El complejo superyó del avatar

La psicología detrás de los juegos de rol en los que el usuario puede convertirse en otra persona virtual
Mientras veía en la televisión lo que una paciente decía a su psicólogo sobre Red Light Center en la serie Psi de HBO, anotaba en el block de notas de mi celular el nombre de la plataforma. Personas que derivaban su vida sexual a un juego de rol por internet era un punto de la tecnología que desconocía. Tenía que investigar cómo era.

Al otro día, en el diario, entré a la web y tuve que cerrarla tan rápido como pude. Estaba repleto de avatares de figuras humanas en situaciones pornográficas y el pudor me impedía ver eso en plena redacción. Horas después, me refugié en el sillón del living de mi casa y volví a entrar. Al minuto de buscar, encontré el botón donde me invitaban a crearme un usuario. Seguí paso a paso cada una de sus complicadas indicaciones y así, después de un largo rato, logré tener uno propio. Lo peculiar fue que antes de ingresar mis datos o de certificar la cuenta ingresando a mi correo, me pidió que diseñara mi avatar.

Diseñar el avatar


Me pregunté cómo representarme. Tenía en mis manos la posibilidad de hacerme diferente a lo que soy día a día, tener el pelo que siempre soñé, una altura más adecuada y vestirme diferente. Tenía en mis manos la posibilidad de ser Dios en el mundo virtual. Terminé creando un avatar con algunas características mías y con otras por descarte, puesto que el interés por ver qué pasaba ahí adentro era mucho y no quería perder el tiempo diseñándome.

Una vez adentro de la plataforma descubrí que la imagen era clave en Red Light. Me encontré con otros avatares muy producidos, lo que me hizo entender su importancia.
Con el personaje uno siente la posibilidad de desplegar algunos aspectos que en la vida real no podemos tener y deseamos, aspectos que son parte de la persona pero no en su presentación diaria", explicó Balaguer

Existe una relación interna entre el yo jugador y el avatar, explicó Roberto Balaguer, psicólogo especialista en tecnología. “Con el personaje uno siente la posibilidad de desplegar algunos aspectos que en la vida real no podemos tener y deseamos, aspectos que son parte de la persona pero no en su presentación diaria. Siempre hay cierta oposición entre la vida real y eso que es jugar a ser de otra manera”, dijo.

Cada plataforma tiene una concepción del avatar diferente, que parte desde su concepción inicial. No obstante, existen una serie de estereotipos y convenciones al momento de diseñar esos personajes, porque el avatar “es una caja de resonancia de otros aspectos”, señaló Gonzalo Frasca, catedrático de videojuegos en la Universidad ORT. Por ello, su diseño es algo que se trabaja con mucho cuidado, donde la corporeidad es algo importante, por ser el vínculo entre el usuario y el mundo que se propone.

No obstante, si bien el público de los videojuegos se ha diversificado con la expansión del entretenimiento en los móviles, los títulos AAA, aquellos de mayor presupuesto y promoción (GTA, Assassin’s Creed y Halo, por ejemplo) todavía son diseñados por hombres para hombres.

¿Jugar?


Entré con mi avatar al hall principal de Red Light, una especie de sala futurista al estilo de los pasillos de la Nave Nodriza de Star Wars. Allí, una serie de puertas ofrecen diferentes propuestas sexuales con carteles luminosos que ilustran distintos gustos con siluetas femeninas o masculinas, imágenes reales, videos y toda una parafernalia para atraer.

“Hay un carácter muy lúdico en esto, es más jugar que pretender ser en la vida real”, dijo Balaguer. Sin embargo, tanto en esta como en otras plataformas donde uno pasa a tener un vida paralela, el psicólogo considera que se transita un punto intermedio entre realidad y ficción.

Para la generación de este tipo de juegos es necesario crear un mundo completo, con sus leyes, estética y hasta un sistema económico con su propia inflación. Frasca explicó que la sensación de quienes ingresan a una plataforma así de compleja es de una comodidad absoluta con el mundo que se les propone, por esa imitación de la realidad.

A simple vista, Red Light parece ser muy atractivo por las múltiples posibilidades que promete al usuario. Pero no todo lo que brilla es oro y, si de verdad es oro, es porque tiene muchas horas de desarrollo por detrás.
Esa virtualidad también deja secuelas en la vida real, no es un juego del cual uno vuelve indemne”, opinó Balaguer

Ya desde un comienzo, en Red Light no resulta fácil entender las dinámicas para generar un usuario. A diferencia de otros juegos, son innumerables las opciones que se deben detallar para llegar a ver el avatar en marcha. Es que estos parámetros ayudan a la plataforma a brindarle a la persona una interacción más “real”.

Esa supuesta realidad se desdibuja a causa de los largo períodos de espera que existen entre una pantalla y la otra. La cantidad de detalles perceptibles en cada escenario tiene su costo, que es la sobrecarga de los gráficos y el hacer esperar un tiempo exasperante al atravesar cada puerta. Tal vez con una muy buena conexión a internet resulte más rápido, pero igual jamás resultará naturalmente ágil.

Uno de los cometidos de Red Light es interactuar con otros usuarios en línea de la misma manera que se puede hacer en la vida real, brindándole al usuario una serie de actitudes a tomar cuanto uno se encuentra con alguien en las habitaciones. El problema es que es difícil cruzarse con otro avatar. Y, como sucede con muchos juegos y aplicaciones sociales, sin una adopción masiva del servicio, pierden el sentido.

¿Hasta dónde llegar?


“Cuando se empieza a caminar por estos senderos, uno no conoce el final del camino. A través del juego, se pueden despertar cosas que después pueden ser llevadas a la vida real”, dijo Balaguer al preguntarle sobre las consecuencias de plataformas como Red Light en la cotidianeidad de los usuarios. Por eso, para unos la creación del avatar puede significar una simple diversión, mientras que para otros puede ser un vehículo para ser y descubrir.

En este ámbito como en otros, las patologías pueden aparecer. Cuando la vida virtual se convierten en la más real, el usuario demuestra que precisa ayuda. “Esa virtualidad también deja secuelas en la vida real, no es un juego del cual uno vuelve indemne”, opinó Balaguer.

En mi caso, caminé con mi avatar e intenté interactuar. Pero, lo usé tres veces y me aburrí. No creí nada de ese mundo que me proponían, así que deslicé el mouse hacia el extremo derecho de mi pantalla e hice clic en cerrar, matando a ese otro yo.

 


Ellas que son ellos


Un estudio publicado a principios de este año relevó que 23% de los usuarios masculinos del popular juego de rol World of Warcraft utilizan avatares femeninos, mientras que solo 7% de las mujeres elegían uno masculino. La forma más fácil de identificar a los hombres con avatares femeninos es su uso excesivo de las emociones al chatear y de los saltos en las peleas. De acuerdo con la autora principal del trabajo, Rosa Martey, de la Universidad Estatal de Colorado, estas acciones son inconscientes y la elección se basa en la preferencia de ver “una forma femenina” durante sus horas y horas de juego.


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