Del otro lado del mostrador

Daniel Bonora, predictor del tiempo de la Dirección Nacional de Meteorología, arremete contra el Estado, la prensa y algunas empresas privadas “oportunistas”


Daniel Bonora está instalado en el centro de un mecanismo muy ingrato. El meteorólogo es predictor del tiempo y es el técnico que está más alto en el escalafón de la Dirección Nacional de Meteorología, por lo cual le corresponde asumir la titularidad de la dirección del Pronóstico del Tiempo. De hecho, figura como director de esa repartición en la página web de la institución, pero no lo es.

“No soy el director porque entiendo que no están dadas las condiciones para que acepte el puesto”, dijo Bonora en entrevista con El Observador, y arriesgó una comparación futbolera: “Si agarro la dirección técnica de un equipo, lo hago para ser campeón, y a Meteorología no se le da el apoyo que necesita. No se puede jugar para ser campeón”.

Bonora explicó que “la capacidad de la gente está” pero que “falta coordinación de arriba a abajo” y que “no tenemos una base sólida institucional”. Y lo peor: “Se nos pide precisión del primer mundo con una tecnología de cuarta”.

El meteorólogo refiere dos herramientas básicas que faltan en la dirección: un radar meteorológico para hacer un seguimiento de las tormentas y un equipo receptor de imágenes satelitales. “Las bajamos por internet de los servicios de Brasil y Argentina, tanto las de radar como las satelitales”, se lamentó.
“La Dirección Nacional de Meteorología está abandonada. Esa es la verdad”, dijo Bonora

Una situación frecuente, según Bonora, es que cuando hay problemas es cuando más consultadas son esas imágenes, por lo cual el servidor se cuelga en los momentos en los que más se necesita.

Un radar, calcula Bonora, cuesta cerca de un millón y medio de dólares; un equipo receptor de imágenes satelitales, tal vez más.

Para colmo, algunas imprevisiones han ido agravando el problema: “En 1995 se compraron 20 estaciones automáticas para todo el país y después no hubo rubro para mantenimiento y se abandonaron. Hay, además, una gran escasez de información en la noche, por falta de recursos humanos”.

De todas maneras Bonora alerta: “Tampoco quiere decir que cuando venga el radar vamos a dejar de errarle al pronóstico. Un predictor vive con el error; es parte de su profesión. Pasa acá, en Chile, en Brasil y en Australia, por nombrar a algunos de los mejores de la región y del mundo”.

Complicaciones


Bonora afirma que además de los problemas reales que tiene la dirección, existen errores en el análisis de la situación. El meteorólogo se refirió al episodio de vientos fuertes del martes pasado, cuando se criticó la lentitud de la repartición pública para dar el alerta en Montevideo y Canelones, en tanto que la empresa brasileña Metsul había anticipado problemas para toda la costa uruguaya.

El predictor del tiempo es como el arquero de fútbol. Puede tener un montón de aciertos, pero tiene un error y eso lo marca



“Dar un pronóstico de vientos de 120 kilómetros por hora cuatro o cinco días antes es una irresponsabilidad. Se han dado advertencias y alertas de viento que han quedado en la nada, porque los modelos numéricos que permiten anticiparlo se van modificando en el transcurso de los días. ¿Qué pasa si nosotros largamos una advertencia de nivel rojo, tres o cuatro días antes? Nos la jugamos: ¡Rojo! Y después tenemos que dar marcha atrás y entonces las alarmas son poco fiables. Hay que ser muy cuidadoso”, ejemplificó.

“Hay veces que se puede hacer una predicción categórica dos días antes y hay veces que no. La Dirección Nacional de Meteorología es un organismo público. Nuestra responsabilidad es con la seguridad de las personas y el cuidado de los bienes materiales. No hacemos mercantilismo. No necesitamos salir y ser los primeros para tener algún cliente más, no estamos atrás de la primicia. El color rojo a las 3 y media de la mañana fue lo correcto. Argentina dio la alerta a las 5. El servicio de meteorología brasileño también da las alertas cuando hay un grado de seguridad suficiente. Es así como se debe trabajar”.

La entrevista con El Observador era el martes poco después de las 5 de la tarde, cuando la alerta roja ya había sido levantada. Al otro día, el diario El País tituló “Un nuevo ciclón con alerta tardía”. El Observador manejó el tema con un tono más sobrio, pero también señaló el “tardío anuncio” en su cobertura, junto a la palabra del predictor de turno de Meteorología.

Bonora señaló que el organismo oficial debe tener una relación fluida con los medios de comunicación, pero la realidad es que “los meteorólogos privados tienen mucho más llegada en los medios de prensa, sin lugar a dudas”.
¿Los demás son los cracks y nosotros somos unos burros? No es así. Lo que sí somos es más responsables

Indagado sobre cuáles cree que son las razones de ese divorcio de los medios con los funcionarios estatales, Bonora señaló que, en su opinión personal, “en este momento particular nosotros somos rehenes de situaciones de índole político. De alguna forma se nos utiliza, porque no dejamos de ser una institución del Estado uruguayo. Creo yo que se nos pasa factura también por ese lado, como una forma de criticar al gobierno”.

De todas maneras, Bonora insistió en que hay muchas cosas que son reales: “La Dirección Nacional de Meteorología está abandonada. No nos dan los elementos para desarrollar nuestra tarea como corresponde. Esa es la verdad, al fin y al cabo”.

Mitos y confianza


En cuanto a la competencia, Bonora aclara, en primer lugar, que los meteorólogos que se desempeñan en empresas privadas en Uruguay y que trabajan en los medios de comunicación, estudiaron en la misma escuela de meteorología que los de la dirección, que tienen el mismo título y que disponen de las mismas herramientas que ellos. “No sé qué es lo que los hace mejores, mucho menos falibles, de la noche a la mañana”, ironizó Bonora.

El meteorólogo señaló que el propio canal estatal uruguayo prefirió contratar a un meteorólogo privado, Núbel Cisneros, en vez de confiar en los técnicos de Meteorología.

Sobre los pronósticos a corto y largo plazo para todo el mundo que hacen empresas como Weather Channel, Bonora señaló que “se basan exclusivamente en modelos numéricos, sin la interpretación de un técnico. No hay discernimiento. Aciertan, pero aciertan menos. Es una lástima que no haya un control de efectividad, una base estadística sobre aciertos y errores. Así se acabaría una serie de mitos”, pronostica el meteorólogo.

 


Ventoso


“Esta profesión te da las satisfacciones más grandes, cuando das un pronóstico exacto. Cuando todo sucede tal cual lo predijiste. Los meteorólogos tenemos nuestro grado de maldad. Si nosotros pronosticamos vientos de 120 kilómetros la hora, queremos que haya vientos de 120 kilómetros la hora”.


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