El cine desde el sofá

El viejo sistema de distribución del cine y la televisión se ve cada vez más desafiado por sistemas legales e incluso ilegales que llevan sus contenidos a través de internet a una audiencia que quiere ver lo último sin esperar. Su más reciente amenaza es Popcorn Time
"Sos un chorro argentino más en nuestra larga lista”, tuiteó el director de cine argentino Juan José Campanella. El ganador en 2010 del Oscar a mejor película de habla no inglesa por El secreto de sus ojos se refería con ese mensaje a uno de los creadores de Popcorn Time, la aplicación argentina de películas piratas más discutida en las últimas semanas.

Popcorn Time introdujo una novedad en el mundo de los contenidos audiovisuales vía internet: permitió mirar películas recién estrenadas en los cines, pero sin necesidad de bajarlas con complejos procedimientos que incluyen los llamados “torrents”, y que no todos los usuarios conocen. Popcorn le dio un disfraz de Netflix –su estética es muy similar– a la piratería.

Para usar este servicio hacen falta pocos pasos. Se descarga un link, se descomprime el archivo y se ejecuta la aplicación. Después, solo resta elegir la película y sentarse a disfrutar de lo último de la industria del cine. Claro que de forma ilegal.

La facilidad de uso de este programa disponible para Windows, Mac y Linux lleva al consumo pirata a un nivel premium. El sitio de tecnología Techcrunch publicó que Popcorn Time es la “peor pesadilla de Hollywood”, y que no puede ser detenida. Incluso comparó esta aplicación con el revuelo que causó en su momento Napster, un programa que popularizó la piratería de música con un efecto que cambió la industria discográfica.

El suicidio preventivo


Luego de unos días de intensa fama, Popcorn Time desapareció. Sus creadores publicaron una carta de despedida en la que hablaron de la atención mediática que recibieron en Estados Unidos y el mundo. Incluso afirmaron que el programa “fue instalado en todos los países de la Tierra. Incluso los dos que no tienen acceso a internet”.

En la carta también criticaron el sistema de distribución de la industria audiovisual. “La piratería no es un problema de gente. Es un problema de servicio”. Con su “experimento”, dijeron, Popcorn Time demostró “que la gente va a arriesgarse a recibir multas, juicios y cualquier otra consecuencia para poder ver una película reciente en pantuflas. Solo para obtener el tipo de experiencia que merecen”.

Popcorn Time dijo adiós, en parte por la amenaza de su cuestionable legalidad. Según sus creadores verificaron “cuatro veces” y concluyeron que lo que hacían no constituía como piratería porque ellos redireccionan a los usuarios a otros sitios.

Sin embargo, no todos piensan lo mismo. Alejandro Alterwain, abogado del estudio Ferrere especializado en temas de derechos de autor, explicó a Cromo que en el mundo y principalmente en Estados Unidos, hay una tendencia a castigar la explotación sin autorización de productos con propiedad intelectual. Esto, sin importar la “trampa tecnológica” mediante la que se haga.

Por ejemplo, en Suecia en 2009 los creadores de The Pirate Bay fueron encontrados culpables por “facilitar la piratería” y enviados a prisión, al tiempo que el sitio fue entonces dado de baja. Desde entonces resurgió y sigue tan campante con descargas ilegales.

En Uruguay, explicó Alterwain, la protección de los derechos de autor es clara. Bajar una película y almacenarla en un disco duro o en la nube es ilegal y quien lo haga puede tener que pagar una multa. Vender este tipo de materiales sin respetar el derecho de autor implica, además de una multa, la posibilidad de ir preso. Sin embargo, Alterwain sostuvo que es opinable el hecho de que se pueda penalizar al usuario que mira una película en su computadora sin descargarla, usando streaming.

La resurrección


El suicidio de Popcorn Time no lo hizo desaparecer. Su uso amigable y amplio catálogo no son los únicos motivos por los cuales este emprendimiento argentino es tan peligroso para la industria del cine.

