema computarizado Kinect de reconocimiento de movimiento y un casco de realidad virtual para engañar a su mente para que piense que una imagen volteada de su brazo derecho es realmente su brazo izquierdo, moviéndose y realizando tareas.

Cuando mueve el derecho, el izquierdo también responde y admite que engañó a su cerebro.

Pero la gente con relaciones extrañas con el dolor, como Steve Pete y Peter King, contribuyen con más que historias interesantes.

Al entender qué estaba mal con ellos, los científicos están empezando a descifrar las complejidades de la relación entre el cableado físico de los circuitos que se relacionan con el dolor y la influencia del cerebro humano al experimentar y procesar el dolor.

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