El correo electrónico, el gran perdedor del año

Si para algo sirve la polémica reavivada de los correos de Hillary Clinton y sus ayudantes es para confirmar que ese formato de comunicación está en el final de su existencia
Por Farhad Manjoo, The New York Times

Cada cuatro años, los expertos buscan consagrar alguna tendencia tecnológica novedosa como la próxima fuerza disruptiva que alterará la democracia de Estados Unidos. La campaña de 2016 ya ha sido la elección Snapchat, la elección Periscope, la elección Meerkat, la elección Twitter, la elección Facebook y la elección meme.

No obstante, durante meses, a esta bizarra campaña no la ha definido tanto la tecnología de punta sino una de las más consolidadas: el correo electrónico. Estamos en 2016, y hemos sido bendecidos con un bochornoso número de formas para comunicarnos de manera segura y conveniente. Pero de lo único que todos hablan es de los malditos correos electrónicos de Hillary Clinton.

Examinemos un misterio básico sepultado en los correos electrónicos: ¿por qué todas estas personas estaban hablando de tantas cosas vía correo electrónico? ¿No conocen las llamadas telefónicas? ¿No han oído hablar de las reuniones cara a cara en estacionamientos de Washington escasamente iluminados? ¿De cualquier otro lugar donde sus conversaciones no hubiesen sido constantemente grabadas, archivadas o sometidas a búsquedas en las próximas décadas?

La respuesta, por supuesto, es que el correo electrónico es tan tentador como ineludible, tanto para Clinton como para el resto de nosotros. A más de 50 años de su nacimiento, el correo electrónico ejerce una asombrosa influencia sobre nuestros asuntos internos.

La exposición de los correos electrónicos de la campaña de Clinton tal vez sea la mayor evidencia de que nos hemos comprometido en exceso con el correo electrónico. Finalmente, estamos viendo las espectaculares señales de su inminente destrucción.

Primer problema: seguridad


El correo electrónico simplemente no está a la altura de los rigores de la vida moderna. Nos produce una falsa sensación de seguridad. Nos incita a revelar nuestros secretos más oscuros y luego los pone al alcance de cualquier pirata informático medianamente decente. Hay alternativas que podrían ocupar su lugar sin los mismos peligros (ver recuadro).

Los últimos correos electrónicos de Clinton provenían de la cuenta pirateada de Gmail de John D. Podesta, el presidente de campaña de Clinton. Envié un correo electrónico a la campaña para preguntar sobre la filtración y sobre las prácticas de seguridad en los correos electrónicos, pero no obtuve respuesta (¿tal vez han dejado de usarlos?).

Se puede entender por qué pueden ser útiles. Tener un solo lugar para hablar de todo es algo que hace que los equipos sean más eficientes. En la campaña de Clinton, el correo electrónico es utilizado como forma de comunicar noticias, fijar tácticas y estrategia, teorizar o chismear. Es usado en lugar de las llamadas telefónicas y las reuniones cara a cara; como mensajero instantáneo, como agenda diaria y como pizarrón colaborativo.

"Esto sugiere que todavía no habían tenido una sensación de seguridad perforada", dice Adam Segal, un experto en seguridad cibernética del Consejo de Relaciones Exteriores y autor del libro The Hacked World Order. "Una vez que se ha tenido esa filtración, no se vuelve a eso. Si alguien tiene algo delicado que decir, utilizará el teléfono o caminará al final del pasillo", explicó.

El caso paradigmático


Un suceso de la primavera de 2015 resulta revelador porque sugiere las ventajas del correo electrónico y sus enormes defectos. A lo largo de tres días, media docena de miembros de la campaña usaron el correo electrónico para hablar de un tema delicado: ¿la campaña debía permitir que personas que cabildean en representación de gobiernos extranjeros recauden donaciones en su nombre? Lo que siguió fue un largo hilo de discusiones, una llamada telefónica de la que alguien dio cuenta en un correo posterior y que nuevamente fue vuelta a poner en discusión, también vía mail. Al final, tras ponerse de acuerdo, Jennifer Palmieri, directora de comunicaciones de la campaña, escribió desde su iPhone: "¡Agarren el dinero!".

En los días subsiguientes a las publicaciones de WikiLeaks, este hilo de conversación se volvió un tema de campaña. Donald Trump hasta se refirió a lo dicho por Palmieri la semana pasada.

Finalmente, vale la pena señalar cuánto tiempo y cuántos correos electrónicos fueron necesarios para que el grupo llegara a su decisión. El correo electrónico a veces nos engaña haciéndonos sentir eficientes, pero raramente lo es. Debido a que es asincrónico y, dado que no tiene límite de espacio y tiempo, a menudo lleva a vacilaciones interminables. Si hubiesen dejado de lado el correo electrónico, los miembros de la campaña hubiesen concretado la decisión en una reunión de 15 minutos y en privado.
En otras palabras, los límites a menudo ayudan. Póngase al teléfono, tome una decisión, deshágase de su bandeja de entrada. El mundo estará mejor si lo hace.

Alternativas al correo electrónico disponibles y más seguras


Si el equipo de campaña de Hillary Clinton hubiese estado usando algún otro sistema de comunicación de los muchos que hay en estos momentos, muy probablemente hubieran evitado este problema.

Un sistema de comunicación más moderno, algo como Slack o HipChat también puede ser hackeado, pero hubiera permitido a un administrador central establecer una política de archivado. Luego de unos días o semanas, este tipo de conversaciones hubiesen sido borradas. Eso es menos práctico para el correo electrónico, que dada su propia naturaleza es descentralizado. Una vez que se envía un correo electrónico, el hilo reside en todos los dispositivos donde lo haya descargado cada receptor.

Aun mejor, una aplicación como Signal, que cifra los mensajes (y que ahora, según se informa, está siendo usada por la campaña), hubiese hecho más difícil descifrar los mensajes en primer lugar.