De la impresión digital al quirófano

Cirujanos del Hospital Maciel y de Tacuarembó emplean una innovadora técnica para reconstruir el cráneo de pacientes con traumatismo grave: colocar una prótesis biocompatible realizada en una impresora 3D



Cuando alguien sufre un traumatismo craneal grave, la cabeza cambia. No solo por el efecto del impacto, que suele quebrar el hueso o generar daños en el cerebro, sino porque en muchos casos los cirujanos deben cortar una parte del cráneo. Es que el cerebro se inflama y es necesario darle espacio para que se descomprima.

A pesar de salvar vidas, la llamada craneotomía descompresiva conlleva importantes secuelas posteriores a la cirugía, como acumulación de líquido y sangrado, entre otras. Implica además una consecuencia no menos importante, la estética, ya que la cabeza del paciente pierde su forma original.

A este problema responde la técnica que desde 2009 emplean cirujanos del Hospital Maciel y el Hospital de Tacuarembó. Se trata de devolver al cráneo la “tapa” removida, mediante una prótesis biocompatible que encaja a la perfección.
Además de devolver a la cabeza su forma original, la prótesis también protege al cerebro de “los traumas de la vida cotidiana”, explicó el doctor José Crestanello, quien dirige el área de cirugía bucomáxilofacial del Hospital Maciel

El procedimiento comienza sacando al paciente una tomografía computada, es decir, una foto tridimensional de su cabeza. Luego, la imagen se convierte en un formato capaz de ser leído por una impresora 3D. Esta máquina es la que finalmente imprime el prototipo.

“Un archivo en una computadora se convierte en algo físico”, resumió Sergio Oberlander, uno de los directores de la empresa uruguaya Robtec. Apoyada por Endeavour, esta ha sido la primera en introducir a América Latina la estereolitografía, la tecnología de impresión 3D de la que surge la prótesis.

Por último, la empresa importadora de insumos médicos, Raybeld, junto con la labor del odontólogo especialista en prótesis máxilo facial Javier De Lima, facilitan la creación de esta prótesis, de material resistente y de diseño único para cada paciente.

Ventajas


Además de devolver a la cabeza su forma original, la prótesis también protege al cerebro de “los traumas de la vida cotidiana”, explicó el doctor José Crestanello, quien dirige el área de cirugía bucomáxilofacial del Hospital Maciel. Actualmente, su equipo lleva a cabo las intervenciones, que hasta la fecha superan los 20 casos.

Volver a cubrir la parte del cráneo que falta es fundamental, en particular porque el cerebro no está preparado para soportar siquiera la presión atmosférica, añadió el doctor.

Por eso, durante el período de recuperación desde el traumatismo (un accidente de tránsito, en la mayoría de los casos), el paciente debe emplear un casco para sus tareas diarias, el cual previene de daños neurológicos.
 No hemos tenido ningún caso infeccioso”, aseguró el doctor Edgardo Spagnuolo, jefe de Neurocirugía del Maciel

Por otro lado, este tipo de prótesis no genera rechazo del propio cuerpo: “No hemos tenido ningún caso infeccioso”, aseguró el doctor Edgardo Spagnuolo, jefe de Neurocirugía del Maciel. Este fue señalado por ambos expertos como un gran beneficio, en comparación con las técnicas empleadas que coexisten con esta. Una de ellas consiste en congelar la parte del hueso que se saca, o guardarla en una suerte de “bolsillo subcutáneo abdominal”, contó Spagnuolo. En otras palabras, cuando el trozo de cráneo no es muy grande o no está quebrado, se mantiene en la panza del paciente, para luego volverlo a su lugar. No obstante, esta práctica tiene cerca de 40% de posibilidades de generar infecciones, por lo que el paciente suele ser reintervenido varias veces como consecuencia, comparó Spagnuolo.

Otra técnica con el mismo fin consiste en cubrir la parte del cráneo con acrílico durante la operación, pero es “imposible” lograr el mismo nivel de fidelidad que la prótesis, añadió el cirujano.

La solución


Por último, el gran mérito de haber adaptado esta técnica a Uruguay es la importante reducción de los costos: mientras en el resto del mundo ronda los US$ 30.000, en el país ahora puede realizarse por unos US$ 3.000, comparó Crestanello.

Por su parte, el director de Raybeld, Eduardo Grunberg, destacó el hecho de que la práctica parte de un “estudio clínico accesible”, como lo es la tomografía. No obstante, el verdadero problema es el de los accidentes de tránsito, la más común de las causas de traumatismo, dijeron los doctores. Y en ese sentido, la solución es todavía mucho más barata: solo hay que prevenir.

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