De la notebook a la tableta y de ahí al próximo dispositivo

Windows 8 será lanzado la semana que viene y podría ser el mayor cambio de este sistema en 30 años. ¿Es muy tarde para que Microsoft dé un golpe? Tal vez no


"La tableta es una extensión del smartphone” versus “la tableta es una extensión de la PC”. Estas visiones, opuestas hasta cierto punto, pero tal vez hasta complementarias, son las que alientan a dos de las tres grandes empreas de la computación y de internet de nuestros días.

De eso está convencido Eduardo Mangarelli, director de Tecnología de Microsoft para Latinoamérica; en realidad está convencido de que la segunda máxima es la correcta, y esgrime suficientes argumentos para que su convencimiento quede resonando en la mente de cualquier persona que sigue las aparentemente volubles tendencias tecnológicas de los últimos años.

Con el lanzamiento mundial de Windows 8, que se realizará el 26 de octubre, Microsoft comenzará a testear su hipótesis, que se enfrenta –pero tal vez termine complementándose– con la que Apple hizo tangible en los millones de iPad vendidos desde que lanzó la hasta ahora imbatible tableta, en 2010.

Para la empresa de Gates, lo que sucederá en una semana es mucho más que la presentación de una nueva versión de Windows, el sistema operativo que está en la inmensa mayoría de PC de todo el mundo y cuya última versión –Windows 7– está instalada en 500 millones de dispositivos conectados a internet. Es el gran cambio, importante tal vez como cuando en 1985 inauguró Windows 1.0, la primera, rudimentaria pero revolucionaria versión del sistema operativo que invadió el mundo.

Repasar la historia de Microsoft (que en buena partes es la historia de Windows) puede resultar un intricado ejercicio de memoria, a pesar de que no hay que remontarse más de tres décadas atrás. Intrincado porque este sistema se ha vuelto parte de nuestras vidas hasta el extremo de la intimidad; hasta el punto en que ya es difícil imaginar cómo se hacían algunas cosas antes de que Bill Gates y su socio Paul Allen se dieran cuenta de que, para que la computadora llegara a todas las casas, había que lograr que la gente común y corriente pudiera abrir, cerrar y manejar programas de una forma sencilla y casi sin que mediara pensamiento lógico.

Antes de Windows, las computadoras estaban en las universidades o en las grandes empresas, e incluso si llegaban a algún hogar, seguramente muy tecnológico, no se manejaban con un mouse. Antes de Windows 1.0, Microsoft había lanzado un sistema operativo que ahora denostamos como rudimentario, pero que entonces fue revolucionario: el viejo y querido MS-DOS permitió que la gente pudiera hacer acciones sencillas en una computadora, sin saber de computadoras.

Su sucesor, Windows, mejoró en usabilidad: incorporó el mouse (ratón), permitió a través de ventanas que se pudieran abrir varios programas al mismo tiempo sin necesidad de cerrar el anterior, inventó los menús y tantas otras cosas que ahora nos parecen corrientes y que entonces igualmente necesitaron de meses para que los desacostumbrados usuarios aprendieran a usarlos.

Dimensiones en pantallas


Entre ese Windows y el que ahora pretende cambiar profundamente la experiencia de uso de las PC, tabletas e híbridos varios que están surgiendo, pasó mucha agua bajo el puente e incontables innovaciones –algunas bienvenidas, otras no tanto– que ahora damos por sentadas, pero que en algún momento nos hicieron ahorrar minutos, esfuerzos y neuronas. Ahora, Windows 8 pretende acercar los mundos que en los últimos años han generado diversos aparatos: la experiencia de la PC, de la laptop y de la netbook, de las tabletas y de los smartphones.

El mundo de las pantallas múltiples en el que indefectiblemente vivimos. Más que mundos, estos aparatos han creado dimensiones que se sobre enciman, se retroalimentan, pero también se restan. El muy renovado sistema de Microsoft ofrece la opción de usarlo con el tacto (el famoso touch que hoy invade todo y que es casi intuitivo para los más chicos), con el mouse y con el teclado.

