Desnudos ante la fotografía digital

Columna de opinión del editor de fotografía de El Observador sobre el impacto del smartphone como nueva herramienta para incursionar y acercarse a la fotografía


Mi primer teléfono con una cámara decente fue un Nokia N86 de 8 megapíxeles que compré en 2008. Actualmente tengo un Samsung Galaxy SII también de 8 megapíxeles pero smartphone. Es mi primera cámara, la uso permanentemente y no solo pensando en un pasatiempo. Es una herramienta de uso profesional.

La revolución digital es maravillosa. En lo que incumbe a la fotografía, los cambios han sido solo comparables a la aparición de la cámara Kodak y de la consigna propagandística: “Usted tome las fotografías que nosotros haremos el resto”. Gracias a la cámara digital, el aficionado se desentendió del manejo de la técnica y comenzó a tomar imágenes y a verlas en el momento, despreocupándose de los misterios que solo manejaba el señor fotógrafo, aquel que nos hacía lucir impecables en los cumpleaños y que conocía sobre la combinación de diafragmas, lentes y sensibilidad de película, así como acerca de los secretos del cuarto oscuro.

Para los profesionales fue una sacudida gigantesca. Muchos buenos fotógrafos no pudieron adaptarse y permanecen hasta hoy aferrados a la película y a los químicos, un sistema condenado a quedar en breve como tema de historiadores. Para el resto, los que aceptamos desde el primer momento el cambio, el viaje tampoco ha sido fácil. Por primera vez desde la invención de la fotografía estamos desnudos, es decir, ya no podemos escudarnos más en el manejo de la técnica. Lo único que queda es nuestro ojo.

Además ahora tenemos internet como herramienta instantánea para mostrar nuestro trabajo, si es que alguien puede descubrirlo entre los millones de fotos intrascendentes, fatuas, sin valor alguno, disfrazadas con filtros de colores que conforman esa gigantesca nube de tormenta integrada por Facebook, Instagram, Google+ y todas las otras redes sociales. Una de cada mil de esas fotos se sostendrá en el tiempo, contando las rescatables y los “accidentes”, o sea, buenas fotos tomadas por única vez por alguien que no tiene idea de su real valor. Diarrea de imágenes, al decir del exeditor de la más importante agencia fotográfica del mundo, Magnum, Jimmy Fox.

De todos modos, las herramientas de las que disponemos hoy los profesionales son fabulosas. Y la fotografía digital en cámaras y celulares ha motivado y despertado vocaciones en personas que no hubieran podido pasar la montaña que implicaba la técnica. Ya veremos qué historias sobre esta revolución les contaremos a nuestros nietos. Tal vez sobreviva también alguna foto para mostrarles.

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