"Datos oscuros": el big data que conoce es solo la punta del iceberg

La información que generan las propias personas con sus celulares, las cajas registradoras, las impresoras y más

El gran dilema de muchas empresas, hoy por hoy, no es cómo almacenar la información, sino para qué. En algunos casos, la ausencia de un motivo que justificara ese esfuerzo se debe, paradójicamente, a la ausencia de cierta información invisible, que ayudaría a "cerrar el círculo".

Por ejemplo: una empresa cervecera puede estar interesada en saber cuántas personas entran en los bares donde se vende su producto (hoy no disponen de esa información porque comercializan a través de distribuidores, y además los propios bares suelen desconocer el dato). Otro ejemplo: una entidad financiera quiere conocer cómo se trabaja en una de sus oficinas, y analizar si el equipamiento que tiene está bien dimensionado.

Esos datos invisibles se conocen también como dark data, o datos oscuros. "Los datos críticos de una organización representan alrededor del 12% del total. Luego hay otro 23% de datos redundantes, obsoletos o simplemente triviales. El 65% restante son datos opacos a la compañía, bien porque simplemente los ignoran, o porque son caros o complejos de analizar. Y algo que no se puede usar es como si no existiera", defiende Nacho Lafuente, fundador y consejero delegado de Datumize.

"Los datos oscuros pronto alcanzarán la misma popularidad que el Big Data", afirma Lafuente.

Datumize es una empresa de software que emplea "técnicas similares a las del espionaje, aunque de un modo legal y transparente para nuestros clientes", apunta Lafuente.

Este exOracle fundó la compañía en 2014 de la mano de un primer cliente: Globalia. En la actualidad, tiene también entre sus clientes al turoperador Grupo Piñero, el distribuidor de automóviles Quadis, la cervecera Damm, los bolígrafos Bic o la entidad CaixaBank. En el primer trimestre de este año, la compañía cerró una ronda de financiación de 1 millón de euros liderada por Inveready y Caixa Capital Risc.

"No hacemos consultoría. Somos una compañía puramente tecnológica", apunta Lafuente. En concreto, ha desarrollado tres productos: el software propietario 'Datumize Data Collector' y basado en éste, 'Kosmos', para captar datos oscuros dentro del data center, y 'Observer', para captar la información que generan personas, máquinas y, en general, cualquier aparato que pueda proporcionar datos de valor.

Para recoger esa información, hasta ahora, las empresas tenían que sensorizarlo todo, lo que suponía un coste elevado. Datumize propone una alternativa: instalar la tecnología Intel IoT Gateway.

Los datos, si el cliente así lo quiere, se extraen y analizan in-house. Este ejercicio se puede realizar en tiempo real (menos de un segundo) o semi-tiempo real (alrededor de un minuto).

El equipo fundador y de producto de la start up está en Barcelona, y tiene además presencia en Dallas (EEUU) y Londres. En total, su plantilla la componen doce personas.

Del dato a la inteligencia

Volvamos al para qué de recopilar información. Un dato en sí mismo no significa nada, y su correlación automatizada puede dar lugar a conclusiones irrelevantes o patrones que contribuyan a confundir a los directivos de la empresa.

Por este motivo, Datumize ha llegado a un acuerdo con una consultora llamada SDG Group, que aporta el conocimiento de las industrias necesario para convertir los datos en "inteligencia".

SDG es una consultora internacional de origen español que cuenta con más de 500 consultores, fundamentalmente en España e Italia, y que factura unos 45 millones de euros en servicios.

"Para encontrar business cases de Big Data, en muchas ocasiones tenemos que recurrir a datos que antes no se tenían. Esos datos permitirán detectar problemas y agilizar su corrección, o aportarán una trazabilidad total de un producto, por ejemplo. En Dubai, estamos capturando datos sobre los trayectos de los taxis, para asegurar que toman la mejor ruta posible. Hablamos de datos que, hasta ahora, simplemente no se almacenaban", comenta Javier Urioste, consejero delegado de SDG.


Fuente: Expansión

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