Detrás de todo buen juego hay una gran historia

Assassin’s Creed no es la excepción de esta máxima, así que mientras llegan los primeros adelantos de la última saga, repasamos cómo nació esta aventura de sicarios


Assassin’s Creed IV: Black Flag llegará a las consolas recién en octubre de este año y el mundo gamer ya vive una crisis de ansiedad. Las razones son varias. Por un lado, se trata de una de las franquicias más parejas y tradicionales de los juegos de acción. Por otro, la maquinaria de marketing no para de lanzar tráilers y adelantos prometedores. Y por si esto fuera poco, ya es casi un hecho que habrá una versión para cine que, se rumorea, tendrá como protagonista a Michael Fassbender.

Sin embargo, lo que pocos saben es que en realidad Assassin’s Creed nació como un hermano bastardo de otro juego legendario: Prince of Persia.

Historia de asesinos


La primera década del siglo XXI fue poco alentadora para la franquicia de Prince of Persia. Venía de duros fracasos (con una versión 3D incluida) y los derechos estaban por el piso. Aprovechando la ganga, la empresa de videojuegos Ubisoft compró los derechos y su diseñador estrella, Patrice Désilets, le dio aire fresco a la historia. El éxito fue instantáneo.

Como suele suceder, los ejecutivos de Ubisoft querían sacarle más jugo a este filón y le pidieron a Désilets que imaginara nuevos mundos para seguir la franquicia de Prince of Persia. Sin embargo, el diseñador comenzó a investigar y descubrió una historia que tenía todos los ingredientes para desarrollar un gran juego.

En el siglo XI se hizo famosa una secta chiita-ismaelita (los nizaríes), que era conocida como Hashshashin. En realidad se trataba de un mote despectivo creado por sus adversarios, ya que Hashshashin quiere decir “fumadores de hachís” (cáñamo de la India o marihuana dicho en criollo). Esta secta, fundada por Hassan-i Sabb?h, tenía su base en la fortaleza Alamut, en el norte de lo que hoy es Irán, y su fama se debía no tanto por las enseñanzas religiosas, sino por ser muy avezados en el arte de despanzurrar enemigos.

Lo que hacía especiales a los miembros de esta secta –aparte de la avidez por el humo– era su sagacidad y la extendida fama de sicarios implacables. La mayoría de sus asesinatos estaban dirigidos a enemigos políticos, los cuales solían morir en el momento menos pensado. Tal fue la fama homicida de los hashshashin que la Real Academia Española considera el origen de este término árabe (hašš?š?n) como el origen de la palabra “asesino”.

Désilets, el diseñador del juego, se hizo una panzada con toda esta historia y no tardó en darle vida a Altaïr Ibn-La’Ahad, el hashshashin que protagoniza la franquicia de Assassin’s Creed.

El origen con las consolas


Otra cosa que hace especial a este juego es que nació en la generación de las consolas, por lo que desde el vamos tuvo garantizada una gran libertad de movimientos y calidad gráfica.

Las primeras tres entregas estuvieron ambientadas en Medio Oriente y en la Europa mediterránea. Sin embargo, de acuerdo a los adelantos, la cuarta entrega pega un gran salto geográfico y temporal, ubicando la acción en un Caribe infectado de bucaneros.

Por otra parte, la franquicia sigue atenta a los movimientos de la industria y la evolución de las consolas, por eso promete una instancia de juego más social, aunque no se molestaron en explicar qué quieren decir con eso.

Pese a que quedará poco de la historia original en Assassin’s Creed IV, hay gente que se sigue tomando muy en serio este juego. Por ejemplo, PETA, una ONG internacional que defiende a los animales, esta semana condenó el nuevo tráiler por glorificar la caza de ballenas.


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