EEUU autoriza una nueva tecnología nuclear a la que se oponen sus científicos

El proyecto SILEX promete obtener uranio enriquecido de forma más barata y eficiente. Varias asociaciones científicas denuncian que hará más fácil fabricar bombas atómicas y exigen que se haga un estudio de los riesgos


Mientras EEUU despliega toda su fuerza por el mundo para evitar la proliferación nuclear, incluido el uso de embargos económicos, bombardeos selectivos o sofisticados virus informáticos, el país acaba de autorizar nuevos sistemas de enriquecimiento de uranio en suelo propio.

Separación de Isótopos mediante Excitación Láser, SILEX. Así se llama el sistema que un consorcio formado por General Electric, Hitachi y la empresa canadiense Cameco van a instalar en los alrededores de Wilmington (Carolina del Norte). Será la primera vez que un ultrasecreto procedimiento de enriquecimiento de uranio usando rayos láser se ensaye a gran escala. Si funciona, podría jubilar a las tecnologías de hoy y acabar con la dependencia de EEUU del uranio enriquecido importado pero al precio de mostrar el camino a otros.
SILEX no produce emisiones térmicas o químicas diferenciadas que pudieran revelar la localización de una planta clandestina”, explica el investigador Scott Kemp

Pensado para conseguir combustible más barato y eficiente para las centrales nucleares, buena parte de la comunidad de físicos estadounidenses cree que esta nueva tecnología hará más accesible la bomba atómica a países como Irán o Corea del Norte.

La Comisión Regulatoria Nuclear (NRC) de EEUU decidió, tras tres años de estudios y análisis, conceder al consorcio Global Laser Enrichment (GLE) la licencia para levantar la nueva planta la pasada semana. Para la NRC no hay riesgos ambientales ni de salud significativos que impidan la puesta en marcha del proyecto SILEX. Tras los informes enviados por el consorcio, las autoridades estadounidenses creen que la seguridad de la planta cumple con sus exigencias.

“Lo preocupante de SILEX es que es particularmente adecuado para la proliferación nuclear, incluso más que los sistemas de centrifugado”, escribe Scott Kemp, profesor de ingeniería y ciencia nuclear en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y, hasta 2011, asesor científico del Departamento de Estado de EEUU para el control y no proliferación de armas nucleares. A diferencia de las grandes instalaciones necesarias hoy para obtener el uranio enriquecido para alimentar las centrales nucleares, pero también los misiles, esta tecnología exigiría un 75% menos de espacio. Además, necesitaría menos de una décima parte de la energía requerida para los procesos actuales. Otro de sus puntos fuertes es que acorta los pasos necesarios para enriquecer el uranio (ver apoyo).

Desde un punto de vista económico son tres grandes ventajas. Pero, desde el punto de vista de la seguridad, a los expertos no se les escapa que una planta como esta puede pasar demasiado desapercibida. “SILEX no produce emisiones térmicas o químicas diferenciadas que pudieran revelar la localización de una planta clandestina”, añade Kemp. Para el también profesor en las universidades de Princeton y Harvard, “dos rutas viables hacia la bomba es peor que una”.

Tecnología ultrasecreta


Por su parte, GLE aseguró en un comunicado tras la concesión: “La compañía ha trabajado con la NRC, con los Departamentos de Estado y Energía y expertos independientes en no proliferación durante varios años para garantizar la seguridad de esta tecnología y ha cumplido, y en muchos caso superado, todas las regulaciones pertinentes para proteger este sistema”.
Ya estamos lidiando con la manera de hacer frente a la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán”, y la tecnología láser “podría hacer intratable e incontrolable el problema de la proliferación mundial”, dijo Edwin Lyman de la Union de Científicos Comprometidos

Es cierto que encargó un informe a tres expertos independientes para establecer el riesgo de proliferación de SILEX. Pero, como denunciaron miembros de la Sociedad Americana de Física, el secretismo sobre aquel informe y de todo el proyecto SILEX no permiten asegurar que esta tecnología no suponga un riesgo. Antes de la concesión de la licencia, esta sociedad, la Federación de Científicos Americanos y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia pidieron a la NRC que realizara su propio estudio del riesgo de proliferación. La NRC se negó alegando que lo suyo era valorar la seguridad del proceso y las instalaciones y su impacto en la salud y el medio ambiente. Lo demás escapa a sus competencias.

