El 3D llega a los dientes

Por primera vez se realizó en Uruguay una cirugía de alta precisión para colocar un implante, con una pieza tallada por una máquina a partir de una imagen en tres dimensiones


Antes, para colocar un implante dental había que hacer un “colgajo”: se cortaba la encía, se separaba el tejido blando y se trabajaba directamente sobre el hueso. Los odontólogos operaban casi “a ojo cerrado”; no había forma de saber cuál era la posición exacta en la que había que colocar la nueva pieza. Luego llegó la tomografía y todo fue más simple. Pero más adelante aún hizo su aparición triunfal la tomografía volumétrica digital, que no solo dio ojos a los odontólogos sino que les permitió algo así como prever el futuro: con esta tecnología, pueden realizar cirugías virtuales y saber qué pasos hay que dar y en qué lugares, incluso antes de tocar al paciente.

El antes y el después que significó en este campo la tomografía maxilofacial (que permite ver no solo la boca, sino prácticamente toda la cabeza en tres dimensiones) tuvo el viernes de la semana pasada un nuevo hito en Uruguay; el consultorio Radiología 3D, en Montevideo, combinó la tecnología de su tomógrafo volumétrico digital con la de una talladora 3D de un colega uruguayo, y lograron llevar al mundo físico lo que hasta ahora veían en la pantalla.

En concreto, lo que se hizo fue tallar no un implante sino una guía quirúrgica para colocarlo, una pieza que determina el campo de acción del odontólogo, quien luego solo tiene que seguir la guía para operar con centésimas de milímetros de precisión. Hasta el momento, las dos empresas uruguayas pioneras en el uso de esta técnica importaban las guías quirúrgicas (una pequeña pieza redondeada con un hueco en el medio, que es el espacio para operar) desde el exterior. Por su parte, Radiología 3D las compraba a la empresa alemana Sirona, pionera en la fabricación de talladoras 3D. La empresa uruguaya no solo pudo aplicar en Uruguay esta tecnología que ya se usa en Europa y Estados Unidos, llamada CEREC Guide, sino que esta vez lo hizo con una guía quirúrgica tallada en casa.

Tallar en tres dimensiones


Existen varias formas de imprimir en tres dimensiones. Una de ellas es la estereolitografía, un polímetro que se endurece vía rayo láser, por ejemplo, para crear el objeto mediante “tiras” que crea cada vez que va y viene. Las impresoras 3D utilizan este método.

Otra forma es mediante un polvo finísimo que se pega mediante un aglutinante (como si fuera harina a la que se le echa agua) y se va endureciendo para crear el objeto. La otra técnica es tallarlo en 3D.

La máquina talladora toma un pequeño bloque de plástico y metal, que contiene la información generada por la imagen de la tomografía, en este caso. Tarda unos cuatro minutos en leer esa información antes de empezar a trabajar, tallando el bloque hasta generar la forma, con las indicaciones que dio la imagen 3D. Utiliza unas fresas similares a la punta de un taladro para dar forma al bloque y si encuentra algún error se enciende una luz roja. Si todo sale bien, enciende la de color verde. En total, tarda unos 17 minutos en crear la guía, una de las tantas cosas que es capaz de fabricar. En el campo de la odontología puede ser desde coronas hasta implantes dentales, aunque estos todavía se importan.

En todos los casos, se utiliza un archivo que contiene la imagen en tres dimensiones, y que da la a máquina las instrucciones para crear el objeto físico. En el caso de Radiología 3D, el archivo es generado por el tomógrafo adquirido en 2011.

Ventajas de hacerlo en casa


Las tecnologías de alta precisión son “mucho menos cruentas en los pacientes”, dijo el director de Radiología 3D, el odontólogo Ricardo Méndez. En primer lugar, porque evitan el agresivo “colgajo”. Con las guías es posible precisar exactamente los ángulos, la dirección y altura del implante; toda esa información está incluida en ella. Y aparte de permitir una operación más benévola y un postoperatorio sin sangrado, explicó Méndez, la operación con una guía es mucho más fácil de realizar para el odontólogo, por lo que no requiere de capacitación extra y, de hecho, puede ahorrar hasta un tercio del tiempo.

Aparte de la productividad, la calidad de la operación también aumenta, aseguró Méndez, ya que la precisión extrema ayuda a evitar operaciones mayores, por ejemplo, para “preparar el terreno” para el implante (remover hueso, por ejemplo).

Pero a los beneficios de la técnica se le suma el hecho de que la pieza sea hecha en el país. La primera ventaja es la misma que antes era el limitante principal: el costo. Según calculó Méndez, las guías importadas rondaban los US$ 800, mientras que haciéndolas en Uruguay cuestan alrededor de US$ 200 (si bien la materia prima sigue trayéndose de Alemania). Hay que tener en cuenta el precio de la talladora, aunque se piense en términos de inversión: cerca de US$ 90.000. Asimismo, se ahorra en términos de fletes, impuestos y otras cuestiones que encarecen la pequeña pieza final.

También se ahorra tiempo. Según contó el doctor, la guía encargada a Alemania tarda alrededor de 12 días en llegar. En cambio, si la pieza se talla aquí, en apenas un día se puede hacer todo el proceso: la tomografía, tallar la guía y operar. De hecho, ese fue el caso del viernes 21 de febrero: se mandó hacer la guía para una paciente durante la mañana, y de tardecita le estaban reponiendo el molar inferior derecho.

“Como todas las cosas buenas esto es un tema de costumbre: si logramos acostumbrarnos a usarlo, va a ser mucho mejor para nosotros y para el paciente”, dijo Méndez, quien no solo utilizó una guía made in Uruguay sino que también adaptó la técnica en sí. Según contó el doctor, la modificó para simplificarla y logró, por ejemplo, hacerla apta para operar en espacios más amplios, es decir, para poder reponer más de una pieza dental de una sola vez. También dijo utilizar fresas orientales: las encarga al especialista Ricardo Carreño, en Minas (Lavalleja), quien las fabrica de forma artesanal.

País chico, trabajo grande


El avance se trató de un trabajo colaborativo. Radiología 3D aportó el tomógrafo y la información, el doctor y docente Eduardo Rodríguez Dorgia cedió su talladora 3D (la única en Uruguay) y el doctor Gerardo Sagastume operó a la primera paciente en San Carlos. Según contó este último, cuando terminó de operar se dedicó a “buscar el error”, recordó Méndez, quien recibió la llamada. Pero no lo encontró: “Era perfecto por donde lo miráramos”, dijo.

La guía que se talló en Uruguay es solo un ejemplo de que el país no quedará fuera de la nueva revolución, que muchos comparan con la Revolución Industrial y que otros aseguran que será, incluso, más importante que ésta. Es que cambiará (ya lo está haciendo) la forma de trabajar, de cuidarse (ya existen, incluso en Uruguay, implantes impresos en 3D para sustituir hueso, y en el mundo ya se experimenta con huesos, tejidos y hasta órganos); incluso de comer (ya trabajan para imprimir comida y llevarla en viajes espaciales), de disparar (la primera arma de código abierto de imprimió y disparó el año pasado), etcétera. En definitiva, cambiará la forma de vivir, y en Uruguay hay profesionales que están colaborando a tallar ese futuro.

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