De presa a depredador

Far Cry: Primal viaja hasta el tiempo en el que el hombre estaba al final de la cadena alimenticia
Far Cry: Primal habla a aquellos con ganas de conectarse con nuestros primeros ancestros. El juego habla al deseo de experimentar el mundo en un estado prístino, en el cual el ser humano no es más que un participante en el orden natural y no su maestro.

Primal abre con la charla y el ruido del presente y luego rápidamente vuelve al pasado usando clips de audio que conjuran nuestra impresión de diferentes siglos, hasta que el número en la pantalla se detiene en el año 10.000 A.C. ¿Qué mejor escape al ruido del presente que el pasado primordial?

El señor de las bestias

En la Europa Central, un chamán de piel oscura hace un fuego en una cueva. Prende una antorcha y proyecta la luz sobre las pinturas de la cueva a medida que nos cuenta la historia de la tribu Wenja que se separó de sus hermanos que se asentaron en las tierras fértiles de Oros.

El dialecto pseudo-proto-indo-europeo que se habla fue creado para el juego por los profesores Brenna Reinhart Byrd y Andrew Miles Byrd de la Universidad de Kentucky. Los desarrolladores fueron sabios al apostar que a su audiencia no le molestarían los subtítulos. La barrera del lenguaje afila el exotismo del juego, un aspecto intrínseco del ADN de la serie.

Luego de que el chamán cuenta sobre la tribu Wenja perdida, el juego muestra un grupo de miembros acechando una manada de mamuts lanudos; la escena es impactante y situada en un escenario plausible. El líder de los cazadores ordena esperar a que un mamut se quede por detrás de la manada, luego lidera la carga. Mirando a los mamuts en la niebla y a los compañeros de tribu posicionarse es cautivador.

Lo que el juego hace muy bien, particularmente en un pequeño número de misiones en las que se rastrea a un gran depredador, es ofrecer el simulador de caza más atractivo de todos los juegos de Far Cry.

La expedición de caza toma un giro catastrófico cuando un tigre dientes de sable salta a la palestra. El líder salva al personaje, pero no antes de sufrir una herida mortal. Es ahí cuando depende del personaje encontrar y reunir la tribu Wenja esparcida por la tierra de Oros.

A lo largo del juego se encontrará con otras dos tribus hostiles a los Wenja: los brutos caníbales Udam y la liderada por la matriarca Izila, que tienen la reputación de ser los amos del fuego. El destino del personaje es convertirse en el maestro de las bestias y romper los espíritus de las tribus enemigas. Si la idea de derribar a los enemigos con un mamut o mandar un tejón hacia el fuerte opuesto para hacer el trabajo sucio no despierta el interés del jugador, entonces el encanto del juego tampoco lo hará.

Matar para sobrevivir

La violencia espectacular de Primal es consistente en un mundo en el cual los animales son una de las mayores amenazas, así que no sorprende ver al avatar, por ejemplo, beber la sangre de una rata y luego ver espíritus. Debido a que el entorno es un espacio en blanco en nuestro imaginario colectivo es fácil tomar las libertades del juego con calma.

Cualquiera que haya jugado alguno de los juegos recientes de la serie –o cualquiera de los juegos de mundo abierto de Ubisoft– reconocerá los ritmos generales. Hay localizaciones para reclamar durante la colonización incremental de tierras, una serie increíble de coleccionables para encontrar y jefes con tanta salud que se vuelven aburridos de enfrentar.

La mayoría de las misiones pasan como un bólido en Far Cry: Primal: mucho matar esto o quemar lo otro. Pero más memorables son los pequeños detalles del juego, como el hombre en la aldea que pasa sus días ensayando uno de los cantos de los Wenja o las estructuras parecidas a templos que marcan la tierra y agradan a la vista con su tosco refinamiento.

Far Cry: Primal, para PC, Xbox One y PlayStation 4, no reconectará las expectativas de lo que un juego puede ser, pero tiene suficiente energía para distraer placenteramente durante la longitud de su recorrido.

Fuente: Christopher Byrd - The Washington Post

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