El chico Google

A los 15 años, Ignacio Rodríguez es bicampeón de programación de un concurso internacional; su primera computadora fue una ceibalita
A Ignacio Rodríguez, de 15 años, ya le decían “el chico Google” por los pasillos de la UTU de Canelones, donde este año va a cursar 5º año de bachillerato tecnológico. El apodo se le pegó luego de haber ganado un concurso de programación internacional organizado por el gigante informático. Ahora no se lo podrá sacar. Esta semana se coronó bicampeón al vencer a más de 650 estudiantes de todo el mundo.

La primera computadora de Ignacio fue una XO que le entregaron en 5º año de escuela. En su casa no había internet por lo que, siempre que podía, se iba hasta ahí para conectarse. Al pasar al liceo le dieron una laptop Magallanes –de color azul–, la cual conserva, a pesar de que la dirección de la UTU le regaló “una muy buena máquina” para que siguiera aprendiendo programación. “El año pasado pude conseguir un módem y hacer el concurso”, relató. Luego de ganar el Google Code-in 2013, ANTEL le dio acceso a internet y su mentor estadounidense le dio otra ceibalita para que probara las aplicaciones que programa y corrige durante el año. “Ahora estoy completo”, dice.

Google Code-in es un concurso internacional que invita a jóvenes estudiantes de entre 13 y 17 años a escribir código, crear y editar documentos, corregir errores, diseño de interfaz de usuario, entre otras tareas relacionadas con el desarrollo de software de código abierto. Pero las tareas no son simulacros. “Todo es real. Todo lo que hacemos queda reflejado en las XO; por ejemplo, modificar algún botón en las aplicaciones”, explicó a Cromo.
Todo es real. Todo lo que hacemos queda reflejado en las XO; por ejemplo, modificar algún botón en las aplicaciones", relató Ignacio Rodríguez, de 15 años.

En la edición de 2014, la competencia se prolongó por siete semanas y los participantes completaron un total de 3.236 tareas. Ignacio realizó 84 (la vez anterior habían sido 61). Para cada actividad se concedían 72 horas. “Eso es para que los nuevos no se apuren. Después que le agarrás la mano, terminás en una hora o dos”, dijo con soltura. Cada tarea es revisada por los mentores. A Ignacio le tocó contactarse con profesores estadounidenses, paraguayos y argentinos.

Este año, el uruguayo tuvo que aprender a programar en Javascript. Si bien dijo que al principio cometió errores, le sirvió la base de Java que había visto en la UTU. La vez anterior había programado en Python, el lenguaje básico de las XO. “Las cosas se pusieron un poco más difíciles, como era de esperar, pero me pude adaptar”, afirmó.

Un inconformista


¿Cómo nació su pasión por la programación? Por su inconformismo y su curiosidad. No le gustaban ciertas cosas de su primera ceibalita y quería hacerlas a su manera. Encontró un aviso de un grupo que se llama Python Joven y se contactó con el profesor de informática Flavio Danesse –también docente de Agustín Zubiaga, otro uruguayo que ganó el Google Code-in 2012– para aprender la herramienta.

“A mí me interesaban las cosas distintas. Si no me gustaba la función, quería hacerla de otra forma. Quería saber cómo se hacía. Me llamó la atención que podía hacerlo yo mismo, sin la ayuda de otra persona. Ese para mí es el objetivo de programar”, señaló.
A mí me interesaban las cosas distintas. Si no me gustaba la función, quería hacerla de otra forma. Quería saber cómo se hacía. Me llamó la atención que podía hacerlo yo mismo, sin la ayuda de otra persona. Ese para mí es el objetivo de programar", dijo Ignacio

Su plan a corto plazo es ingresar a la Facultad de Ingeniería –aunque dice no ser bueno en matemáticas y física–, participar dos veces más en el Google Code-in y, de ser posible, conseguir más adelante un empleo en la sede central en Mountain View, en el estado de California (Estados Unidos). Allí viajará en junio por segunda vez para recibir su premio. “Es enorme. Está lleno de bicicletas que podés usar y ves la comodidad con la que trabajan los empleados. Hay jacuzzis y todo eso. Todo lo que dicen es cierto”, comentó Ignacio sobre las condiciones de trabajo que siempre publicita la empresa. Pero agregó: “Están las 24 horas ahí. Están pendientes del trabajo”. A Ignacio parece no importarle. “Siempre que pueda, lo voy a intentar”, aseguró.

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