El razonamiento desde el que parte la compañía para generar un cambio tan grande en el tradicional Windows es, según Mangarelli, que hay que adaptarse al momento en el que vivimos: cada vez estamos más conectados y cada vez esperamos estar más conectados. Además, cada vez nos conectamos a través de más y más formatos de dispositivos. En un mundo ideal sería bueno que los fabricantes y desarrolladores dejaran de complicarnos la cabeza y lograran aunar criterios para usar, de la misma manera y con las mismas herramientas, la notebook, la tableta y el smartphone. En el mundo real usamos iOS en el iPad, Android en el teléfono, Windows en la PC y algunas variantes más.

Microsoft cree que hasta ahora los usuarios han usado las tabletas como una extensión de los smartphones –para chequear correo, navegar en internet, leer noticias– y no tanto de la notebook –para escribir, hacer planillas de Excel, presentaciones en Power Point, editar videos y tanto más–. Windows 8 intentará que la tableta y notebook, además del teléfono inteligente, se conviertan en extensiones naturales: todas podrán usar el mismo sistema operativo (Windows 8 y Windows 8 mobile).

El “gran cambio” tiene que ver, además, con la forma de operativa. Windows se suma oficialmente al mundo de las aplicaciones e incluso inaugura su tienda virtual de apps, Windows Store, al estilo de Apple y más tarde de Google (con Google Play). Algunos ya han dicho que es demasiado tarde para este cambio, pero la omnipresencia de Windows en todas sus versiones y su historia de éxitos al menos permite dudar de que lo sea. No hay que subestimar el poderío de un sistema operativo ya instalado en millones y millones de máquinas y que, tal vez, logrará que millones de personas entiendan por primera vez qué es una aplicación.

 


Claves del nuevo Windows 8


Interfaz touch o normal. El usuario puede elegir desplazarse en el nuevo Windows con la vieja interfaz (muy similar a la del último Windows, el 7) o con la nueva, que fue desarrollada para ser usada con el tacto, pero que también se adapta a los ratones y teclados.

Dispositivos. El Windows 8 podrá instalarse en PC y notebooks, pero también en tabletas (ya se están fabricando varias y se lanzarán el 26 de octubre o después). Los smartphones tendrán Windows 8 mobile.

Instalación. Todos los equipos que hoy funcionan con Windows 7 tienen las condiciones técnicas mínimas para que se instale su sucesor. Luego del 26 de octubre, los compradores de nuevos dispositivos los recibirán cargadas con el Windows 8.

Windows Store. A grandes rasgos funciona como la App Store o como Google Play, con algunas diferencias. Los usuarios podrán descargar versiones de pruebas de aplicaciones que requieren de pago, para luego decidir si comprarlas o no. En el caso de los desarrolladores, si venden hasta US$ 25.000 se les aplicará el sistema 70%-30% (el 30 se lo queda Microsoft). Si superan esta cifra de ventas el negocio quedará en 80%-20%.

Chiches. Por ejemplo, para iniciar sesión ya sea en la computadora o en la tableta, Windows 8 estrena un sistema de “gestos”: un determinado movimiento que el usuario define para que el dispositivo le permita entrar (una cruz, un círculo, cualquier tipo de forma que se pueda dibujar con el tacto o con el mouse).

Multitarea real. Cuando se lanzó el iPad, mucho se habló de la posibilidad de usar varias aplicaciones al mismo tiempo. Si bien en el iOS se pueden tener varias abiertas al mismo tiempo, indefectiblemente hay que ir de una a otra y no se pueden ver varias simultáneamente como lo permite Windows. La versión 8 permite tener varias aplicaciones abiertas al mismo tiempo y ver en la misma pantalla las que se decida.

Flash full. A diferencia de lo que se puede ver con otros sistemas para tabletas, el Windows 8 permite ver flash.


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