El canto de la franciscana

Investigadores uruguayos son pioneros en el mundo en la bioacústica de este delfín que habita las aguas de la región y está en peligro de extinción


Los 15 segundos de grabación registrados en 1974 por el uruguayo Gustavo Alcuri eran el único registro en el mundo del sonido que producen las franciscanas, el delfín autóctono del Río de la Plata.

Y así permaneció hasta fines de 2011, cuando Javier Sánchez Tellechea y Walter Norbis lograron grabar a una cría de franciscana, sumergiéndose de lleno en el mundo de la bioacústica marina y de la conservación de una especie autóctona poco investigada.

La ciencia del ruido


Los animales producen sonidos para comunicarse, desde los insectos hasta las ballenas. El fonograma o registro sonoro de un animal puede ser su carta de presentación, revelando datos de su comportamiento.

La bioacústica es la disciplina que se encarga de estudiar estos sonidos. Ya lo adelantaba Mario Delgado Aparaín en su libro El canto de la corvina negra: las corvinas son una de las especies que conforman la sinfonía marítima.
La gente todavía asocia delfines con Miami, Sea World y Flipper, cuando en realidad son especies que también están en Uruguay y en la región”, afirmó Richard Tesore

Los pescadores artesanales saben de memoria este sonido, que genera un temblor sobre el barco y que es la señal para lanzar la red, ya que indica cuándo estos peces terminan de desovar.

Reunir a los peces en cardúmenes e incrementar su captura, atraer a los animales marinos con señales acústicas y diseñar filtros acústicos para las hélices de los barcos, son algunas de las razones por las cuales la bioacústica marina es importante.

Su estudio ayuda a definir los ambientes de los seres marinos, la antesala de la conservación de las especies y la mejora de la pesca artesanal e industrial. Además, revela aspectos del comportamiento de peces y cetáceos, como la distribución, migración y reproducción.

En la red


La franciscana, cuyo nombre científico es Pontoporia blainvillei, enfrenta un grave problema: la muerte incidental debido a las capturas de los pescadores artesanales y barcos pesqueros.

La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la cataloga como una especie “vulnerable”. Pero el biólogo especialista en bioacústica marina Sánchez Tellechea está convencido de que la franciscana se encuentra en peligro de extinción.

Esta es una de las tantas razones que lo motivaron a retomar el camino iniciado por Alcuri en 1974. De aquel primer estudio se desprende que la franciscana podría ser el delfín que emite sonidos más altos en frecuencia de todo el mundo, por ejemplo. Sin embargo, la investigación no lograba desentrañar el misterio de su canto, del que todavía se sabe muy poco.

Un día de trabajo de campo, Sánchez Tellechea comentó a Norbis, doctor en Ciencias del Mar, su conjetura: la franciscana no queda atrapada en la red porque no la ve, sino porque va a comer a la red.

Él creía que el delfín nadaba hasta esa trampa mortal atraído por los peces que quedan capturados allí y que también son productores de sonido. “Es como una campanita para ir a cenar”, explicó. Esta hipótesis fue el puntapié inicial de la investigación, que aún está en curso.

Ecos y silbidos


El siguiente paso consistió en cruzar las capturas de franciscanas con las de peces. El resultado no hizo más que respaldar la teoría: a más peces capturados, más delfines del Plata quedaban atrapados en la red, los cuales terminaban muriendo ahogados.

Luego, el proyecto buscó caracterizar el sonido de la franciscana, es decir, estudiar cómo lo usa exactamente, de qué manera lo emite, qué rango físico tiene y si emite silbido. Para eso, necesitaban otra grabación.
Emitió ecos y aparecen unos pequeños silbidos que no estaban descritos para esta especie”, contó Sánchez Tellechea

A fines del año pasado, Sánchez Tellechea y Norbis recibieron la noticia de que una franciscana bebé había quedado varada en Cabo Polonio. Una vez trasladada al centro de rescate marítimo S.O.S., en Punta Colorada, los investigadores lograron grabarla en acción. “Emitió ecos y aparecen unos pequeños silbidos que no estaban descritos para esta especie”, contó Sánchez Tellechea.

Los delfines producen sonido por medio de aire. La clave está en los labios sónicos y en la llamada bursa. Esta actúa como una pequeña bolsa que se llena de aire y que “empuja” los labios sónicos. De ahí, la onda sonora pasa al melón, la parte de delante de la cabeza, desde donde sale dirigida por el agua.

El eco, si lo hay, se recibe por la mandíbula. Esta es hueca y cuenta con un conducto recubierto de un aceite viscoso receptor de la onda, que se conecta a unas neuronas directo al cerebro. Se trata de un sistema “10 veces más evolucionado que el nuestro”, dijo Sánchez Tellechea.

“Ya tenemos dos partes de tres de esta tesis”, contó el biólogo. La otra es comprobar si la franciscana queda o no en las redes atraída por los sonidos, para lo que propone hacer playbacks: reproducir los sonidos de los peces y engañar a los cetáceos para que se acerquen a los parlantes.

Escuchar para salvarlas


“La gente todavía asocia delfines con Miami, Sea World y Flipper, cuando en realidad son especies que también están en Uruguay y en la región”, afirmó Richard Tesore, quien lleva 20 años al frente de S.O.S. Rescate de Fauna Marina (ver recuadro).

Por su parte, como biólogo conservacionista, Sánchez Tellechea afirmó que el solo hecho de tener datos bioacústicos de la franciscana vale la pena. Agregó que este es un delfín enigmático y que podría ganar el premio de la bioacústica por emitir sonidos en una frecuencia tan alta. De hecho, hasta puede lastimar los oídos humanos.

Es que estudiar el canto de los delfines del Plata también es una manera de salvarlos. Sánchez Tellechea advirtió: “Los animales que coexisten no solo lo hacen separadamente. Si desaparece la franciscana, eso va a generar otros problemas en el ecosistema”.

Escuchá el audio de ecolocación de toninas, grabada en Rocha:




El Flipper rioplatense


 

- Nombres. El Pontoporia blainvillei es conocido como delfín del Río de la Plata y franciscana. Este último nombre se debe al tono marrón de su piel, similar al de la vestimenta de los franciscanos.

- Características. Es la especie más chica de delfines de río. La hembra suele medir 1,6 metros y los machos, 1,7. Pesan entre 29 y 53 kilos, y su promedio de vida es de 15 a 20 años. Su rasgo característico es el pico largo y fino, con sus más de 240 dientes.

- Distribución. Para la Unión Internacional para la Conservación (UICN), la franciscana es nativa de Buenos Aires, Chubut y Río Negro en Argentina, Espírito Santo, Paraná, Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Santa Catarina y São Paulo en Brasil, y Uruguay. Es un delfín de río que también habita aguas oceánicas y estuarios de agua salada.

- Conservación. Está en Lista Roja de animales de la UICN, dentro de la categoría “vulnerable”, un paso antes de “en peligro”. La estimación se basa en un estudio de 2007 que proyectó la disminución de más de 30% de los ejemplares a lo largo de tres generaciones, o sea, durante 36 años. Para el investigador uruguayo Sánchez Tellechea la especie está en peligro de extinción.


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