Porque, con ese criterio, poco se diferenciaría de sitios como Series y Películas Yonkis o Cuevana, que con sus idas y vueltas siguen en pie, ofreciendo contenidos para streaming y descarga.

Lo especial de Popcorn Time es que está hecho con código abierto, lo que permite que cualquiera que desee modificar, guardar o usar el programa, pueda hacerlo. Por esta razón, en menos de 24 horas otros tomaron la posta.

También por esto mismo la aplicación es susceptible a ataques de hackers. Pero los cibercriminales suelen ser amigos o afines ideológicamente a los proyectos de código abierto y estas amenazas de posibles infecciones de malware todavía no se han concretado.

Alternativas legales


La forma que encontró la industria discográfica para combatir la piratería fue vender las canciones online, con el iTunes de Apple como bandera, así como entregarse a los encantos de YouTube, entre otras estrategias. Mientras, en la industria audiovisual, los sitios en los que el usuario paga por el contenido que mira y lo recibe a través de streaming están creciendo en usuarios y popularidad.

Netfilx es la más conocida en Uruguay. Por US$ 7,99 mensuales, los usuarios pueden acceder a películas y series de distintas épocas, que se cargan con relativa rapidez. El servicio brinda la opción de que, por ejemplo, una familia comparta una misma suscripción y los distintos miembros se creen sus respectivos usuarios, de manera que quedan siempre las preferencias de cada uno.

El mayor éxito de Netflix fue llevar el simple sitio de streaming a otro nivel y convertirlo en una productora de contenidos digitales. House of Cards fue la primera serie realizada y emitida online y obtuvo nueve nominaciones a los premios Emmy, de los cuales ganó tres.

Otra de las particularidades de House of Cards es que, entendiendo cómo los usuarios consumen las series en internet, publicaron cada temporada completa, en vez de hacerlo de a un capítulo por semana.

“Es claro que el éxito del modelo de Netflix demostró una cosa: la audiencia quiere tener el control. Quieren la libertad. Si se quieren ‘emborrachar’ con la serie…, debemos dejarlos emborracharse…”, sostuvo Kevin Spacey, el protagonista de la serie.

Lo que quieren ver


“Dejen a la gente ver lo que quiere y cuando lo quiere y los dólares vendrán atrás”, planteó el periodista Ben Lovejoy en una nota en el sitio de tecnología 9to5Mac. Este es uno de los pocos puntos en los cuales estuvieron de acuerdo Campanella y quienes participaron de la discusión por Twitter que se desató tras los mensajes del director: si la industria del cine no busca una forma de llegar a las personas y darles lo que quieren, pagando precios razonables, la piratería va a seguir creciendo y cada vez con menos culpa.

Así como Netflix, también existen Hulu, que no funciona en Uruguay, y Amazon Video, que ofrece diferentes formas de suscripción. De hecho, según informó esta semana el periódico Wall Street Journal, Amazon planea crear un servicio de streaming de televisión y videos musicales, el cual tendrá tanto una versión gratuita basada en avisos como una sin publicidad a US$ 99 por año. El nuevo jugador en este mundo del audiovisual online ofrecerá programas televisivos y producirá series originales, tal como hace Netflix.

Aún se está lejos de sustituir la piratería con streaming pago. La razón fundamental es que los servicios legales no tienen todos los estrenos como buscan los espectadores actuales. Un buen ejemplo es Game of Thrones, la serie de HBO cuya cuarta temporada está por comenzar. Con 5,9 millones de descargas, la serie fue la más pirateada vía BitTorrent en 2012 y 2013. Si bien en esos dos años el programa fue emitido en directo en muchas partes del mundo, incluyendo Latinoamérica, donde históricamente hay que esperar hasta más de dos meses para ver los capítulos ya vistos en Estados Unidos, HBO prefirió tener los derechos exclusivos del programa. Netflix intentó comprarlos, pero no tuvo éxito.

Los motivos de la piratería son muchos, pero quizá la justificación de las pantuflas que dio Popcorn Time y el de consumir al ritmo propio brindado por Spacey son suficientes para que la industria audiovisual se replantee un cambio en pro de los espectadores.

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