Dos servicios en peligro de extinción

¿Qué debe tener un videoclub para mantenerse con vida en el siglo XXI? ¿Para qué puede alguien querer ir a un cibercafé? Cromo recorrió varios de estos negocios para descubrir cuáles son las armas con las que se están defendiendo del ataque inminente de la tecnología


Saber en qué película del siglo pasado Humphrey Bogart actuaba como un hombre que se hacía pasar por cura parece ser uno de los trabajos del videoclubista de hoy. O al menos así lo esperaba una clienta de Video Imagen un martes por la tarde. Tras escudriñar la filmografía del actor junto con los empleados del videoclub, el embudo se abrió: ¿y si no era Humphrey Bogart?

Al rato, apareció una pareja con dificultad para devolver las películas en fecha, una mujer mayor que se jactaba de pagar en tiempo y forma –pero que reconocía ser un dolor de cabeza para quien la atendiera– y algún que otro estudiante de cine en busca de esa película antigua que solo está en DVD.

Video Imagen es uno de los pocos videoclubes que se mantienen en pie en Uruguay, luego de que la piratería y la televisión por cable les dieran el gran golpe y servicios online como Netflix se encargaran de cerrarles la puerta del living.

Aquella costumbre de recorrer las estanterías del videoclub del barrio y pasar horas en busca del título perfecto fueron reemplazadas por los algoritmos de sugerencia de Netflix, las listas de últimos estrenos de las páginas pirata y los pocos clics con los que uno puede acceder a cualquier película que desee; o los pocos pesos que cuesta una de ellas en la feria.

Hace cuatro años la ahora inexistente Asociación de Videoclubes y Afines del Uruguay (AVA) denunciaba que la cantidad de estos locales se había reducido a la mitad en tan solo un lustro: de 400 a 200. Ahora, las empresas encargadas de distribuir las películas tratan con un puñado: entre 45 y 80 videoclubes.

Cine vintage


Video Imagen tiene 9.000 títulos y cuenta con el encanto extra de estar dentro de Cinemateca Pocitos. El club mantiene el amor por el cine de su anterior dueño y crítico Ronald Melzer y espera conservar lo que el ahora encargado Gabriel Massa define como cultura de mostrador. “Esa consulta, esa recomendación que es mucho más subjetiva y que no tiene que ver con puntuación sino con tratar de entender la psicología del otro y qué es lo que está buscando”, definió.

Video Imagen es algo más que DVD. Aloja también a la distribuidora Buen Cine. El negocio es, entonces, una pata de un sistema. Y en realidad no es tan buen negocio, sino más una tradición que pretende conservarse como un archivo de cine de calidad.

Por la plata


Marcelo Bermúdez es encargado del videoclub, cibercafé y centro de impresión Digital Planet, ubicado dentro del centro comercial de Parque Posadas. Bermúdez es un hombre ocupado. Los múltiples servicios le han impedido mirar más de una película de las 2.500 que ofrece en los últimos cinco años.

Casi no necesita saber de cine. Con lo que escucha de sus clientes le alcanza para hacer las recomendaciones. Y, si no, está su computadora para asistirlo. En el mostrador tiene una pantalla en la que se puede explorar el escueto catálogo y encontrar la sinopsis de cada una de sus películas.
El video es un despacho. La gente viene, agarra la película y se va”, dijo Marcelo Bermúdez, encargado del videoclub Digital Planet. “Atrás de todo esto está el dinero; si no, uno se dedica a otra cosa”

Parque Posadas es un lugar singular: en unas pocas cuadras se pueden encontrar dos videoclubes. Solo Bermúdez, con su sistema de negocio combinado, logra tanto tránsito. “El video es un despacho. La gente viene, agarra la película y se va”, dijo Bermúdez, quien reconoció que se trata de un negocio: “Atrás de todo esto está el dinero; si no, uno se dedica a otra cosa”.

Una de las técnicas de supervivencia de estos negocios es combinar el video con otra cosa. Un kiosco, un cíber (también herido de muerte) o una papelería.

