¿Dónde están las huellas charrúas?

Los indígenas que dan nombre a la “garra” son parte de una historia inacabada, no solo por el silencio de documentos y restos arqueológicos, sino por la idea romántica que representan
Ya sea porque la historia es como un péndulo que vuelve sobre los mismos temas una y otra vez; o porque es un coletazo del Bicentenario que festejó el Río de la Plata durante 2011. O tal vez porque era parte de un “debe”. Lo cierto es que las librerías hacen lugar a los títulos uruguayos que refieren a los indígenas que habitaron estas tierras justo antes de que se convirtieran en el Nuevo Mundo. Que, dicho sea de paso, se festeja este mes.

Haya o no un “resurgir” de la temática indígena en las bibiliotecas, en poco tiempo conviven el libro del historiador y docente Diego Bracco, Indígenas del Uruguay (Banda Oriental); el del sociólogo y antropólogo Fernando Klein, Nuestro pasado indígena (Ediciones B), y el del antropólogo e investigador Daniel Vidart, Uruguayos (Ediciones B), que dedica capítulos a los indios de este lugar.

Y aunque desde la escuela la palabra “charrúa” se cuela en la identidad de los uruguayos, la historia de estos indígenas no ha terminado de contarse. Pero, ¿por qué la “nación” charrúa, al decir de Bracco, continúa siendo un misterio, aun después de años de investigación? ¿Por qué en el imaginario colectivo uruguayo los charrúas cobraron protagonismo frente a tribus con mayor peso, como los guaraníes?

Baches históricos


Al parecer, los silencios que guarda la historia tienen varias razones, que se explican tanto a partir de lo racional como de lo emocional.

Así, las investigaciones de historiadores, antropólogos y arqueólogos señalan que los charrúas habitaron los actuales territorios de Entre Ríos y Corrientes, en Argentina, y el litorial uruguayo, sobre el río Uruguay. No obstante, no eran los indígenas predominantes en el resto del territorio oriental, habitado por tribus de guenoas-minuanos, pampas, chanaes y bohanes. Además, la ocupación charrúa fue más tardía.
Los charrúas dejaron una huella muy tenue, tanto física como espiritualmente, en los cuerpos y en las almas del publo oriental”, escribió el antropólogo Daniel Vidart en Uruguayos

De hecho, Bracco señala a los guenoas-minuanos como descendientes de los constructores de “cerritos de indios”, que también aparecen en los libros para estudiantes con un halo de misterio. Al respecto, Klein recoge en su libro los últimos datos que indican que, además de tumbas, los cerritos conformaban una especie de “mojón” para separar espacios políticos y sociales. Antes, se creía que eran montículos para resguardarse de las inundaciones.

A su vez, la línea de trabajo de Bracco en conjunto con el arqueólogo José María López Mazz rellena un hueco histórico donde los guenoas parecían haber desaparecido. Bracco llegó a la conclusión con que titula uno de los capítulos de su libro: era una “cuestión de nombres”. El autor explica que, mientras las descripciones escritas en sitios cercanos a la costa describen a chanaes, guaraníes y charrúas, las del interior mencionaban a otros indígenas, los guenoas-minuanos. Sin embargo, “los documentos permiten afirmar que las palabras guenoa (como les llamaban los jesuitas) y minuano eran usadas para designar a las mismas personas”, explica Bracco.

A pesar de las nuevas investigaciones, el pasado charrúa e indígena en general es misterioso. Aun para los expertos es difícil determinar qué huellas pertenecen a qué tribu, que habitaron estas tierras al mismo tiempo y que, se cree, terminaron por fusionarse. Tampoco se conoce mucho sobre el aspecto religioso y sus lenguas, que ya nadie habla, a excepción de la guaraní.

La historia de los otros


Se ha dicho que la historia la escriben los vencedores. Y eso es más o menos lo que ha sucedido.

Para reconstruir el pasado, los investigadores dependen de los documentos de época y de quienes los escribieron. En este caso, existen textos de unos 500 años, pero solo desde 1670 abundan los “documentos de primera mano”: aquellos que no son literarios y que pueden ser crónicas de viajeros o un mensaje pidiendo yerba, ejemplificó Bracco. Y estas pruebas son más confiables, dijo el historiador.

Por otro lado, las descripciones escasean al principio de la época colonial, ya que los colonizadores se concentraban sobre la costa. En tiempos más avanzados de la colonia, los europeos y criollos comienzan a toparse con indígenas más al norte: no es que no existieran, solo que no se los cruzaban. Por otra parte, el historiador radicado en Sevilla señaló la difícil “bisagra entre lo histórico y lo arqueológico”, campo que no tiene la misma “fineza” en determinar años, por ejemplo.

Por su parte, Vidart cree que lo que hizo desaparecer a los charrúas fue el “ninguneo” impuesto luego de Salsipuedes, que la garra charrúa es un mito, como el que surge de “sentirnos huérfanos de la memoria de un ayer aborigen”. Para él, los charrúas dejaron una “huella muy tenue, tanto física como espiritualmente, en los cuerpos y en las almas del publo oriental”. Niega que haya charrúas aquí hoy. Bracco sabe que, culturalmente, eso es cierto. Pero, como señala al final de su historia, “somos quienes somos por lo que nos ha ocurrido”. Entonces, lo lógico es querer saber.

 


Evidencia


Un mapa publicado en el libro Indígenas del Uruguay de Diego Bracco muestra cómo en 1835 aún subsistía una toldería charrúa en el norte del territorio uruguayo, cuatro

años después del episodio de Salsipuedes. Se trata de un lugar geográfico concreto y promisorio para las investigaciones arqueológicas.

No obstante, el historiador Bracco explicó que, al ser un lugar que daba paso al río, con abundantes recursos y utilizado durante muchísimo tiempo, debe tenerse cuidado, ya que en este tipo de sitios “se encuentran distintas capas sutilmente mezcladas”. Por tanto, la tarea no es tan fácil como colorear un mapa y señalizarlo.


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