Divertirse como si fuera 1989

La nueva versión remasterizada del juego de "Patoaventuras", clásico dibujo animado emitido en Uruguay durante años, es una buena forma de vivir la nostalgia sin moverse de casa ni escuchar música rancia


Cada vez más es posible revivir los viejos tiempos con los videojuegos. Afortunadamente, muchas consolas han sabido adaptar los viejos clásicos y hasta por las dudas, muchos de nosotros nos hemos negado a regalar o tirar el viejo Family Game. Nostalgia es volver a sentir una vieja sensación, un viejo aroma, a engañarnos y recordar que todo pasado fue mejor. Y, por ejemplo, pensar lo lindo que era cuando nuestra mayor preocupación consistía en llegar a tiempo para ver los dibujitos animados del mediodía.

En esa línea, es muy difícil que los uruguayos que estamos alrededor de la treintena no recordemos el famoso programa Patoaventuras, historias de Disney de media hora de duración que tenían en el rol protagónico al entrañable y avaro millonario Rico McPato (Tío Rico, para algunos más grandes), a los tres sobrinos Hugo, Paco y Luis, y un extenso reparto entre los que se encontraban Pato Aparato, Joe McQuack, los Chicos Malos, el villano MacNate, Dofus y muchos otros. Pues bien, todos ellos regresan en nada menos que la PlayStation 3 (PS3).

Dado que la consola de Sony se está despidiendo –la producción de juegos para la flamante PlayStation 4 la opacará en breve–, es una especie de conexión nostálgica que la PS3 sea la casa de un verdadero clásico. Capcom, sin duda una leyenda de los videojuegos desde la época de gloria de Nintendo, acaba de presentar la remasterización de Duck Tales (nombre original y estadounidense de Patoaventuras).

El juego, que obviamente comienza con la música y letra de esa canción que cada uno estará escuchando en su cabeza mientras lee esta nota, es un clásico arcade al estilo de los viejos juegos de Nintendo que emulaban la fórmula de Mario Bros. El personaje Rico McPato comienza esquivando obstáculos y saltando para ganar premios y derrotar a los Chicos Malos, que una vez más entraron a su bóveda millonaria para llevarse su fortuna. Mientras tanto, deberá ir salvando, por ejemplo, a los sobrinos.

Los gráficos de la clásica versión de 8-bits no han sido excesivamente modificados, sino más bien retexturados para aprovechar las bondades de la PS3. Tampoco se altera la candidez típica de esta historia de Disney. Los personajes son los mismos que los de la tele, sin reinterpretaciones. Con imaginarse cómo se vería el viejo juego en una consola así de potente, alcanza y sobra. Por supuesto que, además, los personajes tienen mucho más movimiento y el sonido es espectacular.

El mayor fuerte del juego, que también tiene una versión para PC, es ese potencial adictivo que genera el ir saltando plataformas y castigando villanos, algo que venía con el título original y que no se pierde con la remasterización. Es decir, nadie necesitará de una guía, ni siquiera la Junior Woodchuck, para poder avanzar en el juego.

Una vez superada la primera pantalla, empieza lo bueno: los Chicos Malos en realidad están tras una cacería del tesoro dividida con premios en cinco lugares: la Amazonia, Transilvania, las minas africanas, la Luna y los montes Himalaya. Por allí aparecerán más personajes, como el “arreglatodo” Ciro Peraloca (o Giro Sintornillos) o los enanos que rodaban en Los grandes juegos subterráneos, uno de los capítulos más recordados de toda la saga.

También, por supuesto y al estilo de un clásico juego de plataformas de los años de 1980 y 1990, al final de cada pantalla esperan los “jefes” de cada uno de los mundos para la batalla final.

Como en aquellos años en los que había que racionar bien las vidas y los continue, las escenas de pelea final se hacen bastante complicadas, según lo que comentan las reseñas escritas por gente que no ha perdido ni un minuto en intentar “dar vuelta” al juego. ¿Cómo? ¿Esa expresión no se dice más? En el suplemento de hoy no importa: es 24 de agosto y nadie podrá negarme que este juego es también una buena forma de nostalgiar sin tener que salir de casa.

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