El arte de levantar un imperio

Así es Urban Empire, un juego de construcción y gestión de ciudades que pretende ir un paso más allá de lo habitual
Año 1820. El emperador del imperio Austro-Húngaro designa a un constructor como el gobernador de una nueva ciudad en una región por desarrollar. La labor de este hombre será la de elegir el terreno, levantar las primeras construcciones y lidiar con los incipientes partidos políticos que podrán –o no– apoyar el avance del progreso. Y por progreso se entiende todo: el avance tecnológico (la revolución industrial está presente), los cambios sociales, las mejoras edilicias y más. Desde el comienzo las elecciones pesan fuerte: dependiendo del constructor que se elija (noble, inmigrante o mecenas de la cultura, para simplificar las opciones) será la ciudad.

En Urban Empire el jugador debe crear un primer distrito que actúa como centro neurálgico de la ciudad. El primer edificio clave es el ayuntamiento, ya que es ahí donde se tomen las principales decisiones del juego.

Urban Empire obliga a estar, literalmente, en todo: contentar a los partidos políticos tanto de derecha como de izquierda, atender las exigencias sociales y monitorear que las necesidades laborales, de entretenimiento, de alimentación, educación y salud estén siempre cubiertas.

Y, además de todo lo anterior, el juego nunca es estático. Con el paso de los años, las realidades internacionales e históricas afectan la ciudad: la urbe del jugador se independiza del imperio, estallan guerras, las mujeres obtienen el voto, la esclavitud es abolida, por ejemplo. Todas y cada una de esas realidades van a golpear a la ciudad y, dependiendo de qué clase de gobernador sea el jugador, será cómo afecten a su pueblo. Con el paso de los años hasta llegará el momento de llamar a elecciones y, quizá, perder el cargo.

Uno de los aspectos más novedosos de Urban Empire es el político. Si no se logra consenso, la ciudad se paraliza. Por mucho que el jugador sea el gobernador y, como tal, el principal responsable de la ciudad, las decisiones tienen que pasar por el pleno municipal. Pero –y de manera dolorosamente realista– estos debates políticos podrán ser modificados usando tácticas poco honestas aunque no por ello menos creíbles como chantajear, usar a las masas para referendos según la conveniencia o aplicar el viejo y querido veto.
Pero atención: en Urban Empire es imprescindible el nivel de satisfacción del pueblo con el trabajo del gobernador. Si no se hace lo que la mayoría quiere, las consecuencias se verán en las urnas, y por tanto, habrá un mayor número de miembros de los partidos rivales intentando impedir cualquier movimiento del jugador.

Cuestión de aprendizaje

Cabe aconsejar a aquellos que busquen explorar este estupendo juego que tengan paciencia. No serán pocos los intentos fallidos o las ciudades que queden paralizadas por la crisis económica o la oposición política. Si no se elije bien dónde poner el presupuesto público o una falta de demanda laboral la ciudad puede quedar con los números en rojo y sin posibilidades de salir a flote.

Tratar de cubrir los más de 200 años que recorre el juego en un primera partida es tanto una empresa titánica como poco probable. Mejor es acostumbrarse a que las primeras ciudades deban ser abandonadas y vuelta a comenzar con el conocimiento de lo aprendido. Porque quién dijo que ser el gobernador de una ciudad sería sencillo.

Urban Empire es creación del estudio finlandés Fragment Production y se encuentra disponible desde enero de este año.

Dinastías

  • Kilgannon: Familia fuerte de la clase obrera con historia en la política y activista por los derechos laborales.
  • Sant’ Elias: Estirpe conocida por su hambre casi voraz por las ideas y el progreso tecnológico.
  • Von Pfilzen: Terratenientes y aristócratas con una fuerte tradición militar y una postura conservadora.
  • Shuyskys: Se enorgullecen de ser cultos. Mecenas de las artes y el teatro; sin experiencia en la política.


Acerca del autor

Rodolfo Santullo