Del trucho al smartphone


Los videoclubistas lo llaman competencia desleal, pero todos los conocen como truchos. Los puestos de venta de DVD copiados ilegalmente fueron los primeros en atacar al negocio del videoclub. Pero hoy la amenaza es otra.

La conexión a internet se expandió por el 74% de los hogares del país (ver Adiós al cíber) y esto abrió la puerta a que el intermediario vendedor de DVD truchos fuera innecesario. Ahora cualquiera puede encontrar cualquier título online. Incluso los smartphones, con sus pantallas diminutas logran canalizar algo del público.

El videoclub del expresidente de AVA, Roberto Laurino, cerró hace un tiempo tras 22 años de actividad y con más de 4.000 títulos acumulados. Para Laurino ya no se trata de que la gente piratee, dado que, en su opinión, las personas ya no tienen tiempo de mirar tantas películas como antes. La atención se la llevan las redes sociales e internet, apuntó.

Contracorriente


El abogado y presidente de la Asociación Antipiratería del Uruguay, Fernando Couto, cree que la situación puede revertirse. Hace más de un mes, la asociación presentó una denuncia contra el sitio web para ver películas pirateadas Cuevana. No es que se pretenda cerrarlo, sino que quieren bloquear el acceso al sitio desde Uruguay. Amparándose en las leyes que defienden la propiedad intelectual, la asociación empezaría con la parte visible del iceberg, para después destruir lo que queda debajo del agua.

“ANTEL tiene la tecnología para filtrar todo ese tipo de cosas”, indicó Laurino. Sin embargo, reconoció que, para los videoclubes, es una carrera que se comienza de atrás porque la mayoría ya cerró. El mayor poder lo tenían las empresas que distribuían las películas, pero no presionaron lo suficiente cuando era momento. “Se empiezan a preocupar cuando nosotros ya estamos muertos”, dijo a Cromo. Couto fue más fatalista: “Debe quedar un tercio de los videoclubes que teníamos y la mayoría desaparecerá antes de fin de año”.

Y, como todo indica que el futuro del video está en la web, cada vez hay más servicios online legales para ver películas. Netflix, por ejemplo, que tiene 62 millones de usuarios en 50 países, una cantidad que equivale a 20 veces la población de Uruguay.

Del barrio


Con una deuda de $?1.340 y la culpa del olvido, un cliente cruzó la puerta de Videolandia, un videoclub en el centro de Montevideo, para pagar por el DVD que había alquilado hacía más de 20 días. Ninguna tecnología ha podido seducirlo lo suficiente como para dejar la comodidad de la pantalla grande de su living y la cercanía del videoclub de la esquina. En total, Videolandia dice tener alrededor de 10 mil títulos. El encanto de ser el “videoclub del barrio”, el delivery y la amistad con los vecinos lo han mantenido vivo.

Puede ser tanto la cercanía como la habilidad para hacer negocios o el amor al cine lo que conserva a los videoclubes en pie, pero lo cierto es que internet dejó poco espacio para viejas costumbres. Como en Uruguay todo llega tarde y el mapa está reajustándose, habrá que ver quién responderá por la película de Bogart cuando Wikipedia no tenga la respuesta.




Adiós al cíber


Por María Orfila



Cerró el de Gaboto –hace dos semanas–, cerró el de Tacuarembó, cerró el de Vázquez, cerró el de Barbato y cerró el de 18 y Ejido. Sin mencionar los seis que estaban a menos de dos cuadras de .Net. “Encontrar un cíber en el Centro es complicado”, reconoció Gabriel, encargado del sobreviviente de Colonia y Yi. Queda otro detrás de plaza Cagancha y otro cerca de plaza Independencia. Lo mismo sucede en otros barrios, como ha pasado con los videoclubes.

Atrás quedó la estadística que circulaba en la prensa en 2008 que decía que había alrededor de 400 cibercafés en Montevideo. Eran otros tiempos. En ese entonces era el segundo lugar elegido para conectarse a internet, según el Perfil del Internauta Uruguayo. Hoy tan solo el 7% de los usuarios (171.500 personas mayores de 12 años) accede a la web desde estos locales.