“Ya estamos lidiando con la manera de hacer frente a la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán”, y la tecnología láser “podría hacer intratable e incontrolable el problema de la proliferación mundial”, ha declarado Edwin Lyman de la Union de Científicos Comprometidos a The New York Times. Según Scott Kemp, una veintena de países, incluidos los propios EEUU pero también Corea del Norte, ensayaron el rayo láser para enriquecer uranio en el pasado pero sin éxito. Ahora sin embargo parece que SILEX puede funcionar.

Desarrollado a finales de los años 90 por la empresa australiana Silex Systems, este sistema interesó enseguida a los EEUU. En 1999, la joven compañía se sometió a un acuerdo entre los gobiernos estadounidense y australiano para proteger la tecnología de miradas indiscretas. En 2001 fue oficialmente declarada como material clasificado. Ya en 2006, Silex Systems firmó un contrato con General Electric para desarrollar y comercializar el procedimiento. Dos años después se creó el consorcio GLE y los australianos cedieron el control de su creación a cambio de 42 millones de euros y un 12% de los ingresos que genere SILEX a perpetuidad. GLE construirá ahora la planta y se espera que en 2013 empiece a enriquecer uranio con rayos láser.

 


Las ventajas de SILEX son su peligro


El uranio en estado natural apenas sirve para algo más que lanzarlo como una piedra. El mineral se compone en su mayor parte de dos isótopos diferentes, un 99,2% es U238 y otro 0,72% es U235. Sólo este último es fisionable y por lo tanto capaz de alimentar una reacción nuclear. De ahí que sea necesario enriquecer el uranio, concentrando U235. En las centrales nucleares se usa un combustible enriquecido hasta el 3% o el 5%. Aunque el láser se ha ensayado para enriquecerlo desde los años 70 sin éxito, hoy sólo existen dos técnicas.

Difusión gaseosa

Convertido en hexafluoruro de uranio, UF6, y llevado a estado gaseoso, aprovecha la diferencia de masa entre los dos isótopos para separarlos. Por medio de una serie de sucesivas membranas, el U235, más ligero y activo va siendo enriquecido hasta alcanzar la concentración necesaria para poder usarlo como combustible. Esta tecnología, llamada de primera generación, fue desarrollada en los años 40. Su coste energético medido en unidades de trabajo de separación (SWU, en sus siglas inglesas), que expresa la energía requerida para separar los dos isótopos, es muy alto, en torno a los 100 euros por SWU. Su eficiencia energética es muy baja. Alrededor del 30% del uranio enriquecido procede de esta tecnología ya obsoleta.

Centrifugado

El UF6 es colocado en cilindros centrifugadores. Su giro a gran velocidad hace que el U238, más pesado, sea expulsado, quedando el U235 en el centro. El procedimiento ha de repetirse en cascada en centenares de cilindros conectados hasta conseguir la concentración del 3% de uranio enriquecido. Esta segunda generación, la más usada hoy, tiene un coste de entre 60 y 80 euros por SWU, según Silex Systems.

Excitación por láser

Ensayada durante años en centros avanzados como el Laboratorio Nacional de Lawrence Livermore de EEUU sin éxito, Silex Systems consiguió hacer funcionar esta tecnología. Los detalles concretos se desconocen por ser material clasificado, pero se trataría de usar una determinada longitud de onda del láser para excitar e ionizar los isótopos de U235. Un material magnético se encargaría de atraer las partículas de uranio cargadas. Según documentos de Silex Systems, su coste rondaría los 25 euros por SWU y multiplicaría hasta por 20 su grado de eficiencia.



 

Vía Materia.

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