Por ejemplo, en Cyber Bless, en Constituyente y Barrios Amorín, hay 27 máquinas disponibles, pero en el mejor de los casos se usan 15. “Es poca la gente que viene a pasar el tiempo”, dijo Oscar, su encargado. Antes de 2008 se ocupaban todas. Ahora, “el 80% (de los clientes) viene por impresiones”, explicó. Para resistir, Cyber Bless sumó papelería, insumos y kiosco. Su ventaja es la cercanía con la Facultad de Ciencias Sociales y varias oficinas públicas. Las llamadas internacionales se mantienen como accesorio, dado que, de vez en cuando, llega un extranjero preguntando por el servicio.

Ahora, el 74% de la población vive en hogares con acceso a internet. La penetración de notebooks es del 39% y las tabletas han saltado del 2% al 20% en los últimos dos años. En materia de tecnología, la fibra óptica alcanza al 37%, dejando atrás al ADSL; mientras que la penetración de routers crece de forma acelerada.

Pero para Oscar el principal enemigo ha sido el celular. Y tiene razón. El número de smartphones se ha multiplicado por siete en dos años: son 850 mil personas. Casi seis de cada 10 usuarios tiene internet en su dispositivo; esto es cuatro veces más que en 2010. ¿Para qué pagar $?25 la hora si se carga la web en el bolsillo? “A futuro… no sé cuánto uso le daremos al cíber”, expresó.


Un refugio


.Net, en cambio, sobrevive gracias a los juegos online. El local está abierto todo el día y dispone de un segundo piso de uso exclusivo para los jugadores. La facturación entre viernes, sábado y domingo alcanza los $?40 mil. “Es cierto que ha bajado mucho el precio de internet, pero para jugar se precisan buenos equipos. El jugador tendría que invertir US$?400 o US$?500 cada dos meses para actualizarse. Eso lo hace el cíber”, comentó a Cromo sobre el principal factor de adaptación a la nueva realidad.

La hora para jugar cuesta $?20; el precio de una máquina común es de $?25 y la cabina privada –por política no se interroga sobre su uso pero Gabriel indicó que hay clientes que pasan hasta cinco horas en su interior– cuesta $?30. Los jugadores más adictos pagan por adelantado hasta 72 horas y muchos solo abandonan el cíber cuando van al supermercado de la esquina.

“Muchos clientes adquieren la cuponera y duermen acá porque es más barato que una pensión”, relató. Y agregó: “Yo llego a las 8 de la mañana y los despierto”. El pase libre de 16 horas cuesta $?250. Para ellos, hoy el cibercafé cumple una función impensada hace 15 años cuando se mataba el tiempo en el desaparecido MSN.

400 cibercafés
estaban abiertos en Montevideo en 2008

7% de usuarios
accedió a internet desde los cibercafés en 2014

850 mil
personas tienen un smartphone; casi el 60% con conexión a internet








Claves




NETFLIX

Por US$?8 por mes ofrece un catálogo con series y películas a través de internet. Según los gustos del usuario, sus algoritmos pueden sugerir películas. En Latinoamérica tiene más de 5.000 títulos.

CUEVANA

Es un sitio web que contiene los últimos estrenos de cine pero de forma ilegal. Recientemente lanzó su aplicación Cuevana Storm, un programa para acceder a su catálogo de forma más fácil.

POPCORN TIME

Es la aplicación que llevó la piratería a otro nivel. Con descargar un programa el usuario puede acceder a cientos de películas sin publicidad engañosa, a través de la web, aunque su seguridad es dudosa.

HBO GO

Es el contraataque de HBO contra Netflix. Tiene todas las producciones del canal y en Uruguay se puede contratar a través de TCC, Direct TV, Cablevisión, Nuevo Siglo y Montecable.

CRACKLE

Es una alternativa legal para ver películas online gratis. Fue creada por Sony Pictures en 2007 y se puede usar desde diferentes dispositivos. Su biblioteca es menos extensa que la de Netflix.


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